DE
ESPAÑA A LA ARGENTINA
OSCAR
ARMANDO NIÑO
DEDICATORIA
A
todos los inmigrantes. A los que vinieron y a los que vendrán. A los
que cruzaron mares, cielos, desiertos y montañas. A los que la
desesperación los llevó a la terrible decisión de abandonar su
Patria, muchas veces para no regresar jamás.
SE
DICE DE MÍ...
Yo,
Carlos IV fuí el Rey de un vasto Imprio desde la muerte de mí
amadísimo padre acontecida en en el año 1778 de Nuestro Señor, y
hasta abril de 1808, en el que mi hijo, el Príncipe de Asturías
quién fuera conocido luego, como D. Fernando VII, amparado por una
turba e influenciado por, entre otros pillos, su tutor, me obligáse
a abdicar en su favor.
Mientras
que fuí el Rey de España y sus colonias americanas, mi poder era
Divino, pues emanaba del mismísimo Dios, al menos así fue desde
Recaredo I; y aprovechando lo poco que me queda de memoria por mi
vejez y por los dolores de mi exilio, permitanmé que les cuente lo
que a mi me contó mi padre Carlos III... Los primeros reyes
visigodos eran arrianos o sea que para ellos Cristo era una divinidad
menor que descendía del mismo Dios, además la bigamia estaba
consentida y la sucesión real era electiva, por lo que la cabeza de
un rey valía hasta tanto se encabronase algún general, el que según
su humor o lo hacía decapitar o lo hacía decalvar.
Poca
o nada era la influencia de la Santa Iglesia entre estos bárbaros
venidos del norte; pero si algo tiene la Iglesia es astucia y
paciencia, y tal como la serpiente convenció a Eva de hacer pecar a
Adán (lo que dicho sea de paso les costó el Paraíso Terrenal), el
obispo de Toledo se valió de una hermosa española amante de
Recaredo para que abandonase el arrianismo. Y así fue. El trato no
solo no les valió la pérdida del Edén sino que todas las partes
salieron favorecidas. La española consiguió que sus hijos fuesen
los únicos sucesores del trono, Recaredo y a partir de él todos los
reyes que lo sucedieron ostentaban un poder directamente emanado de
Dios.... y la Santa Iglesia con su dogma, modelar España a su
antojo.
Claro
esta que ese Poder Divino no fue gratis y muchas de las mejores
tierras de España pasaron a manos del clero.
Sobre
mi se han dicho muchas cosas que si bien no vienen al caso, citaré
algunas para que Ud. que me lee, tambien sepa que un rey tiene
enemigos.
Que
mi cabeza era tan pequeña que la disimulaban con una peluca, y que
mi cerebro era acorde al tamaño de mi caja craneana... que era un
inocente y para darle mas peso al argumento contaban una conversación
que mantuve con mi padre durante una tertulia en la que se hablaba de
la infidelidad de las mujeres. Yo no recuerdo haberlo dicho, pero
dicen que le dije a mi padre que... nosotros, los reyes no tendríamos
nunca ese problema ya que a nuestras mujeres les resultaría
imposible encontrar hombres de mayor categoría que la nuestra, a lo
que mi padre,Carlos III expresó... "Que tonto eres hijo mío,
que tonto, las reinas tambien pueden ser putas".
Heredé
de mi padre un reino sin grandes preocupaciones, hasta se llegó a
decir "que la corte de Carlos III era la mas aburrida de toda
Europa". También heredé por su consejo al ministro
Floridablanca que fue el autor de aquel "cordon sanitario"
que pretendía aislarnos de la Francia revolucionaria.
Todo
iba bien en mi reino, al menos a mi no me traían noticias de
insatisfacción por la carestía de la vida, por los abusos sobre los
campesinos ejercidos por los terratenientes, ni ninguna malavenida
situación.
Corría
el año 1789, politicólogos y filósofos panfletarios llenaron
primero la cabeza de los burgueses y luego la de la plebe con eso de
que no era cierto que el ejercicio del poder divino recaía sobre los
reyes y los primeros en comprobar la teoría liberal fueron mis
parientes borbones de Francia, los que bajo el lema de Liberte,
Igualite, Fraternite primero perdieron su dignidad real jurando una
constitucion republicana y cuatro años mas tarde, sus propias
cabezas que terminaron adornando sendos cestos de mimbre ante el
regocijo del pueblo.
La
política de Floridablanca no me convenció, lo reemplacé por Aranda
y a este por D. Manuel Godoy.
Tuvimos
que declararle la guerra a Francia porque temía que el mal ejemplo
cundiese por mi reino y que mi cabeza tambien rodase o mi cuerpo
pendiese de una soga que es un método mas nuestro.
No
sé,... ahora que hablo desde el exilio que me impuso mi
desagradecido hijo, quien además de exiliarme en Francia me tiene
húerfano de noticias de mi patria.
Ahhh...
mi España, mi España de los viejos tiempos... algún trovador
andaluz le cantará en un futuro... Mater España, de barba
peregrina, que falta a misa de doce, que no conoce rutina... masona,
judía, cristiana, pagana y moruna.... Mater España, mas guapa que
ninguna.
No
puedo evitar sino un gesto de amargura al recordar a mi hijo el
Principe de Asturías D. Fernando y usurpador de mi trono. Tendría
que haber escuchado yo el consejo que me dieron un día al regresar
de una de mis típicas cacerías, D. María Luisa y D. Manuel Godoy.
Recuerdo
bien ese día porque llegué particularmente excitado y con muchos
deseos de entregarme a los brazos de mi reina; entré presuroso a sus
aposentos y allí la encontré en una charla con Manolito y casi al
unísono me informaron sobre una conspiración que tramaba mi hijo en
mi contra. Una vez que hube desbaratado el complot, D. Fernando
llorando imploró mi perdón a cambio de darme el nombre de los
conjurados a los que hice ajusticiar inmediatamente y a él le
concedí mi indulgencia olvidando aquel lamentable episódio sin
siquiera sospechar yo que luego organzaría lo de Aranjuez, pero
eso... si aún estan aquí, se los contaré luego.
Recuerdo
como si fuese ayer lo contento que posaba en familia para que Goya
con su pincel virtuoso nos retratase. Se que despúes el mismísimo
Goya dijo que aquel retrato reflejaba mas que a una familia real, a
un nido de víboras... pero... ¿que se puede esperar de un pintor
que retoca sus obras según el momento político?
Mi
muy fiel y leal Manolito... todavía tengo vívido el recuerdo de
nuestro primer encuentro. Lucía tan sobrio, tan elegante con ese
uniforme... esa reverencia ante sus majestades... no puedo decir mas
que conmovedora. Ya D. María Luisa me había comentado sobre las
virtudes de este hidalgo guardia de corps asignado a la Corte y debo
decirlo...en D. Manuel Godoy no solo encontré a un fiel servidor
sino también a un amigo.
Que
hubiera sido de España sin este Príncipe de la Paz que alejo de
nuestros horizontes la amenaza francesa al firmar el Tratado de
Basilea. Nuestras defensas sucumbieron ante Francia luego de casi
tres años de infructuosa lucha en la que no recuperamos el Rosellón,
perdimos nuestra posesión sobre la isla americana de La Española,
las finanzas del reino quedaron en un estado de quiebra y las tropas
republicanas se acantonaron en Gerona y desde allí amenazaban con
tomar Bilbao, Pamplona y Guipúzcoa. Pero en fín, gracias al Tratado
de San Idelfonso, la guerra había concluído para nosotros, claro
que debímos aliarnos a Francia y comprometer nuestra mutua ayuda
bélica...¡¿pero quién osaría declararle la guerra a esta nuestra
nueva alianza?!
No
quiero agobiarlos con mi relato... por otro lado muchos echos ya no
los registro con claridad, pero viene a mi memoria ahora Trafalgar.
Ay
Trafalgar... Trafalgar. Seguramente en Cádiz muchos habrán dicho
que firmamos la paz con Francia para que esta nos envuelva en una
guerra con Inglaterra y en este punto debo reconocer a la luz de los
hechos que nosotros, los españoles no llevamos la peor parte.
¿Porque digo esto?, muy simple mientras que el Santísima Trinidad
se hundía en la profundidad del mar una oscura noche del 21 de
octubre .... Napoleón mostraba su poderío en Austria y dos meses
mas tarde en Austerlitz.
Inglaterrra
tiene una plaza que se llama Trafalgar Square con una hermosa estatua
del almirante Nelson, y nosotros los españoles debemos conformarnos
con algún triunfillo pasajero de lo que llamamos la Batalla del 21.
Claro...
otra hubiera sido la historia si el almirante Villenueve no hubiera
sido tan necio en su afán de borrar su mala imagen ante Napoleón
por el desastre que le ocasiono en la batalla del cabo de
Finisterre, y no se hubiera empeñado primero en salir a a pelear a
mar abierto cuando los almirantes españoles le aconsejaban lo
contrario y despues realizar una maniobra que nos puso a merced de
los ingleses.
De
no haber sido por eso nosotros pasearíamos por Trafalgar Square en
Madrid admirando la estatua de Churruca y los "casacones"
se referirían a la batalla como la del 21.
Los
liberales... que tanto daño le han echo a España, dicen que
perdimos porque yo le debía sueldos atrasados a la oficialidad...que
no les envíamos vituallas desde Madrid... que la leva reclutó gente
sin experiencia ni voluntad, pero eso no era cierto, y de todos modos
si hubiese sido así, el amor que el pueblo tenía por su Rey y por
su Patria hubiera vencido esas contingencias.
Perdimos
por culpa de la necedad de Villenueve y sanseacabó.
Era
evidente que Napoleón se había transformado en el amo de la Europa
Continental, y trás su fallido intento de invasión a las Islas
Británicas, decidió llevar a cabo un embargo comercial a nivel
continental, el que solo fue violado por el Reino de Portugal aliado
de Gran Bretaña.
Así
fue que el Emperador decidió la invasión a Portugal. Para ello
necesitaba que yo, como Rey de España autorizase el paso de las
tropas francesas hacia Portugal.
Acordamos
esto en el Tratado de Fontaineblue, el que, en mi representación
refrendó Manolito. Por dicho tratado la zona norte de Portugal sería
entregado a Carlos Luis de Parma en compensación de los territorios
italianos entregados a Napoleón. La zona central sería reservada
para algún acuerdo con Inglaterra, y la sur sería concedida a
Manuel Godoy y su familia para que instalase allí el Principado de
los Algarves.
Las
tropas mas operativas de nuestro ejército invadieron por el norte y
por el sur al reino portugués, mientras que las francesas tomaron
Lisboa, y recuerdo el día. Fué un 30 de Noviembre de 1807, un día
antes, la familia real portuguesa se embarcó rumbo al Brasil y fijó
allí su corte hasta el año 1821.
¿Como
iba yo a sospechar que Napoleón traicionaría el tratado y que sus
verdaderas intenciones eran invadirnos?
San
Sebastían, Pamplona, Burgos, Salamanca estaban siendo ocupadas. Las
comunicaciones con Portugal y con Madrid... cortadas.
Esta
situación de "amistosa invasión" preocupó muchísimo
Manolito, así que dispuso en marzo de 1808 que la familia real se
trasladase a Aranjuez con el propósito de acercarnos a Sevilla y de
allí a Cadiz y si la situación empeoraba, embarcarnos rumbo a
alguna de nuestras colonias americanas.
Dicen
que el pueblo al enterarse de esta noticia provocó el Motín de
Aranjuez... pero eso no fué así...no señores... no fué así.
Otra
vez el Principe de Asturias, mi amadísimo hijo D. Fernando que junto
a unos nobles que odiaban a Manolito y cierto sector del clero
afectado por las desamortizaciones, organizaron una revuelta con
gente pagada para que golpeasen y apresasen a Godoy y me obligaran a
adbicar en nombre de mi hijo.
Debía
salvar la vida ante la chusma, por lo que no tuve opción de
entregarle el trono al ahora conocido como Fernando VII. Debo decir,
en honor a la verdad, que él intercedió para que no matasen a mi
leal servidor y válido.
Y
si Napoleón tenía alguna duda sobre la debilidad e ineficiencia de
la Corona Española, pués bien...yo me encargué de disiparsela al
enviarle una nota donde le decía que me ponía en los brazos de un
gran monarca, aliado suyo. Allí él decidió la invasión a España.
Lo
que vino después Uds. ya lo conocen.... la parodia de la abdicación
de Bayona por la que resultó ser Rey de España el hermano de
Napoleón, José que reino como Jose Bonaparte I, la prisión de la
familia real (Godoy incluido para regocijo de D. María Luisa con
quién tan bien se entendía).
El
ingenio popular español no tardó en encontrarle un apodo a su nuevo
Rey y lo llamó Pepe Botella aunque no me consta de que José
Bonaparte bebiese.
Estoy
ya muy cansado y lo que viene es mejor que se los cuente otro...
EL
NOMBRE SAGRADO
Lánguidos,
monótonos, sin la nostalgia de mejores días pasados, sin la
esperanza de mejores épocas futuras transcurrían los días de ese
año 1790 en que, en Horcajo de las Torres - provincia de Ávila -
pegué mi primer berrido. Así describía mi madre los tiempos de mi
llegada a este mundo.
Mi
madre era una mujer que si bien nunca tuvo, o al menos nunca me lo
manifestó, aspiraciones de una mejor vida, su sufrimiento por la
dura vida de Castilla había minado ya sus deseos de vivir y solo
encontraba el consuelo en sus oraciones y súplicas al santo que más
veneraba, San Gerónimo noble Doctor de la Iglesia cuyo nombre
significa el nombre sagrado, y en su honor así me bautizaron.
De
mi padre, Francisco Niño, recuerdo algunas largas jornadas en la que
solía yo acompañarlo en las agobiantes tareas rurales y maldecir al
rey, a las desamortizaciones de Godoy, a los franceses a Dios y a la
Santísima Virgen (estos dos últimos, claro está, siempre lejos de
mi madre).
Yo
no entendía bien porque siempre estaba tan enojado, ni porque
maldecía a personas que ni conocía.... porque el no conoció ni a
Carlos IV, ni a Godoy, y a los franceses no los llegó a padecer
puesto que murió unos meses antes de que sentaran sus reales por las
tierras castellanas.
Pero
al que más maldiciones de todo calibre hecho siempre, fue a D.
Joaquín Garcia Soler y a este pillo de siete suelas le achacaba
directamente la responsabilidad de los padecimientos y estrecheches
de nuestra existencia.
Mi
abuelo, al igual que mi padre, y seguramente mi bisabuelo trabajaron
en estas tierras cuando estas pertenecían a no se que congregación
religiosa. Durante esos años la renta por el uso de esas tierras no
significaban el hambre de nuestra familia ni de ninguna otra,
supongo, que allí trabajase.
Con
el tiempo esto cambió (yo lo comprendí cuando emepecé a usar mi
razón para algo mas que inventar algún juego o pillería de niño).
Resulta que los gastos de la Corona, el mantenimiento de su Corte,
las locas aventuras bélicas en las que nos envolvía el rey, tenían
un costo muy alto y de alguna forma había pués que pagarlas. Y a
este tal Godoy no se le ocurrió mejor idea que vender las tierras,
que en nuestro caso pertenecían a la Iglesia, a este tal D. Joaquín
Garcia Soler - un noble de dudosa procedencia- que nos llevó la
renta a valores impagables.
Los
campos producían muy poco, apenas para la subsistencia familiar, las
cosas estaban cada vez mas caras y este D. Joaquín que nos dejaba
sin aire.
Creo
que por eso murió mi padre. Y tal vez haya sido una suerte para el
desdichado porque no llegó a ver cuando los franceses requisaban
aldeas enteras buscando aprovisionamiento para sus tropas y
cometiendo todo tipo de tropelías incluso hasta las mas bajas.
Una
mañana en la que aún el sol no había asomado por Castilla y el
silencio del amanecer era roto por el cacareo de algún gallo
madrugador, tomé mis pertenencias que se reducían a una camisa
vieja y un par de zapatos rotos que habian pertenecido a mi padre y
una navaja de puro acero toledano que había sido herencia de mi
abuelo.
Mi
madre, entre lágrimas que no podía ocultar me dijo - No olvideís
nunca tu apellido hijo mío. Vé con Dios, y que San Gerónimo te
proteja-
Por
aquellos años muchos desdichados como yo, empujados por el hambre y
la desesperación se dedicaron al pillaje y los bandidos y
salteadores de caminos pululaban y estragaban los caminos de toda
España.
En
mi camino hacia el norte y sin destino fijo, me detuve a orillas del
río Duero a tomar un descanso. Me recosté a la sombra de un
frondoso y añejo árbol y tendido sobre la verde hierba me dormí
profundamente hasta que unos gritos de júbilo y alegría me
sobresaltaron. Era un grupo de siete ú ocho hombres y dos niños que
apenas despegaban un escaso metro del suelo.
Cuando
de golpe se toparon conmigo hicieron un silencio largo y grave,
luego, uno de ellos, el que parecía mandar al grupo me interrogó,
otro, con aspecto de gitano hurgaba mis pertenecias. Afortunadamente
la navaja de acero toledana estaba a buen resguardo en mi faja y no
llamó la atención de nadie, por lo demás consideraron que no tenía
sentido despojar a un pobre diablo que solo tenía una camisa vieja.
Cuando
se tranquilizaron se sentaron a mi lado y sacaron una bota de vino,
un poco de queso y algo de pan que compartieron generosamente conmigo
como si fueramos hermanos en desgracia.
Y
vaya si lo éramos. Fueron nuestros antepasados lejanos los que
probaron el filo de las cimitarras moras, los que cruzaron el mar
desconocido y enfrentando padecimientos indecibles permitieronlé al
rey Carlos I vanagloriarse de que en su imperio nunca se ocultaba el
sol.
Fue
con el esfuerzo de nuestros antepasados que se conquistó el Sacro
Imperio, fue nuestra sangre la que regó los campos de Flandes, con
nuestros cuerpos se abonó el fondo de los mares en tanta
batallas.... solo basta repasar la historia para ver cuán injusta
resultó la Corona con quienes no tenían nada más que lo puesto.
La
noche había caído a orillas del Duero, yo sentado allí entre este
grupo de forajidos no me sentía tan incómodo, y debo confesarles
que luego que pasaran algunas botas de aquel jerez que sabía a miel,
ya evaluaba firmemente la posibilidad de pedirles que me dejasen
unirme a ellos, pero en ese mismo momento recordé las palabras de mi
madre - Nunca olvideís tu apellido- y a juicio de verdad nunca
escuché alguna mención de que algún portador de mi apellido
hubiese sido un bandido. Y no sería yo la excepción.
A
la luz de aquella fogata, y tal vez por el alcohol, esos hombres no
me parecieron tan crueles ni tan inhumanos, y los relatos que me
contaron y a los que me referiré, confirmaron ese parecer mio.
Juan
Bautista, así dijo llamarse aquel que presumí fuese un gitano y
para mi satisfacción mi presunción resultó ser cierta, no había
conocido ni madre ni padre. Habíase criado entre la faldas de una
maja de mala reputación allá en el barrio de Sacramonte, lugar ese
del que nunca yo había escuchado nada hasta aquella noche. Entré un
castellano deficiente y un dialécto que luego me explicó que se
llamaba caló y que solo lo hablaban los gitanos como él, me contó
su historia.
-
Mi bata era quelararí y muy bella, pero aquel chorré no se
contentaba con solo mirarla, y como ella se negó, el muy taimado le
pegó....y entonces... mi monró, yo no aguanté y lo marelé con
esta navaja. Antes que pudiera yo sacar la navaja de aquel gallardó
garlochín, él chinel con sus ayudantes ya estaban ahí. Y desde ese
chivé vago por los caminos y no tengo miedo ni de los gabiné, ni de
nadie mientras que me acompañe mi trabuco y la Virgen de las
Angustias
El
"Curro Herrera" no siempre fué un bandido.... y así contó
cuando se refirió a su historia.
-
Tuve mujer e hijos... ellos, mis hijos, murieron cuando la peste
amarilla en Andalucía - y luego de un silencio agregó- Y ella...
murió de tisteza... ansina fué que quedé solo y como mis
desgracias no eran las suficientes, la leva me llevó a Cádiz. Allí
los días pasaban sin ningún interés para mi.
Y
yo, al igual que todo Cádiz esperabamos, aunque por motivos
diferentes, el gran combate naval. Muchos decían que ese iba a ser
un espectáculo que iluminaría la bahía y que se vería desde la
costa. Por mi parte yo lo esperaba ansioso deseando que una descarga
de metralla, una bala de cañon o el sable de un "casacón"
me uniesé otra vez, y en un mundo mejor
,
con mi amada familia. Pero ni esa suerte tuve. Recuerdo que me
embarcaron en el Santísima Trinidad, un mágnifico buque de guerra
que parecía indestructible, pero la mayoría de la tripulación, al
igual que yo, era la primera vez que ponía los pies en un barco... y
nada menos que en un barco de guerra. Pero ibamos confiados en que si
la suerte nos resultaba adversa e iriamos de morir, sería bajo el
mando de dos valientes D. Francisco de Uriarte y de D. Baltasar
Hidalgo de Cisneros. Como verás mi nuevo amigo - dijo refiriendosé
a mi- Ni en aquella oportunidad la muerte se apiadó de mí y hoy
estoy aquí contandonte esto.
Y
luego de un largo silencio nos fuimos poco a poco entregandonós cada
uno de nosotros a nuestros pensamientos hasta que ellos se
transformaron en sueño.
Al
día siguiente repartieron, incluyendomé, lo poco que había quedado
de pan y queso y con esta frase nos despedimos: "las desdichas
empujan a los hombres al camino, a algunos los guía el diablo y a
otros los conduce Dios"
Luego
de largas jornadas de marcha en las que casi siempre encontraba algún
compañero circunstancial, un camino ancho que discurría por una
extensa llanura me depositó en las puertas mismas de Valladolid... y
exclamé - Valladolid, pueblo que supo ser corte, Valladolid, morada
de Colón y de Cervantes.... ahhh Valladolid... ¿adonde quedó tu
destino de grandeza?. y en estas cavilaciones me encontraba cuando de
pronto me ví yo a las puertas de aquella ciudad que pudo haber sido
y no fue.
Busqué
un lugar en el que a cambio de algún trabajo que pudiera yo
realizar, me hospedasen por algún tiempo.
D.
Antonio "no sé cuanto" porque si me dijo su apellido no lo
pude recordar, era un hombre alto, mas bien flaco de pobladas cejas
que disimulaban una mirada melancólica y una nariz aguileña que no
desentonaba en aquel rostro. Apiadandosé de mi, me dió una escoba
para que barriese el mesón cuyo nombre tampoco recuerdo, y me dijo
con voz grave - me barres todo el mesón, luego recojes las jarras de
las mesas, los platos y los lavas - y agregó- con mucho cuidado, sin
romper nada. Habiendo realizado yo aquella tarea que me recomendará
mi nuevo patrón, puso a mi disposición un plato de un exquisito y
suculento guiso y un vaso de vino. Recuerdo que D. Antonio se sentó
frente a mi y me observaba sin decir nada, hasta que de pronto me
dijo - Tu me recuerdas a mi niño - yo le pregunté donde estaba él
ahora, y aquel buen hombre me contestó con voz muy baja.... - está
muerto, lo mataron los franceses- y sin decir más - agregó -
termina tu sopa y puedes hecharte en el granero que hay detrás de la
taberna.
Esa
noche dormí profundamente sobre aquel mullido colchón de paja, por
la mañana siguiente cuando desperté, dos ojos me miraban fijamente
y con curiosidad, era una lechuza que había elegido aquel granero
para pasar el invierno que ya se estaba despidiendo.
Cierto
día entraron a la fonda de mi patrón dos hombres que se sentaron
apartados del resto y hablaban en voz tan baja que creo que ni entre
ellos se escucharían. Sin poder contener mi curiosidad le pregunté
a D. Antonio quienes eran aquellos, y en voz baja, casi como un
susurro me dijo - Esos son hombres del Empecinado-
Juan
Martín Diez "el empecinado" era un jefe guerrillero que
combatía a las tropas regulares del ejército francés, que por
estos años ya se calculaban en 65000. El grueso del ejército
español se encontraba en Portugal, mientras que la "invasión
amistosa" de Napoleón estaba asolando España.
Resulta
que este "empecinado" había empezado su carrera dando
muerte a un soldado francés que había abusado de una moza de su
pueblo, me contaron luego que había estado en la campaña del
Rosellón y que, tiempo mas tarde con sus irregulares, asedíaba
constantemente a los franceses. Justamente, el hijo de D. Antonio
había muerto en una de esas acciones en las que acompañaba a Juan
Martinez Diez, y allí comprendí porque aquel buen hombre ni
siquiera quebró su voz cuando evocó la muerte de su hijo, pués
había muerto como un valiente... defendiendo su amada Patria.
Pero
llegó el día en que hube de partir y seguí mi camino hacia el
norte.
De
aquellas largas jornadas hasta que llegué a Villoviado, no tengo
nada que decir puesto que nada pasó que haya llamado mi atención.
Solo recuerdo la morriña que me invadía al verme tan lejos de mi
madre y de los hermanos que dejé en Horcajo de las Torres, debo
agregar también a esta evocación nostalgiosa, los enojos de mi
padre que por fín comenzaban a cobrar sentido para mí.
Villoviado
se cruzó en mi camino hacia ninguna parte o yo me crucé por el
suyo... no lo sé. De pronto me ví tumbado a la sombra de un inmenso
moral que hacía las veces de centinela de una modesta iglesia, y
bajo su reparadora sombra me dormí hasta que unas campanadas que
llamaban a misa me sobresaltaron.
Unos
cuantos fieles que supongo sería todo el pueblo pués aquel no
parecía tener mucho más que quince casas, acudían al llamado del
sonoro repiqueteo de una campana. Decidí entonces sumarme a aquel
grupo.
La
iglesia, tal como ya apunté antes, era muy sencilla. Su retablo
mayor decorado con una imagen de San Vitores, santo a quien habían
consagrado aquella casa de Dios, la completaban dos retablos menores
, uno dedicado a la Virgen del Rosario y el otro al Santo Cristo.
Jerónimo
Merino "el cura Merino" comenzó su sermón hablando sobre
la Patria y el Rey y sobre el peligro que corrían ambos tras la
invasión napoleónica... y que los soldados franceses no eran más
que una sarta de truhanes que se robaban lo poco que nos quedaba y
que no conforme con ello deshonraban a nuestra niñas.... y que....
No
alcanzó a terminar la frase cuando una partida de soldados, que
despúes supimos, eran polacos -mandados por un francés- al
servicio del ejército imperial, irrumpieron violentamente la misa y
al grito de --¡Morts aux Pretres!, destrozaron el atril, golpearon
y desnudaron al pobre cura.
Luego
incursionaron por algunos corrales y precarias viviendas en las que
robaron algo de trigo, un par de ovejas, unas gallinas y unas mulas.
El
padre Merino - rojo de indignación- calzose nuevamente su vieja y
raída sotana y dijo en voz muy baja -Algo hay que hacer.
Y
sí señor que hizo, y yo lo ayude.
Esa
misma noche el "cura Merino" - apelativo con el que pasó a
la historia- organizo una partida en la que me alisté, y
sorprendimos a aquel reducido grupo de soldados y los matamos a
todos.
Todos
los días viejos, jovenes e incluso niños se sumaban a las filas de
este jefe guerrillero y llegó a sumar mas de 2000 hombres que lo
seguíamos ciega y obedientemente.
Por
mi parte lo acompañé en Tordómar, en el asalto del Palacio Ducal,
en Dueñas donde emboscamos 1500 franceses de los que solo se
salvaron 200. Estuve a su lado en Almazán y en tantas otras
correrías que ya no recuerdo.
Hubo
un día que ansioso por ver otra vez a mi madre y a mis hermanos,
decidí abandonar al "cura Merino" y despidiendome de él
empecé a desandar el camino andado para regresar a Horcajo de las
Torres.
Durante
el viaje de regreso pensé mucho sobre porque no me alisté con los
hombres del "Empecinado" y si lo hice con los de Merino.
Jerónimo
Merino Cob - que como tal había sido bautizado- no era un hombre
violento, era un religioso devoto y ferviente monarquico, pero dentro
de él bullía el volcán ese que hace que un hombre se rebele ante
la injusticia. El representaba a mi madre por lo devoto y a mi padre
por su rebeldía, y ese fue el motivo por el cual serví a su lado.
De
regreso a mi rincón de Castilla, me encuentro de rodillas frente a
una cruz que señala el lugar en el que mi madre por fin encontró su
descanso eterno. De mis hermanos solo sé por algún vecino que
fueron fusilados en Madrid por los franceses... tal vez Goya los
inmortalice alguna vez.
Por
mi parte, siento frío, dolor y soledad... pero la vida debe
continuar y ya encontraré yo una mujer que me dé retoños que
renueven el árbol de la esperanza.
YO,
EL DESEADO
A
la familia real nos unen lazos de sangre... que las ambiciones
cortesanas se encargan de desatar.
Mi
padre, el rey Carlos IV nunca mostró una real inclinación por los
asuntos del estado; mi madre, la reina María Luisa y el válido
Godoy eran los que ejercían el gobierno y no escatimaron esfuerzos
para granjearse el odio de muchos nobles, clérigos, generales,
cortesanos y otros peticionantes cuyos reclamos aguardaban in eternum
su curso. Estos conformaron lo que dió por conocerse el partido
"fernandino".
Recuerdo
aún el proceso de El Escorial. Creyendo Godoy que arrancandomé una
confesión de culpabilidad, ¿taparía los años de despojos por él
cometidos?. ¿Creía que desacreditandomé frente a los míos sería
el sucesor de la corona de España?... Pués no sanguijuela infame,
muy a tu pesar mi figura creció como lo pudistes comprobar en
Aranjuez.
Dirán
que el motivo de aquella cita espontánea que colmo las calles de
Aranjuez entre los días del 17 al 19 de marzo de aquel ya lejano año
1808, y a la que concurrieron labriegos manchegos, toledanos,
andrajosos de los andurriales madrileños y tanto otro variopinto del
bajo pueblo español, fue para impedir que Godoy enviase los reyes a
alguna de sus colonias americanas para así ocupar el trono de España
con la complicidad de Napoleón... es posible que ese haya sido un
motivo, pero la verdadera razón era tanto para nosotros, los
"fernandinos", como para ellos, el pueblo, destituir al
Principe de la Paz. Godoy nos había robado a todos. Por ello es que
las consignas que más se vociferaron en esa jornada fue la de
¡¡¡Viva el Principe de Asturias!!!... ¡¡¡Viva el Príncipe
Fernando!!!.... ¡¡¡Muera ese tunante ladrón de Godoy!!!
La
turba, envalentonada por la impunidad que otorgaba aquel momento,
saqueó el palacio del Príncipe de la Paz. Las fogatas dieron cuenta
del lujo obsceno del que se rodeaba el minstro del rey y portador de
otros tantos títulos nobiliarios que de seguro lo llevarían a ser
el sucesor de Carlos IV.
Yo
no lo volví a ver hasta Bayona, pero eso sucedió después. Sé
porque me lo informaron que en un principio no pudo ser hallado, pero
que 36 hs. después, el valiente Godoy, muerto de hambre, de sed y de
miedo, salió del escondite que le proporcionaba un desván y se
entregó a los guardias que custodiaban su morada, quienes, con gran
esfuerzo para preservar su vida lo escoltaron ante miles de puños
que se alzaban amenazantes, sin poder evitar, claro está, que
algunos dieran en la humanidad del pobre Godoy.
El
Ministro, en su caída arrastró a mi padre quién se vió obligado
en abdicar en favor de su amadísimo hijo, o sea yo que me convertí
así en Fernando VII Rey de España.
Y
si alguién duda de que esto haya sucedido así, no tiene nada más
que leer la abdicación de mi padre.
..."Como
los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo
el grave peso del gobierno de mi reino, y que me sea preciso para
reparar mi salud gozar en clima más templado de la tranquilidad de
mi vida privada, he determinado, después de la más seria
deliberación, abdicar mi corona a mi heredero mi muy caro hijo el
Principe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que sea
reconocido y obedecido como Rey y Señor material de todos mis reinos
y dominios, y para que este, mi real decreto de libre y espontánea
abdicación tenga su exacto y debido cumplimiento, lo comunicareís
al Consejo y demás a quienes corresponda"...
Los
hechos que acontecieron entre el 19 de marzo de 1808 y el 2 de mayo
de aquel año fueron vertiginosos. Por mi parte yo me referiré a los
que me tocó vivir en forma personal.
Debía
arreglar mi partida desde el palacio de Aranjuez a Madrid donde el
pueblo recibiría a su rey.
Un
día antes de que yo llegara, lo hizo el general Murat con las tropas
francesas en representación de su cuñado el mismísimo Emperador
Napoleón Bonaparte.
El
día 23 de abril el pueblo madrileño recibió con muestras de
regocijo y amistad a los franceses en la suposición de que ellos
estaban allí para garantizar mi corona.
El
día 24, montado en un corcel blanco y con mi guardia de honor
atravesé la puerta de Atocha. Dudo de que ni antes ni después,
algún soberano español haya recibido semejante bienvenida. Júbilo,
algarabía, balcones de los que colgaban guirnaldas, banderas,
flores, multitudes abigarradas acompañaban mi paso hasta el palacio
real.
¡¡¡Viva
Fernando VII!!!....¡¡¡Viva el Rey de España!!!
El
entusiasmo y la expectativa que había causado en mi pueblo me
conmovió profundamente.
Sin
embargo la prometida presencia de Napoleón en Madrid para que diera
el apoyo efectivo a mi reinado no se produjo nunca, y eso me producía
cierto temor.
Se
me comunicó que el día 10 de abril por fín tendría yo mi
entrevista con Napoleón pero que sería en Burgos. Delegué los
asuntos del estado en la Junta Superior de Gobierno que presidía mi
tío el infante D. Antonio mientras tanto durase mi auscencia y
escoltado por una tropa francesa nos dirigimos a nuestro destino. Al
llegar a aquella hermosa ciudad se me dijo que el Emperador me vería
en Vitoria. Como supondrán uds., mi ánimo fue menguando mientras
que mi temor iba en ascenso.... estaba cada vez mas lejos de Madrid y
más cerca de Francia.
Tampoco
tuve suerte en Vitoria y mi próximo destino sería Bayona donde
aguardé la llegada del Emperador.
Mientras
tanto en Madrid Murat presionaba a la Junta Suprema de Gobierno para
que liberase a Godoy y lo enviase a Bayona. Así mismo le comunicaba
a D. Antonio que Napoleón solo reconocería como rey a Carlos IV y
que publicaría una proclama diciendo que la abdicación a favor de
su hijo había sido forzada. Y como si esto fuese poco argumento,
Murat les leyó una carta de Carlos IV dirigida a Bonaparte en la que
le decía que ..."se ponía en los brazos de su amigo y
aliado"...
En
cuanto a mí, me ofreció el Reino de Etruria y el matrimonio con una
princesa de la casa imperial a cambio de mi reino.
En
Bayona caímos en cuenta mi padre y yo del teatro que había armado
Napoleón. Mi trono pasaba a mi padre y de mi padre al hermano del
Emperador...y así España tenía un nuevo... rey Jose I
Mientras
tanto en Madrid, en Burgos, en Toledo, en Pamplona y en muchas otras
ciudades crecía un sentimiento adverso hacia los franceses que mas
que un ejército de paso a Portugal se habían transformado ya en
tropas de ocupación.
En
Madrid el general Murat hacía una gran ostentación de su poderío y
si algo faltaba para que el pueblo madrileño estallase fue la
decisión de trasladar a Francia al resto de la Familia Real ....
¡¡¡Que al infante no se lo llevan!!! dicen que gritaba la gente, y
aunque al infante D. Francisco de Paula - candidato posible al trono
de España - se lo terminaron llevando, la Revolución había
estallado.
Años
díficiles los que vinieron, raros... impregnados de nuevas ideas,
por un lado muchos españoles veían con buenos ojos a este nuevo rey
que traía las ideas liberales de la revolución francesa, y a los
que llamamos los "afrancesados".... por otro la Santa
Madre Iglesia que veía peligrar las cómodas posiciones y
privilegios que había logrado acuñar en España desde los reyes
visigodos que utilizaba sus más de 20000 púlpitos para exacerbar el
patriotismo... y nosotros, la familia real por otro peleando por la
sucesión del trono.
Si
señores...tuvimos una guerra de la independencia y dentro de ella
una guerra civil... porque así somos los españoles.
CÁNDIDO
Y AGUEDA
Un
día, ya ilegible sobre un papel amarillo, del año 1838, dice que en
Tarazona de Guareña nació una criatura al que llamaron Cándido,
hijo de Gerónimo Niño y de Manuela Rodriguez.
Era
mi padre - cuando ya tuve yo conciencia de su existencia- un hombre
al que los pesares de una vida sin fortuna ni alegrías habían
tallado en él un carácter parco, taciturno y muy callado.
No
fué por su boca, sino por la de la de don Antonio Torres - pariente
lejano de mi madre - quién me contó la historia que ahora les
referiré.
-
Tus tíos, hermanos de tu padre -
-¿Cuales
de ellos? - pregunté-porque sabía que mi abuela había parido al
menos ocho hijos.
-
Sixto y Eugenio - respondió un poco molesto por haber interrumpido
su relato.
-
Sixto y Eugenio pocos días después de que tu padre se fuera hacia
Villoviado, decidieron ellos hacer lo mismo pero rumbo a Madrid, y
como dos eran poco para una aventura me convencieron para que fuera
con ellos. Malos tiempos aquellos hijo mío... malos tiempos... los
campos áridos no daban siquiera para el sustento diario, las rentas
que nos despojaban de nuestra última gota de sangre... el jornal de
sol a sol no alcanzaba para nada... en fín, ¿que más daba?. Así
fue que me les uní.
Tu
abuelo no decía nada y tu abuela lloraba y entre sollozos decía
-San Fernando, protégelos, San Fernando ellos son buenos hijos,
protégelos-
Aquel
dos de mayo Madrid amaneció bajo un cielo rojo como presagiando lo
que luego ocurriría.
Una
cureña que cargaba una metralla disparó contra una multitud que
respondía a una voz que gritaba ¡¡¡vasallos a las armas que se lo
llevan!!!
Nosotros
corrímos y nos metímos en el Parque de Artillería Monteleón allá
en el barrio de las Maravillas donde un centenar se había
acuartelado y dirigidos por un par de militares, uno llamado Luis
Daoiz y otro un tal Pedro Velarde, ofrecían tenaz resistencia al
ataque de los mamelucos.
Creo
que fue Daoiz el que nos gritó... - ¡¡¡Un español caído no es
más que un fusil que pasa a manos de otro español!!! - así que de
pronto nos vimos tus tíos y yo tirandolé a los franceses ... -
¡¡¡Que viva España!!! gritabamos cada vez que dabamos sobre la
humanidad de aquellos invasores, y te aseguro que gritamos eso muchas
veces.
Cuando
hubo de acabarse las balas, arrojabamos piedras y cuando ya no hubo
más piedras buenos fueron los palos para golpear aquellas cabezas
engalonadas con morriones de piel.
Al
final la resistencia cedió y fuímos capturados. No habíamos
quedado más de 15 o 20 y entre nosotros una mujer que al ser
arrestada tenía en sus manos una tijera. Luego supe que se llamaba
Manuela Malasaña y que era la costurera del barrio de las
Maravillas.
Nos
ataron codo con codo y nos llevaron a La Moncloa. Ya teníamos la
certeza de cual sería nuestro final porque, aunque la rebelión
había sido totalmente sofocada, se empezaron a escuchar seguidillas
de disparos aislados y eso no podría indicar mas que una
cosa....había comenzado la represalia.
Nos
agruparon de a 5 y nos pusieron contra un paredón. En el primer
grupo iban los hermanos de tu padre.
No
tenían miedo, eso te lo puedo asegurar yo.
Un
manchón rojo apareció de repente en el pecho de Sixto, su camisa
blanca me pareció mas blanca aún. Lo ví caer de rodillas, sus
brazos extendidos parecían querer llegar al cielo. A su lado yacía
boca abajo Eugenio, su boca abierta como queriendo gritar su último
¡¡¡Viva España!!!.
En
el segundo grupo, el capitan Luis Daoiz, y Pedro Velarde que cayeron
contra el paredón y despaciosamente se fueron deslizando hacia el
piso manchado de sangre. La bala destinada a Manuela le destrozó la
cabeza pero antes se le escuchó gritar...¡¡¡Mueran los
franceses!!!
-
¿Y ud. don Antonio?, - Yo hijo mío tuve suerte pués la bala me dió
en un brazo y me dieron por muerto.
Agueda
Baquero, salvo por el hecho de haber nacido en el seno de una familia
rica en pobrezas, mucho se parecía en belleza y virtudes a la Santa
Agueda de Catania. Componían su familia, su Madre D. Ana, mujer
gruesa y mandona, su abuela por parte de su madre D. Antonia, una
viejecilla ciega que se pasaba el día entero rezando, su padre un
jornalero de una peseta diaria y sus hermanos que - según dicen las
malas lenguas- expulsados por el hambre y la desesperación habían
formado una banda de salteadores de caminos que por aquellos años
asolaron Castilla. Su madre les prohibío que regresasen a Horcajo
pero ellos prometieron que algún día regresarían a sacarlas de
aquella miserable vida.
Al
respecto, y por el honor de la familia, será justo contar que los
verdaderos motivos por los que se fueron, que no fueron precisamente
la sed de aventuras, ni porque quisieran abandonar a su padre
menguando así el ingreso familiar.
Eso
lo veremos más adelante si es que el lector decidé dedicarle unos
minutos más a este relato.
El
hogar que Agueda compartía con su familia no era más que una choza
construida por una mezcla de barro y paja de trigo llamada bálago.
En su interior, sobre unos tirantes apoyados sobre el piso de tierra
reposaban unos camastros que a su vez servían de asientos. El
decorado de aquel hogar humilde lo constituía una repisa en la que
descansaba una imagén de la Virgen María y sobre la pared un afiche
de Rafael Molina "Lagartijo" del que su padre era admirador
y a todos les contaba que lo había visto en un duelo con Salvador
Sanchez Povedano"Frascuelo". Una única puerta en dirección
opuesta a los vientos dominantes de Castilla era la única
comunicación con el exterior.
Y
así eran, por lo general todas las viviendas de aquel pequeño
pueblo.
Padres
Nuestros, Aves Marías y demás rezos parecían acercarla cada vez
más a Dios y a los Santos que a los hombres. Pero Cándido Niño se
parecía a un santo y tan devota se hizo Agueda que le regaló nueve
angelitos. Pero eso... eso ocurrió después.
Tal
como la describió la pluma que ha escrito estos renglones, Agueda
era bellísima y virtuosa. Y si no perdió su honor y tal vez parte
de su humanidad tal como le sucedió a la virgen de Catania fue por
la aparición prodigiosa de uno de sus hermanos que, ni en estos días
actuales, ni menos en los pasados, se supo cual fué.
Remigio
Larrea era un solterón de mas o menos unos cincuenta años, "
un honesto hombre de negocios" como le gustaba mencionarse a sí
mismo.
Decir
que era feo era un halago. Su nariz grande resaltaba como un hocico
de cerdo por debajo de esos dos pequeños ojos, su barba rala y
desprolija intentaba ocultar una cara picada por la viruela.
Por
su profesión de único comerciante y acreedor permanente de la
mayoría de los campesinos de Tarazona, suponían que sería un
hombre muy rico y seguramente que lo era no solo por su actividad de
usurero, sino también una vida de miserias y privaciones que suelen
imponerse los aváros.
La
vida, desde que comenzamos este relato no había variado para los
pobres campesinos, ni para los pequeños propietarios ni para los
jornaleros.
A
las desamortizaciones de Godoy siguieron la José Bonaparte, estas
además agravadas con las confiscaciones necesarias para el
avituallamiento de las tropas francesas instaladas en España, luego
vinieron la de las Cortes de Cadiz para financiar la guerras de la
independencia, las del trienio liberal (1820-1823) que incluyeron las
propiedades de la Inquisición que cotizando al 15% de su valor
nominal permitió que los ricos capitalistas las adquiriesen para
arrendarlas luego a un valor muy superior y despojando a los
labradores que no cumpliesen puntualmente.
Vinieron
luego las Mendizabal (1836-1837) que afectaron las propiedades del
clero regular y que fueron adquiridas por las oligarquías
adineradas. Siguieron las de Espartero en 1841 y las de Madoz
(1854-1856).
En
definitiva las desamortizaciones liberales constituían un abuso y un
expolio gravísimo sobre la población rural y de los campesinos que
dependían de ellos condenando a millones a la emigración y a la
proletización de ciudades. Es decir que las desamortizaciones
significó la destrucción del sistema de vida de millones de
personas.
Pero
volvamos a Agueda Baquero. Su padre, como ya lo había dicho y si no
fué así, lo diré ahora, era un jornalero que trabajaba la mitad de
los días del año, por lo que, él como otros igual a él, se veía
obligado a incorporaban a toda la familia en los trabajos rurales.
Ese
día de julio, el grupo familiar, menos Agueda que se había quedado
recogiendo leña cerca de la humilde vivienda, se encontraba ocupado
en la siega del trigo.
Momento
que aprovechó el ruín y ladino Remigio Larrea para saciar sus bajos
instintos, pero Dios, o la Santa de Catania, o solo la suerte jugó
del lado de Agueda.
Alertado
por los gritos de terror que de su boca salían ante aquel ataque
infame, apareciosé uno de sus hermanos - nunca se supo si fue José,
Miguel o Idelfonso - que abalanzadosé sobre el agresor de su hermana
lo degolló con un solo golpe de hoz.
Han
de imaginarse los que lean este relato, lo que supondría en la
España de 1850 tal acto que sobre una persona con dinero cometía un
jornalero que nada poseía.
Así
fué que los tres hermanos se vieron obligados a abandonar la familia
y el terruño y llevar a partir de alli, una vida de fugitivos.
Pero
volvamos a Cándido y Agueda.
De
ella ya hemos hablado, de él diremos que era un mozo bien parecido,
de ondulados cabellos rubios y ojos claros, y a pesar de que no le
deben de haber faltado motivos para ser malo, su mirada era serena y
su sonrisa transmitía inocencia y seguramente de eso fue lo que
enamoró a Agueda.
Un
20 de agosto, de un año que no se pudo precisar, aquellos tórtolos,
con la Virgen de la Horcajuela como única testigo, se juraron amor
eterno y de ese juramento nacieron Andrea, que solamente vivió un
año, Julián, Benigno, Elisa, Melitón, Domingo, Ramón, Idelfonso y
Ponciano, y serán, alguno de ellos los encargados de continuar con
este relato.
POR
DIOS, POR LA PATRIA Y EL REY
Yo,
Julián, el mayor de los varones de Cándido y Agueda, ya mozo de 18
o 19 años, disfrutaba feriados y fiestas de guardar escuchando ricas
historias que contaban los parroquianos en el mesón "D. Carlos"
tal como rezaba el cartel clavado en el frente sobre la puerta de
madera flanqueada por dos ventanas tapadas por sendos lienzos viejos
que hacían las veces de cortina, en su interior, tres mesas con un
número inconstante de sillas según el humor de la clientela, un
mostrador de madera mellado a fuerza de tantos cortes, sobre el, una
bordalesa y unos vasos y sobre la pared detrás del mostrador, a
manera de decorado un cuadro del D. Carlos María Isidoro - hermano
de Fernando VII- y una boina roja.
Don
Juan, como lo conocía todo el pueblo se acomodaba siempre en el
mismo lugar, contra la pared lateral, un brazo apoyado sobre el
mostrador y el otro sobre la mesa en la que siempre había un vaso de
un vino que parecía absorber los rayos del sol que entraban por la
ventana cuando la cortina estaba recogida.
Este
personaje infaltable esperaba que se juntasen tres o cuatro clientes
y al grito de "Por Dios, la patria y el rey" comenzaba su
relato y esto decía...
-D.
Fernando VII, fue siempre un villano... miren que eso de derogar la
Pragmática al borde de la muerte, recuperarse y derogar lo que antes
había derogado para volver a morirse... eso, sres. no es de buen
rey... y vean uds. las consecuencias que le trajo, y que seguramente
le seguiran trayendo a España por muchos años...quizás muchos más
de los que podamos vivir nosotros- haciendo un silencio para ver la
atención que captaba sobre el resto de la concurrencia- continuaba.
Y yo,... yo lo escuchaba con atención.
-
Y esa reina, D. María Cristina, cuidando los intereses de la única
hija de D. Fernando... esa, la que despúes se coronó como Isabel
II,... y el pobre D. Carlos que tendría que haber sido rey y no lo
fue... y la guerra era inevitable.
A
esta altura del relato, Don Juan le pedía a patrón del mesón otro
vaso de vino y que le fuera preparando un cocido madrileño.
Y
continuaba asi
-Por
un lado esos liberales que todavía soñaban con la constitución de
Cadiz, y ahora apoyando a Isabel, por el otro nosotros, los pequeños
propietarios empobrecidos, los artesano arruinados, los monarquícos
verdaderos- decía D. Juan con aire de suficiencia- y con nosotros la
Iglesia, esos siempre han estado con la monarquía - agregaba-
Y
frunciendo el seño decía- ¿que tanta igualdad jurídica?, ¿que es
eso de querer separar a la Santa Madre Iglesia del estado?, no me
vengan con eso de que hay que abolir los fueros tradicionales- y si
quedaba alguna duda sobre el conocimiento del tema lo remataba con lo
de los apoyos.
-Fijesé
mocito - decía dirigiendosé a mí- ¿Quienes son los que apoyan a
los liberales de Isabel?, ¿no lo sabe?, pués quienes van a ser sino
esos paises que han dejado de creer en el poder que Dios Todopoderoso
le ha otorgado a los reyes para que nos guíen con su sabiduría, hay
los tiene, Inglaterra, la Francia, Portugal... liberales.
En
cambio a Don Carlos María Isidoro lo apoyan Austria, Rusia, Prusia,
¿y que son esos imperios sino los imperios de Dios?
Ya
un tanto enardecido por su discurso -irrefutable para los que lo
escuchabamos- casi gritando decía....Mueran malditos liberales, por
su culpa España se mata entre hermanos, y lo que es peor así
seguiremos por mucho tiempo....tanto que ninguno de nosotros podrá
ver el final de la guerras carlistas.
La
noche iba ganando su espacio, los últimos parroquianos se despedían
y don Juan sentado en la misma posición de la mañana musitaba...
Pobre España mía.
CARTAS
A MI MADRE
Amadísima
madre:
Hace
quince días ya que hemos arribado al "florón de la Corona",
tal como la describió el el Capitán General del puerto de A Coruña
con motivo de la despedida de las tropas del Regimiento de Castilla
n°16, del que con orgullo, formo parte.
Debo
contarte que el acto de despedida fué muy emotivo y contó con una
gran concurrencia. La gente más pobre, como la nuestra abrazaba en
un abrazo interminable a los reclutas, madres, padres, hermanos,
novias y esposas parecían despedir a los combatientes tal vez con la
firme presunción de que no los volverían a ver nunca más. Los más
ricos se mostraban felices y nos saludaban alegremente, y seguramente
que su alegría y felicidad no era por nosotros sino por sus hijos a
los cuales les compraron la excepción por 2000 pesetas. A mi lado
había un mozo, que calculo tendría la edad de mi hermano Domingo,
unos 28 años, que gritaba desaforadamente en contra de una mujer muy
elegante no pudiendo contener mi curiosidad le pregunté a que se
debía eso, ¿y sabés madre que me contestó? - Estoy aquí, camino
a la muerte por culpa de esa mujer que me delató por desertor y así
exceptuar a su hijo- como verás madre, la perfídia a ganado el
corazón de algunos españoles.
Luego
de 20 días terribles de navegación en los que dormimos mal y
comimos peor, avistamos las costas de Cuba. Su mar es increíblemente
azul pero para nuestro pesar es lo único hermoso que puedo decirte
de esta isla antillana.
Muchos
nos preguntamos porque estamos aquí. Algunos, sobretodo los
catalanes dicen que estamos acá para defender las pertenencias de
los capitalistas y esclavistas españoles que son los mismos que nos
han mandado a este infierno.
Otros
dicen que esta es una guerra sin sentido y que terminaremos
entregandolé Cuba a los "tocineros" como le dicen a los
estadounidenses... en fín, como sea, yo quiero creer que estamos
defendiendo a la patria.
Madre,
tén fe que volveré pronto y sano y cubierto de honores.
Abraza
fuerte a mi padre y a mis hermanos, y para tí todo el amor de tu
hijo
Melitón
Santiago
de Cuba, Abril de 1886
Diario
El Norte de Castilla 02 de marzo de 1895
"Hoy
no peligra afortunadamente, ni puede peligrar la integridad del
territorio nacional. Nadie que no este loco piensa que el
filibusterismo triunfe. Pero peligra la dignidad de España, que no
es compatible conque la cosas continúen como hasta hoy. Es necesario
acabar de una vez envíando barcos si barcos son precisos, hombres si
hombres son precisos, cuanto contribuir puede a hacer que se respete
la bandera española en todo el territorio cubano."
Diario
El Norte de Castilla 03 de marzo de 1895
"No
puede menos verse con sorpresa, aún siendo esto en España cosa
tenida por natural, el gran número de militares que voluntariamente
se ofrecían para combatir a los enemigos del orden y de los supremos
intereses de la patria en la manigua cubana, sin cuidarse ni un ápice
de las tremendas amenazas de aquel clima, ni de las penalidades
consiguientes a toda lucha."
Mi
muy amada madre:
Nuestra
instrucción militar consistió en reunirnos en rebañitos y por
turno en los que nos enseñaban las voces de mando, los toques de
corneta, el mecanismo del fusil mauser, que incluso era totalmente
desconocido para los quintos, cabos y sargentos, la manera de cargar
y descargar, apuntar y hacer fuego procurando que cada uno de
nosotros hicieramos un par de disparos para considerarnos ya
fogueados.
Los combatientes cubanos, entre los que hay españoles, arrasan y
queman los tupidos cañaverales y los ingenios azucareros, y reciben
apoyo de la población rural, por lo que nuestro Capitán General D.
Valeriano Weyler decretó la reconcentración de estos en reservas
vigiladas y nuestra tarea es ahora requisar el campo y trasladar a la
gente a esos campos de concentración.
Entre
ellos hay muchos negros y mulatos, pero tambien blancos y por su
condición me hacen recordar en mucho a nosotros, los pobres
asalariados rurales de Castilla.
Todos
los días recorremos al menos 10 horas subiendo y bajando empinadas
lomas, muchas marchas las hemos realizado bajo lluvias torrenciales y
otras bajo un sol ardiente... los insectos y la humedad siempre nos
acompañan, día y noche. Luego de esas largas jornadas volvemos a
nuestro campamento y compartimos un mendrugo de pan y un arroz que
sazonamos con nuestras lágrimas pués sino no tendría gusto a nada.
Luego de tan frugal comida nos hechamos a dormir en el suelo sucio
con estiercol en el corral donde encerramos los caballos cuidando de
que estos no nos coceen mientras dormimos. Dormir es tarea imposible
porque los combatientes cubanos, desde sus fuertes posiciones nos
tirotean continuamente causando un estruendo atronador que hace
imposible conciliar el sueño. Mañana tendremos otra jornada igual a
esta que te describo y pasado mañana será lo mismo hasta que esto
algún día acabe.
Querida
madre, ya no me interesan los honores, solo pienso en volver.
Con
el amor de siempre saluda a mi padre y a mis hermanos.
Melitón
Santiago
de Cuba, Mayo de 1895
Diario
El Socialista 1° de Mayo de 1896
"Al
celebrar la fiesta del 1° de mayo los obreros españoles,
conscientes de su dignidad y posición social, imponesé como primer
deber el de protestar de la guerra que lleva a Cuba a morir y a matar
a tantos trabajadores, cuyo progreso moral y material en nada
dificultan a los insurrectos y sí los que contra ellos los envían."
Miguel
de Unamuno
Diario
El Imparcial 12 de julio de 1896
"Cada
bohío es una estación telegráfica y cada campesino, un servidor de
la insurrección. Como consecuencia los soldados españoles ni
siquiera pueden dormir en las casas de los pueblos porque les roban
incluso las armas y municiones. Los movimientos de las columnas
peninsulares son reseñadas por los "pacíficos" con toda
suerte de detalles, mientras que las informaciones alternativas estan
plagada de errores. De este modo el juego de marchas y contramarchas
se revela agotador y estéril. Los soldados se mueren literalmente de
hambre, mientras experimentan enfermedades e infecciones propias de
un país tropical. Tal es el balance de "tantas idas y venidas
inútiles" como hacen nuestras columnas".
Adorada
madre:
Nuestra
situación aquí empeora día a día y no por las balas enemigas.
Debido al decreto del Capitán General Weyler, los campos han quedado
despoblados y los alimentos escacean cada vez mas pués no quedan ya
labriegos en el medio rural.
El
calor y la humedad cada día más insoportables, las marchas
forzozas, ya sin sentido, los días de ayuno y la falta de descanso
han minado ya mis últimas fuerzas. Madre, me siento enfermo y
afiebrado y mi aspecto no debe ser muy bueno pués mi sargento me dió
permiso para que consulte por mi estado en el hospital militar de
Santiago.
Ya
muchos de nosotros han muerto a causa de estos pesares, el vómito
negro, la difteria y otras dolencias estan minando nuestras columnas
y yo, algunas noches pienso si esto es necesario, si es justo que los
hijos de España sigamos entregando nuestras vidas a cambio de nada.
Los pobres somos explotados en los campos de España y como si eso
fuera poco nos traen a morir en tantas guerras que ni entendemos ni
nos interesan.
Querida
madre, mi espíritu esta quebrado y solo me mantiene en pie el
recuerdo suyo, de mi padre y mis hermanos.
Melitón
Santiago
de Cuba, 18 de octubre de 1896
D.
Cándido Niño / D. Agueda Baquero Valladolid,
02 de enero de 1987
De
mi consideración:
Cumplo
con informarles a Uds. que vuestro hijo Melitón Niño, quién
revistaba en el Regimiento de Infanteria "Castilla n°16".
Ha muerto el 27 de octubre de 1896 en el Hospital Militar de Santiago
de Cuba, en el que fué internado por fuerte fiebre y dolencias
estomacales.
El
servicio que le ha prestado a la Madre Patria será recompensado, si
fuese necesario y a vuestro pedido, por el voluntariado de ayuda al
combatiente.
Viva
España
D.
Antonio Segura
Comandante
del Reg. de Artilleria
"Castilla
n°16"
TARAZONA
DE GUAREÑA
Pequeña
aldea de la provincia de Salamanca, refundada en la Edad Media por
los Reyes Leoneses - de allí son Cándido, Agueda, Domingo, Basilisa
y los hijos de estos, que en España fueron siete.
Tarazona,
pequeña aldea de casas de adobe y techos de paja levantadas por las
propias manos de sus habitantes, jornaleros de sol a sol.
Tarazona
que todos los 29 de septiembre olvida sus dolores y pesares - que no
son pocos- y se llena de alegría para venerar a su santo patrono
Miguel Arcangel.
Tarazona,
calles de tierra caminadas una y mil veces rumbo al campo a pastorear
los rebaños y labrar los campos siempre ajenos.
Una
iglesia - la de Miguel Arcángel - modesta sin más atributos que un
altar custodiado por un Cristo doliente y una pila bautismal por la
que han pasado todos sus pobladores.
Tarazona,
a veces cubierto por un cielo azul, límpido que invita a soñar con
un futuro promisorio y otras, por un cielo oscuro que vaticina
grandes tormentas.
Y
el río, el río Guareña que visita las cercanías del pueblo en su
infinito viaje hacia el Duero.
Así
era Tarazona, así es y así será.... Gracias a Dios por los siglos
de los siglos.
Y
aquí en esta aldea igual a muchas otras aldeas castellanas se
conocieron Domingo y Basilisa. Mejor dicho, ella cedió ante los
requiebros del mozo, porque conocerse se conocieron de siempre.
Domingo,
hijo de Cándido, el jornalero y Agueda, de profesión "pordiosera".
Y Basilisa, hija de Cecilio Viruega, el alguacil del ayuntamiento y
de Amalia Martín de profesión "propia del sexo",
decidieron unir sus destinos para siempre.
Domingo
heredaba de su padre la cabellera rubia y los ojos celestes, y del
duro trabajo mal recompensado, unas manos callosas y un carácter
parco. Pero a diferencia de su abuelo carecía de esa mística al
sacrificio fatalista que soporta con mansedumbre las disposiciones de
Dios y del Rey.
Basilisa,
era una doncella de medianos encantos y superiores honestidades. Ni
linda ni fea, de carácter fuerte y espíritu indomable, si Miguel de
Cervantes la hubiese conocido seguramente ella hubiera sido uno de
los tantos personajes femeninos del caballero de la triste figura,
pués en ella se encarnaba la escencia de la mujer castellana.
Tal
vez un domingo de misa, o en un festejo del 29 de septiembre en el
que Domingo hizo un pase de pecho en la corrida de toros... nadie
sabrá nunca la circunstancia, algunos dirán que fue bajo el cielo
diáfano de Tarazona en el que sellaron su amor, otros dirán que fue
bajo ese cielo encapotado en que se juraron juntos una vida mejor...
vaya uno a saber...
Valentin,
Julían, Germán, Felisa, Cristina, Agustín y Paz (Manuel nació en
Argentina) fueron los hijos de aquel amor en tiempos difíciles.
Por
esas callecitas de tierra seguramente habrá correteado Julían - mi
abuelo- con sus hermanos, sin duda habrán mojado sus pies en el
manso río Guareña. Tal vez un maestro particular les habrán
impartido los primeros conocimientos de la lengua y los misterios de
las matemáticas. Habrán ido a la misa dominical y seguramente
escucharon muchas historias de dolor y pobreza.
Una
mañana de agosto, Julían vió a su madre sentada con su cabeza
entre los brazos, y con sus 14 inocentes años se acercó a ella y le
preguntó -¿duermes madre?- ella se irguió y allí vió sus ojos
llenos de lágrimas y un gesto de dolor e impotencia, y esto le dijo
- tu tío, mi hermano Angel a muerto en Melilla- secó sus lágrimas
con su delantal y corrió en busqueda de mi padre.
Esa
noche, bajo la luz de un candil mi padre nos sentó alrededor de la
mesa y nos contó la historia de los Comuneros de Villalar, y así se
la contaré a mis hijos...."Tu tierra de Castilla, muy
desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como
eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor".
El
rey extranjero, como decía mi padre al referirse a Carlos I, trajo
consigo una corte tambien extranjera, dejando fuera de consideración
a los nobles castellanos. Además, este rey estaba más preocupado en
convertirse en Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico
que en gobernar a España, y para ello no escatimó los recursos de
Castilla condenando al hambre a sus súbditos. La lucha era
inevitable, y al final los comuneros fueron derrotados y masacrados
en Villalar un 23 de abril de 1521 y sus cabecillas, Padilla, Bravo y
Maldonado fueron apresados y ajusticiados.
-
Y tú padre¿por quien hubieras peleado en Villalar?-preguntó
Julían-
-
Hubiera peleado por Castilla, por los comuneros, y mas adelante
también lo hubiera hecho por la Constitución de 1813... pero hoy
despúes de tanto rey y de tanto político que una y otra vez dieron
la espalda al pueblo y solo nos usaron para regar con nuestra sangre
tanta guerra sin sentido... tanto rey y tanto político que nos
sumieron en la miseria... ya no sé si pelearía.
-Ya
es tarde - dijo mi madre - mejor que descansemos que mañana tenemos
otra dura jornada.
-
Si Basilisa, tienes razón - dijo mi padre - ya es tarde... para
España.
MELILLA
A
pesar que mi padre nos tenía prohibido escuchar conversaciones entre
personas mayores, ese día de octubre de 1909 me permitió presenciar
el díalogo que mantuvo con D. Manuel Viana, hombre este mayor que mi
padre de blanca cabeza y muy instruído, de hablar pausado y con un
timbre de voz que denotaba su edad.
-
Vea Domingo, yo le voy a decir como son las cosas:
Ud.
seguro que sabe que esto de los reservistas es para ocupar a la
oficialidad, porque si hay algo que sobra en este país es hambre y
militares de carrera.
Lo
de Melilla es para que olvidemos el desastre del 98 en Cuba....
bueno, allí quedó su hemano, así que Ud. seguro que comparte
conmigo que aquello fue un verdadero desastre. Pero ya vé Ud. mi
querido amigo, no importaron los muertos en Cuba para defender las
plantaciones y el negocio de los esclavos de D. Maria Cristina de
Borbón... no, no fue suficiente.... ahora tuvimos que mandar a
nuestros hijos a morir a Africa para resguardar los intereses mineros
del conde de Romanones, y no se extrañe Ud. que nos sigamos matando
unos a otros en otra guerra carlista o guerra civil o lo que fuere.
En
lo que a mi respecta - agregó D. Manuel - Ceuta y Melilla, que sean
españolas o marroquíes lo mismo me dá. A lo que mi padre asintió
y con aire desinteresado opinó - si esos territorios que la mayoría
de los españoles no conocemos y que no nos son de ningún provecho y
solo sirven para que allá vayan a morir los que no pueden pagar las
2000 pesetas para exceptuarse, pués es mejor que sean marroquíes.
Yo
escuchaba atentamente esa conversación pero mi curiosidad por el
tema se la plantearía a D. Julio, el cura de la Iglesia de San
Miguel Arcangel.
D.
Miguel se disculpó con mi padre por carecer de tiempo para continuar
esa conversación pero se prometieron un próximo encuentro para
seguir hablando sobre el tema.
Al
cabo de unos días tomé coraje y fuí a visitar a aquel cura que
talvez opinara de otra forma sobre aquellos territorios tan lejanos
de Tarazona.
D.
Julio era un hombre pequeño, casi calvo, de pobladas cejas y ojos
vivaces que aparecían por encima del marco de nácar de sus
anteojos, siempre enfundado en esa sotana marrón sujeta por un
cordón que se ceñía sobre su pronunciado vientre - a mi se me
ocurría que su aspecto se asemejaba a un peón de ajedrez-
Casi
sin saludarlo le pregunté - sin hacer referencia de donde lo había
escuchado- sobre Ceuta y Melilla. Y así me contestó luego de
acomodar sus anteojos...
-Mira
hijo, es esa una historia muy... muy larga, tan larga como la
historia de la tierra que pisas... tan larga como la historia de la
misma España, porque Ceuta y Melilla -hizo una pequeña pausa y
luego con una voz potente, casi como un grito, exclamó - Porque
Ceuta y Melilla son la misma España.
Verás
- prosiguió su relato - los primeros, al menos que yo tenga
conocimiento en llegar a esas tierras fueron los fenicios, luego los
griegos, despúes los cartagineses, trás ellos los romanos y más
tarde los visigodos, para perderlas en el 711 d.C. a manos de los
moros y Castilla las recuperó 800 años despúes
Veo
- me dijo con paciencia - que o no lo entiendes o no te he
convencido. Mira hijo... ser español es llevar un poco de sangre, de
creencias y cultura de los fenicios, los griegos, cartagineses,
romanos, visigodos, moros y judios... eso es ser español y no como
dijo ese sabandija de Cánovas "que es español el que no puede
ser otra cosa".
Y
sobre Ceuta te diré algo más... si alguna vez Portugal se arrogó
algún derecho, desde 1580, durante el reinado de D. Felipe II al
unificar los dos reinos, el nuestro y el luso, Ceuta formó parte de
la Corona Española - luego de pensar un poco y ya con muestras de
que su santa paciencia empezaba a agotarse, me dijo- Ceuta y Melilla
son españolas desde mucho antes de que existiera el reino de
Marruecos con su sultán, así que mal puede pretender el hijo ser el
padre de su padre...
Las
noticias sobre la guerra en Melilla llegaban a Tarazona con algún
retraso. Ya sabíamos que la convocatoria de los reservistas había
causado una honda preocupación en el seno de las familias de los
convocados que dejaban desamparados a esposas e hijos - tal fue el
caso del hermano de mi madre- , tambien nos enteramos que el embarque
de las tropas había ocasionado grandes disturbios en Barcelona y en
Valencia.
Manuel
Viana, como ya lo habíamos dicho era un hombre bien informado y
generoso con sus saberes por lo que mi padre lo visitaba
frecuentemente y mas ahora que quería averiguar sobre las
circunstancias de la muerte de su cuñado allá en Melilla.
-
Don Domingo - me he anoticiado sobre este desgraciado conflicto que
desde los altos mandos militares llaman pomposamente "guerra"
con el solo afán que el de colgarse alguna Cruz Laureada. Dicen que
todo empezó cuando unos rifeños de esos que viven en las cabilas
próximas a Melilla atacaron - al decir del Sr. Alvaro de Figueroa,
Conde de Romanones, y propietario de las minas de hierro en el Rif -
"barbaramente a los obreros del ferrocarril de las minas,
agresión reprimida con energía pues era indispensable imponer
castigo ejemplar"- y así fue mi buen amigo como empezo este
entuerto.
Me
cuentan quienes presenciaron el embarque de las tropas compuestas por
obreros que tuvieron que dejar sus familias libradas a las manos de
Dios, que la gente se agolpó en gran número y que cantaban "Los
obreros de las minas/ Estan muriendo a montones/ Para defender las
minas del Conde de Romanones/ Que luego los asesinan". Y con
aire de fastidio agregó - vea ud. el triste destino de los
trabajadores españoles.
Con
respecto al hermano de su seora, D. Basilisa, me he enterado que
murió junto con otros 1000 soldados el 27 de julio en Barranca del
Lobo, quien me lo contó me dijo además que no fue una emboscada,
sino una impericia - una más de tantas - de los mandos militares que
solitos se metieron en ese desfiladero quedando a merced de los
rifeños.
Cuando
la noticia llegó a Barcelona, si los disturbios de la partida habían
sido muchos, estos los superaron por varias leguas.... imaginesé,
hasta iglesias quemaron. Parece que esta Semana Trágica de Barcelona
pasará a la historia.
Y
con estos versos se despidió de mi padre aquel buen hombre:
"En
el Barranco del Lobo
hay
una fuente que mana sangre de los españoles
que
mueren por la Patria
¡Pobrecita
madres
cuanto
llorarán
al
ver que sus hijos
en
la guerra están!
Ni
me lavo ni me peino
ni
me pongo la Mantilla
hasta
que venga mi novio
de
la guerra de Melilla.
Melilla
ya no es Melilla
Melilla
es un matadero
donde
se matan los hombres
como
si fueran corderos."
LOS
ULTIMOS AÑOS
D.
Manuel Viana era un hombre afecto a la palabra, y mi padre a
escuchar; motivo este por el cual estrecharon lazos de amistad, y los
pareceres y opiniones del encargado del registro civil eran siempre
recibidas de buen talante.
-
D. Manuel, hace tiempo que quiero su consejo sobre un asunto que me
dá vueltas por la cabeza. Verá Ud. - hizo una pausa como para
elegir las palabras y continúo - hay días en que en mi mesa solo
hay unas rodajas de pan... Ud. ya sabe, el jornal mísero que recibo
por la siega del trigo es hoy menor al del año pasado y el patrón
dice que el trigo vale cada vez menos y que lo que sobran son
jornaleros.
-
Vea - como siempre comenzaba los diálogos D. Manuel- lo que ocurre
es que el gobierno de la Restauración cuida los intereses de la
burguesía textil de Barcelona, y Ud. se preguntará ¿que tiene que
ver el trigo con los burgueses catalanes?. Muy sencillo mi amigo, muy
sencillo... producir el trigo en Castilla es costoso y la producción
es muy baja, entonces el gobierno deja que entre trigo de otros
lugares de Europa sin cobrarles ni un duro de impuestos y de esta
forma buscan abaratar la subsistencia como medio para evitar el costo
de los salarios de los obreros textiles... mas barata les resulta la
vida a los obreros, menores salarios pagan los burgueses...¿me
comprende?
-
Claro que lo comprendo- asentía mi padre - mientras tanto que los
jornaleros rurales que revienten, total nosotros no les importamos a
nadie. Solo se acuerdan de nosotros -agregó con amargura- cuando hay
que ir a Cuba o a África.
-
He escuchado - dijo D. Manuel- que las Cortes han aprobado una nueva
Ley Agraria por la que se va a estimular a los productores de trigo,
grandes y chicos, a que se asocien para producir más y más barato,
y que además el Banco de España les daría créditos a muy bajo
interés.... pero me figuro que el párroco de nuestra iglesia algo
de razón tiene en desconfiar de este proyecto....aunque claro, ya
sabe Ud. que la iglesia anda un tanto contrariada con los liberales
así que no desaprovecha oportunidad de encontrarles la mosca en la
leche.
Pero
su problema, mi buen amigo... y le considero a Ud. y a su familia
gente buena, honesta y voluntariosa... su problema, lamentablemente
no tiene solución en Tarazona. ¿Porqué no intenta buscar algún
trabajo mejor rentado en las minas de hierro de Asturias? , y no le
digo las de Melilla porque por aquellos lares los moros andan muy
revoltosos.
-
Al respecto de las minas de hierro de España, como las de cobre, las
de hulla y tanta otra cosa que se saca de las entrañas de nuestra
tierra, las explotan los franceses y los ingleses, y algunas también
con capitales españoles como las del Conde de Romanones, pero lo más
gracioso es que se llevan la materia prima gratis, las transforman en
trenes, máquinas textiles y no se en cuantas otras cosas más y nos
las venden a nosotros.
Me
he anoticiado por el diario El Norte de Castilla que hay un astillero
en la ría del Nervión allá en Bilbao que esta contratando gente...
¿porque no prueba por allá?,... acá quedan sus hijos que ya son
mozos y muy seriecitos, sobretodo Julián.... chico despierto e
inteligente ese que tiene Ud. D. Domingo.
Esa
misma noche Domingo le dijo a su familia que había resuelto buscar
un mejor trabajo en Bilbao, que iría a trabajar en un astillero. Y
como era común en España, la decisión del jefe de familia no daba
lugar a ninguna apelación.
No
vamos a hablar de los preparativos previos a la partida porque no
deben haber sido muchos, talvéz una muda de ropa envuelta en un
trapo y unas pesetas, las suficiente como para pagar el boleto de
tren desde Medina del Campo hasta Bilbao, que fueron ofrecidas por D.
Manuel, quién, esto le dijo a mi padre para que recibiera aquel
"préstamo" - D. Domingo, la idea fue mía, y si le vá
bien... que de seguro será así... el crédito también será mío,
así que hombre.... acepte de este amigo este pequeño préstamo.
Pocos
días despúes, mi padre arriba de una carreta recorría las siete
leguas que nos separaban de Medina del Campo.
Como
hacía ya muchos años atrás, alrededor de cien, otro Niño como
aquel Gerónimo se dirigía al norte buscando un mejor destino.
Atrás
quedaba las amplias llanuras de Tarazona, sus sembradíos y sus
olivares y vides. Medina del Campo su primer destino.
-
Ahhhh.... Medina del Campo -murmura Domingo- cuna de los Reyes de
Aragón, aquí se libró la primera guerra civil castellana entre
Pedro I y su medio hermano Enrique... aquí se disputaron el trono
entre Juana la Beltraneja y su sobrina Isabel... y como siempre,
nosotros los pobres dando por ellos lo único que teníamos...
nuestra sangre.
No
me detendré hablando ni de Valladolid, ni de Ventas de Baños, ni de
Burgos, ni siquiera de Miranda del Ebro pués estas ciudades las ví
desde el tren.
Luego
de un viaje extenuante llegué por fín al destino que me había
fijado, la Estación Central de Bilbao.
Mientras
camina por las calles de Bilbao me imaginaba ese Bilbao sitiado por
las fuerzas carlistas y la batalla de Luchana que se había librado
un 24 de diciembre de 1836 bajo una intensa nevada y en la que el
General Espartero pudo al fín vencer el asedio y liberar esta
ciudad.
Crucé
el puente que sobre el río Nervión y me encaminé por su margen
izquierda hasta llegar por fín al astillero de la Compañía
Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques S.A.. Allí un
capataz luego de revisar mis papeles me dió un trabajo en la
reparación de un buque que estaba en el primer puerto seco de los
tres que tenía la compañia. No abundaré en los detalles de mi
trabajo allí, donde pasé tres años, y en los que pude ahorrar
algunas pesetas que, aunque yo aún no me lo imaginaba, me serían
sumamente útiles.
Lo
que sí diré es que en Bilbao conocí unos marineros de un buque
mercante inglés que despertaron mi curiosidad por conocer sobre un
país lejano al que el destino me llevaría.
Luego
de esos tres largos años, y con unos ahorros emprendí mi regreso a
Tarazona.
El
recibimiento familiar fue lleno de algarabía, mis hijos ya eran casi
hombres y habían cuidado muy bien de su madre, pero el fantasma de
la misería seguía batiendo su manto oscuro sobre nuestra familia.
Luego de saludarnos, abrazarnos y besarnos fuí al encuentro de D.
Manuel Viana para agradecerle por aquel consejo y devolverle el
préstamo que me hiciera tres años atrás. Por supuesto que aquel
buen hombre no quiso la devolución de aquellas pesetas y estas
palabras me dijo:
-
Vea D. Domingo, me doy por bien pagado al saber que mi consejo le fue
de utilidad, y ahora digame Ud. lo que me quería contar.
Yo
no recordaba haberle dicho que quería contarle algo, pero era cierto
que estaba ansioso por decirle algo. Seguramente este hombre era
capaz de leer las mentes.
-D.
Manuel, en Bilbao he conocido unos marineros de esos que recorren el
mundo y que han estado en muchos lugares y me han hablado de un país
maravilloso donde no existe la miseria y mucho menos para los que
gustan del trabajo.
-
Ajá... ¿y donde es ese lugar mi amigo?
-Argentina,
D. Manuel, ese lugar es Argentina y queda al otro lado del océano.
-
Bueno, D. Domingo.... ¿y se iría solo o con toda la familia?
-He
pensado ir con primero con mi hijo Julián, el ya tiene 19 años y ha
aprovechado bien las enseñanzas de su maestro, quizás en Argentina
consiga un buen trabajo en alguna oficina o algo así. Luego
regresaría a buscar al resto de mi familia y cuando logremos ahorrar
algún dinero volveremos a nuestra tierra.... a nuestra Tarazona de
Guareña.
No
conocía el mar - le dijo Julián a su padre - entre asombrado y
asustado por la inmensidad que se abría ante sus ojos, cuando desde
el puerto de Vigo se encontró por primera vez frente a frente con el
océano Atlántico.
Unos
500 pasajeros, que al igual que nosotros, al menos muchos de ellos,
llevaban sus pocas pertenencias envueltas en lienzos negros. La
mayoría eran familias con niños pequeños que procedían de Zamora,
de Burgos, de Valladolid y Salamanca. Había tambien algunos que
viajaban solos pero eran los menos. Una vez que hubimos embarcado nos
destinaron a la tercera clase tal como indicaba nuestro
pasaje,algunos colchones de paja en el piso y unas pocas literas eran
las comodidades ofrecidas en este buque vapor de la empresa Nelson
Line S.A.
Por
delante teníamos con suerte entre 20 y 30 días para llegar a
nuestro destino.
Los
pitidos anunciaban que el barco al fín partía. Desde la cubierta yo
podía ver que atrás quedaban mi patria cubierta por el espeso humo
que emanaban de las enormes chimeneas del barco. No pude contener mi
emoción y lloré.
-Este
viaje me produce escalofríos, y mira padre que yo no soy de quejarme
- le decía Julián a D. Domingo- he pensado escribirle una carta a
mi madre para contarle esto, pero ¿para qué acongojarla más aún
con tantos pesares?. Muy mal se pondría la pobrecita si supiera que
acá nos dán de comer unas sardinas con un sabor tan desagradable
que apenas se disimula con la cebolla que la acompaña, ni que decir
del agua, que según pasan los días el solo probarla produce
náuseas. Y ese desasosiego que nos embarga por las noches cuando los
ayes y los lamentos invaden este depósito al que llaman tercera
clase en el que nos han confinado. Muchos llegarán enfermos, otros
talvéz mueran en la travesía.
EPÍLOGO
Y
así fue.
Primero
mi bisabuelo Domingo con mi abuelo Julían un día marzo de 1913,
bajo un cielo encapotado dejaron atrás los prados castellanos rumbo
al puerto de Vigo y allí se embarcaron en un buque vapor de la
empresa Nelson Line S.A. con unas pocas pertenencias. Aquella
travesía que les debe haber parecido eterna, y en la que
compartieron dolores, recuerdos y tambien esperanzas con otros
compatriotas, llegó por fín luego de treinta dias, a un puerto
seguro.
La
densa niebla empezó a disiparse y los primeros rayos de sol se
reflejaban sobre el oscuro Río de la Plata.... habían llegado a
Argentina.
Sé,
porque alguién me lo contó, que volvieron al año siguiente a
buscar al resto de la familia y que su deseo de regresar a su patria
se fue disipando con los años y aunque mi abuelo nunca me hablo de
España pude adivinar que su mirada reflejaba esa añoranza infinita
de los inmigrantes.