no pasaran

sábado, 1 de junio de 2019


LOS DIAS DE LA PESTE



Abril de 1934. Como era común en Santiago del Estero, el otoño era una estación simbólica y en ese año en particular el verano se negaba a dar paso al invierno.
El viernes 26 don Manuel Seiler se levantó temprano como todas las mañanas pero ese día no se sentía bien, un dolor parecía haberse apoderado de todo su cuerpo y de pronto su frente se perló de gotitas de transpiración… pensó que seguramente la cena no le había sentado bien o que quizás el calor de la siesta anterior y el polvillo que levantaba la cosecha de maíz cuando era cargada en los vagones del ferrocarril, lo habían afectado.
De cualquier manera ese viernes tenía muchos trámites que hacer en el pueblo y se dijo a si mismo –ya se me pasará.

Frías era un pequeño pueblo del interior de Santiago del Estero, surcado por el ferrocarril. La plaza principal, la Iglesia, un banco, algunos comercios y un caserío que albergaban a casi 8000 habitantes. La Comisión Municipal, titularizada por su Comisionado, el Dr. Arias Tapia al que acompañaba su Secretario y un auxiliar, el Sr. Espeche. El Jefe Político, el Comisario, Sr. Palacios, y algunos vecinos “notables” entre los que se destacaban algunos profesionales médicos. Un par de periódicos locales se encargaban de mantener enterada a la población acerca de las noticias locales. Uno de esas publicaciones era la Voz de Frías – de extracción católica- y el otro con cierta inclinación anarquista, que se llamaba La Senda y era propiedad de los Sres. Vieyra y Aybar.
Sus calles eran aún de tierra y la zona urbana no se extendía más allá de unas pocas cuadras.
El comercio y la actividad forestal constituían los pilares de la economía lugareña.
Las comunicaciones eran harto difíciles puesto que los caminos eran intransitables durante gran parte del año, por lo que ante tal circunstancia cualquier distancia parecía enorme.
A pesar de lo básico de su infraestructura, Frías era un pueblo que insinuaba un futuro promisorio, por tal motivo jóvenes profesionales formados en la Universidad Nacional de Córdoba no dudaban a la hora de elegir a este pueblo del interior santiagueño como “su lugar en el mundo”.
Estos jóvenes médicos habían conocido durante su pasaje universitario la lucha del radicalismo y por tal motivo su manifiesta simpatía hacía el partido centenario.
Pero en el pueblo las cosas eran distintas, el poder institucional se encontraba en manos conservadoras, y ese poder local se cuidaba mucho de no molestar al poder provincial.
Quizás esto explique el porque cada uno de los actores de este drama haya actuado como lo hizo.
La indolencia y la falta de colaboración por parte del gobierno provincial, la poca y mal intencionada información por parte del diario El Liberal que buscaba congraciarse con el gobierno provincial.
La inercia del Intendente local en consonancia tambien con el gobierno, los adulones que lo acompañaban. Y por otro lado un par de médicos jóvenes que con la ayuda de algunas personas y casi sin medios, arriesgaban su vida por su juramento hipocrático.
Al medio… 8000 almas desesperadas.

LA SENDA no perdía oportunidad ni escatimaba tinta en publicar las mas ácidas críticas en contra del gobierno municipal titularizado por el Dr.Tapia, dirigente conservador, motivo por el cual había sido designado Intendente.
En realidad aquellas críticas eran más simbólicas que efectivas puesto que la gestión del Dr. Tapia no dejaba mucho margen para el error por el simple motivo que la Intendencia no debía, como ahora ocurre, desarrollar una multiplicidad de tareas.
Bastaba con un regado regular de las calles y una recolección más o menos organizada de residuos.
No obstante los responsables de LA SENDA acechaban agazapados la oportunidad que no tardaría en presentarse.

Manuel Seiler regresó a su hogar y sin almorzar se acostó.
La fiebre parecía cada vez mas intensa y los dolores corporales parecían desmembrarlo, su esposa alarmada le pidió a la criada que corriese al pueblo a buscar al doctor Zurita.
Media hora más tarde llego el facultativo y luego de revisarlo diagnosticó que se trataba de una neumonía… con reposo y unas ventosas estaría repuesto en un par de dias.
-Creo que me has contagiado- dijo la mujer tosiendo.
- Y a mi-agregó la criada,-no me siento bien patrona, me duele mucho la cabeza.

La noche que siguió a aquel día fue extraña. Un fuerte viento del sur remolineaba por las vías del ferrocarril preñando el aire con microscópicas partículas de polvo y así sucedió toda la noche
hasta que a la madrugada por fin cesó.
No se imaginaban los habitantes de Frías que aquella era simplemente la calma que antecedía a la tormenta, y como un castigo bíblico… la Peste los acechaba.

El comisario Palacios no era un oficial de carrera, era, al igual que los tres o cuatro agentes que lo secundaban, hombres puestos allí por el Jefe Político del Partido Conservador y al servicio de este, del Intendente y del Partido.
Una denuncia por el robo de una gallina, un reclamo de algún vecino molesto con otro, algún ebrio… juez de cuanta cuadrera se hiciera, eran las labores cotidianas de la policía.
No obstante la parcialidad con que actuaba era el motivo de recelo de gran parte de la población de Frías…exacerbada muchas veces por el periódico de Aibar y Vieyra.
El sábado 28 don Manuel Seiler empeoró, su fiebre no había cedido y deliraba en su lecho. Su esposa buscó nuevamente al doctor Zurita, pero a pesar de la premura con que este acudió, ya nada pudo hacer… el enfermo había muerto y como una macabra obra del destino, al día siguiente, su mujer y su criada padeciendo los mismos síntomas que don Manuel, se despedían de la vida terrenal.
El doctor Zurita comentó el caso con sus colegas doctores Fringes y Arraya y estos coincidieron con el que ellos tambien habían visto recientemente algunos casos parecidos.

El periódico local reportó los decesos en la sección de necrológicas sin siquiera sospechar aquellos periodistas que tenían en sus manos un tema que sería la noticia de los próximos tiempos.


La sucesión de muertes había comenzado y continuó llevándose las vidas de doña Josefa Sayavedra y sus dos hijas y al día siguiente la del “manquito” Medina.
Medina había sido asistido por el doctor Arraya. Cuando prestamente acudió a la consulta encontró al paciente sumido en una fiebre muy alta, dolores musculares y articulares, congestión pulmonar y una tos seca y dolorosa, y sin dudarlo diagnosticó NEUMONIA APESTOSA.



No se equivocaba el doctor Francisco Arraya con su diagnóstico, como tampoco se equivocaba en cuanto a las medidas profilácticas que debían tomarse.
Tras una áspera discusión con el secretario del Intendente sobre el tema de la prevención, consigue que este destaque un agente sanitario que impida el ingreso y egreso de cualquier persona en la puerta de los domicilios en los que ocurrieron los casos.
El agente sanitario entendía bien lo que significaba la palabra “ingreso” pero no así “egreso”, de tal manera que no permitió que nadie entrase a esos domicilios pero si podían salir de el.

Los doctores locales se dirigen luego de ponerse de acuerdo en el diagnóstico y en la prevención, al Consejo de Higiene para denunciar los casos detectados.
El Director del organismo leyó el telegrama que le remitían sus colegas frienses y les contestó que tal diagnóstico le parecía un tanto exagerado, que quizás se tratase de neumonías estacionales… y aunque no consta que lo haya dicho, el funcionario pensó –Médicos de pueblo que buscan notoriedad a traves de la alarma-
Pero las muertes continuaban y la noticia cundía ya como reguero de pólvora. Por lo que nuevamente los “médicos del pueblo” insistieron con el burócrata del Consejo quien al final accedió a mandar al Dr. Florentino Bustos y al Delegado del Instituto Bacteriológico, Dr. Canal Feijoo para investigar la epidemia en ciernes.
A tal efecto montaron un laboratorio para examinar las muestras procedentes de los cadáveres y colaboran con ellos como ayudantes los sres. Picco y Salomón Salim.

El Intendente del pueblo era un simple espectador de los acontecimientos y quizás influenciado por algunos amigos políticos, creía que esto ya pasaría y que no era necesario acudir al gobierno provincial, el que por otro lado, había dado muestras de que el tema de las “dos o tres muertes en Frias” no revestía interés provincial. Y que de insistir con eso pensó –mejor que no fastidie al gobernador, no se cosa que ponga a otro de intendente.

De manera poco elegante y urgido por una necesidad médica, el Dr. Arraya le reclamó al Dr. Tapia que “como Intendente y como médico” debía situarse al comando de esta situación gravísima sin consideraciones personales ni egoístas.
Esta reprimenda le costó al Dr. Francisco Arraya no solo el aislamiento del que sería victima a partir de ese momento, sino tambien un castigo “in eternum”. No existe en la actualidad ni calle, ni paseo, ni placa que recuerde a este héroe de aquellos dias en que la peste nos paralizaba de horror.

El viernes 11 de mayo los Dres. enviados por el Consejo regresan a la Capital provincial en compañía del Sr. Intendente, el que ya se había convencido de la extrema gravedad de la situación y buscaba ayuda por parte del gobierno provincial.
Para el sábado se habían registrado mas muertes y lo único que había obtenido el Intendente en su viaje era que el Consejo de Educación clausurase las escuelas del pueblo.

Las muertes ya se contaban por horas… y ya las víctimas no eran solamente de la periferia del pueblo… ya se contabilizaban algunos cadáveres en la zona mas urbanizada.
El pánico había cundido y el éxodo masivo había comenzado… columnas de personas trataban de alejarse en todas las direcciones de un pueblo que se había convertido en maldito… el Intendente no estaba, el Jefe Político tampoco y el Secretario del Intendente no querías salir de su casa.
En el cementerio local y en el hospital se apilaban cadáveres insepultos y desde LA SENDA gruesos titulares denunciaban la inacción de las autoridades y daban cuenta de que los perros y cuervos devoraban a los muertos.
El comisario Palacios, no espero esta vez la orden de “arriba” y con sus agentes y el auxiliar de la municipalidad, Sr. Espeche se sumaron a la titánica tarea, aunque sin medios, de colaborar con los médicos que en forma heroica habían asumido la responsabilidad de enfrentar a la peste.
Las muertes se suceden vertiginosamente, cadáveres abandonados ya en el centro de la ciudad.
El carro que los transportaba los recogía y los depositaba en el cementerio o en la morgue del hospital.
Cortaplumas” era un hombre flaco, alto de figura desgarbada, callado y de pocas luces… parecía que el Creador lo había diseñado especialmente para este trabajo… transportar los cadáveres en un carro. Aunque, claro, este trabajo no lo quería realizar nadie… ni siquiera “Cortaplumas” por lo que el Dr. Fringes se le ocurrió que la única forma de convencerlo era emborracharlo y así fue que se consiguió esta versión local de Carontes.
Luego del tercer o cuarto viaje del día escuchó una voz que surgía de entre los muertos que le decía -¿Adonde me llevás?, ¿no ves que estoy vivo?
, Y Cortaplumas con cierto desgano lo miró y contestó –A mi no me digás nada… el doctor Fringes dice que estas muerto y si el lo dice, vos estas muerto.

Frías parecía un pueblo fantasma, las calles no se regaban, la basura no se recogía, la gente huía despavorida. Las ratas se habían enseñoreado del pueblo y solo un grupo de valientes enfrentaban la situación en una lucha muy despareja.
Las autoridades municipales ausentes y el gobierno de la provincia mostraba un desinterés y una indolencia que se reflejaba desde los pocos artículos del diario El Liberal en los que se le restaba importancia al brote y justificaban al gobierno provincial señalando la falta de fondos para esta “supuesta emergencia”.

Por fin, la tarde del día lunes arrojó un poco de luz sobre el culpable de las muertes. Se trataba de una bacteria, la Yersinia pestis, el diagnóstico era ya inobjetable… PESTE BUBONICA.
Pero los muertos se seguían sumando y los enfermos se “apilaban” en el lazareto que se había acondicionado para tal fin. Este funcionaba en la calle Valparaíso esquina Córdoba y en el dejaban su máximo esfuerzo y a riesgo de sus propias vidas el Dr. Eliseo Fringes y sus ayudantes el enfermero “golondrina” Terrera y una Sra. de apellido Sánchez.
Los pocos que habían quedado en el pueblo no salían de sus hogares y los niños exhibían un collar con una barrita de alcanfor como un talismán protector.
Durante mucho tiempo los trenes de pasajeros no pararon en Frias, y cuando pasaban por el pueblo las ventanillas se cerraban herméticamente para evitar el contacto con los “empestados”.

La respuesta del gobierno provincial llegaría de la mano del Dr. Bustos. Apenas 100 dosis de vacunas que pronto se acabaron y un mensaje del gobernador que dejó atónitos a la comisión de vecinos que lo recibió.
El Dr. Bustos se sentó en el despacho del Intendente y con una gran dificultad y con mucho temor y vergüenza le transmitió a los vecinos el mensaje del Ministro, -el Ministro dice…que toda la ayuda que puede brindar la provincia son esas 100 dosis de vacunas, no hay plata…seguirán las muertes…hasta que esto pase.
El escribano Encalada, Aybar, los sres. Comelli, Ponce, Zorrilla y los demás que conformaban la comitiva juzgaron inútil perder mas tiempo ante el Dr. Bustos y se dirigieron a pedir la colaboración del Jefe del Distrito Militar 59.
El Mayor Pérez Colman se sentó en su cama y desde allí atendió a estos notables vecinos quienes calmamente le expresaron la situación y le pidieron que se ponga a cargo de las tareas sanitarias. Ante la renuencia inicial, los vecinos convocaron a esta reunión en la habitación del Mayor Pérez Colman a los obreros ferroviarios e insistieron nuevamente con la petición a la que finalmente accedió el militar.
Al día siguiente el Mayor tenía listo los camiones regadores y el todo el desinfectante que pudo reunir entre los comercios locales.
Aún ante la evidencia atroz, el secretario del Intendente y el juez Villanueva le insistían al Dr. Tapia Arias que esto solo se trataba de una operación política fundamentaba en una alarma exagerada.
El Intendente, que acaba de llegar de la capital provincial escuchó a estos asesores y quedó muy sorprendido por el análisis que le plantearon.

El 29 de mayo LA SENDA por fin pudo publicar un ataque de bastante solidez en contra del Intendente Dr. Tapia Arias.
Al historiar la forma como se desarrolló la epidemia de Neumonía Pestosa, solo nos guía el deseo de deslindar responsabilidades por cuanto ha habido gente que en su egoísmo pretende lesionar personas que por su digna actitud están muy por encima de sus juicios y comentarios. Y esta gente ha hecho tambien que personas serenas y capacitadas que gozan de merecido prestigio en el pueblo como el Intendente Dr. Tapia Arias, se haya formado un juicio equivocado de actitudes sanas pero creemos sinceramente que el Intendente se habrá dado cuenta de los hechos ocurridos y cambiará de criterio con respecto a esos falsos amigos que tiene y que solo sirven para restarle prestigio”.
El intendente ya no podía evadir la responsabilidad que le cabía ante semejante situación y ya no dudó en asumir personalmente la dirección de las medidas sanitarias.
La acción profiláctica consistió en el enterramiento de los cadáveres que aún esperaban sepultura y la desinfección y esto poco a poco fue tornándose en una medida efectiva.
Al final la peste pasó dejando una estela de muertos cuyo número nunca pudo ser definido ya que muchas personas que morían en el campo eran enterradas “in situ” y no fueron jamás reportadas.
Pero dejó tambien al descubierto la verdadera naturaleza del espíritu humano… hombres que aún a riesgo de sus propias vidas como la de los Dres. Eliseo Fringes, Marcos Zurita, Francisco Arraya, el enfermero “golondrina” Terrera, la Sra. Sánchez y tantos otros que no dudaron a la hora de enfrentar a la muerte, y tambien aquellos que antepusieron sus mezquinos intereses personales.

Conmutarle la pena al olvido a la que a veces sometemos algunos recuerdos… de eso se trata la experiencia”.
Traer al presente el pasado para que el futuro no nos sorprenda como un hecho fortuito”.





Oscar Niño



28 de septiembre de 2010











EL HOMBRE HOLOGRAMA

Se que eran las 22 hs. porque el reloj de pared hizo sonar sus estridentes sonidos que me indicaban que ya era hora de guardar esos papeles del nuevo lanzamiento que íbamos a realizar, se trataba de una golosina común pero con un envoltorio muy novedoso, un holograma que parecía cobrar vida cada vez que se lo movía.

Mario Pavon se asomo al amplio ventanal de su oficina en el décimo piso de aquella elegante torre y vio como las primeras gotas se estrellaban contra los cristales. Se abrió la puerta de las amplias oficinas y escucho la voz de su secretaria privada que le recordaba la cita pendiente en el departamento que el le había alquilado.

Mario se sentó en su mullido sillón, se sirvió un whisky (cosa rara en el porque no era afecto a las bebidas alcohólicas), lo apuro de un sorbo y un profundo sopor se apodero de su mente. De pronto alcanzo a distinguir en un rincón de la oficina una figura que aunque le resultaba familiar, le producía escalofríos, era el holograma de la promoción que parecía haber cobrado vida y le decía cosas muy contradictorias.
“….¡¡¡Mario, Mario….el domingo tenemos que ir a la misa, acordate que va la mujer de tu amigo,…esa que esta rebuena, es una buena oportunidad para invitarla a salir!!!....”
Mario había recibido una formación religiosa muy férrea, ….pero de alguna manera el Holograma sabia que sus visitas a la Iglesia siempre iban acompañadas de dobles intenciones.

La melodía de su celular lo despertó, era Mariana, su esposa, en realidad Mariana se había transformado en un artículo decorativo en la vida de Mario. El matrimonio desde hacia mucho tiempo no transitaba por sus mejores momentos, aquellas largas charlas del comienzo que construían un futuro, se habían convertido en pesados e indiferentes silencios y algún que otro cambio de información, a pesar de que la situación matrimonial era insostenible, Mario no veía o se negaba a ver la realidad.
De pronto se acordó que a las 22,30 hs. debía reunirse en el lujoso restorante de la costanera con un grupo de dirigentes que querían tentarlo con una candidatura.
“….No podes faltar – le había dicho Victor – vamos a armar un esquemita para lanzar tu candidatura a diputado”.

Si sus amigos, esos con los que se juntaba los lunes a comer asado se enteraban de que Mario entraría en la política, seguramente nunca mas los volvería a ver… ¿Cómo explicarle al Gordo, a Miguel, a Pila y a los otros que seria candidato, si hasta ayer compartía con ellos su desprecio por la clase política?

“Quizás me anime a tirar todo y sumarme a ese grupo loco de motoqueros que me invitan a recorrer el mundo en libertad…, si, eso haré” se dijo asi mismo, casi convencido.

Cuando se decidió a atender el llamado de Mariana, ya era tarde, ella había cortado pero le había dejado un lacónico mensaje en el buzón…
“….Mañana a 10 hs. te espero en el estudio de la Dra. Miranda. … quiero el divorcio”…

No alcanzo a reponerse, cuando un segundo llamado lo sacudió, esta vez era Víctor que le decía que debido a su indecisión habían optado por otro candidato.
Había sido demasiado para Mario por hoy y pensó en buscar refugio en los brazos de su secretaria pero grande fue su sorpresa cuando al entrar al dpto. se encontró con dos copas de aquel champagne francés que tenían reservado para las grandes ocasiones y … un par de zapatos y un pantalón tirado que evidentemente no eran los suyos.

“Bueno – reflexiono – al menos es lunes” y se encamino al taller donde todos los lunes comía asado con sus amigos. Allí solo encontró gestos adustos y a Miguel le toco comunicarle….
“Mario, vos no perteneces a nuestro mundo… nos mentiste a todos, ahora resulta que vas a ser diputado… no vuelvas mas acá”.

“Al menos están los motoqueros…. Si, me voy con ellos”, pero ya era tarde, ya habían partido en busca de nuevas aventuras.

Abatido, desahuciado Mario volvió a su oficina y sentado en su mullido sillón lloro amargamente sin darse cuenta que sentado sobre el escritorio el Hombre Holograma reía y lloraba a la vez.
Oscar Niño, Frias mayo del 2006
EL ENVENENADOR
SI ME HUBIESEs ESCUCHADO

Justo López vivía junto a su esposa en un paraje al sur de la provincia de Mendoza, hacia ya muchos años que el matrimonio López había decidido dejar la ajetreada vida que le imponía la gran ciudad motivo por el cual eligieron aquel lugar donde podrían darse, entre otras cosas, una oportunidad a su desgastado matrimonio.
El, un triste oficinista que jamás pudo ascender debido a la debilidad de su carácter. Hombre de buen juicio pero de poco temperamento decía el informe del departamento de RRHH de la empresa donde cumplía funciones de cadete desde hacia mas de 15 años. Alcira, su esposa, veía pasar su vida sin otra distracción que los constantes reproches a la indolencia de Justo.
La muerte del tío Alfonso y la herencia que les dejo – aquel campito en Mendoza – parecía que les ofrecería a ambos un volver a empezar. Así fue que Justo López presento su renuncia, hecho que paso desapercibido para la empresa, embalo sus pertenencias y le dijo a Alcira….”nos vamos a Mendoza”.
La casita de la finca necesitaba algunas reparaciones que poco a poco don Justo, como lo conocieron allí, fue realizando.
Alcira se dedico a la quinta y allí puso plantines de pimientos, tomates, habas y otras legumbres a las que les dedicaba la mayor parte de sus horas.
Justo hubiese preferido un pequeño viñedo pero a Alcira que de toda la vida mantuvo una guerra personal contra cualquier tipo de fermentación etílica, jamás le permitió que una vid le quitara espacio a sus tomates y pimientos.
Ella soñaba con la cosecha esplendida que le brindaría esa tierra a la que le había dedicado con devoción única todo su tiempo. Ya se veía envasando esas rojas conservas, etiquetándolas y vendiéndolas ….ya se sentía dueña de una gran empresa de conservas, “Conservas La Alcira”, de Mendoza al mundo….
Justo le decia….”aunque sea en el fondo, dejame poner una vid” a lo que ella se negaba refiriendose a Baco con toda clase de epítetos irreproducibles….”y por otro lado no podrias ni comparar la calidad del vino que harias con la de mis conservas”.
Ese año la cosecha fue esplendida, los frutos rojos eran de un rojo intenso y con los reflejos del sol parecian brasas, Alcira desde muy temprano y con un cuidado extremo fue cosechandolos uno a uno y acomodandolos sobre la larga mesada que se encontraba en la galeria y casi con la delicadeza de un cirujano los fue cortando y separando las semillas para luego introducirlos en envases de vidrios previamente esterilizados, una vez envasados los introdujo en una gran olla con agua caliente para de esa forma pasteurizar aquellas conservas que eran el motivo de sus desvelos y de sus sueños.
Justo observaba aquella operación y quizas motivado por un odio creciente hacia aquella mujer que no le habia permitido entre otras cosas plantar una vid en el fondo del patio, le decia –“Alcira, me parece que el agua de la olla no esta suficientemente caliente y ademas los dejas poco tiempo a los frascos”- tal vez Justo tenia razon, pero Alcira se veia ya en la Feria Internacional de la Conserva Casera y por tal motivo ya ni controlaba esos aspectos de la elaboración que Justo le marcaba.
Asi paso ese torrido verano, Alcira envasando y Justo rumiando. Una noche en que el calor era insoportable, Justo tuvo un sueño… soño que los frascos perfectamente alineados y etiquetados cobraban vida, era como si bulliesen por dentro… el veia en sus sueños unas grandes burbujas en el interior de aquellos frascos y como las tapas comenzaban a hincharse.
A la mañana siguiente le comento a su esposa aquel sueño y ella solo atino a murmurar por lo bajo – “…envidia…envidia”.
El verano fue poco a poco dando paso a aquel otoño, corto pero apacible y con el frio del invierno llegaron las primeras nieves.
Aquella mañana se presento particularmente fria y a Alcira se le ocurrio que una buena polenta con tuco seria un buen plato para enfrentar la jornada.
Aun no sabe el porque pero Justo le recordo aquella pesadilla de una noche de verano y Alcira esta vez no lo murmuro…se lo dijo con todas las letras –“fracasado, inútil, envidioso ¡”.
La polenta bullia en la olla haciendo grandes burbujas que estallaban al llegar a la superficie y Justo, al verlas, tuvo la patente vision de aquel sueño.
- “Alcira – dijo con voz cansada – esas conservas no estan buenas, no las uses”… –“¿Qué no estan buenas….que no estan buenas?” – Repitio – “mira que no estan buenas ¡” – rugio – y de un solo movimiento se trago un frasco completo.
No habia transcurrido media hora desde que Alcira habia engullido aquel frasco cuando comenzo a notar los primeros síntomas, los parpados se le habian tornado muy pesados, tan pesados que le costaba levantarlos y su mirada comenzo a tomar una direccion extraña , miraba en dos direcciones opuestas – estrabismo divergente dijo el medico – sus pupilas se habian dilatado de tal forma que su mirada , sumado al estrabismo era comica y Justo, a pesar de la impresión que le causaba su esposa no podia parar de reir creyendo que se trataba de alguna actuación.
A estos fenómenos oftalmologicos le siguieron otros aun mas impresionantes, Alcira no podia tragar y ya casi ni articular palabra pero mantenia su lucidez mental. Su boca se habia secado y al principio roja fue tornandose azul conforme transcurrian las horas. Poco a poco fue perdiendo sus movimientos, primeros los miembros superiores, luego los inferiores y de pronto se vio tirada sobre un charco de su propia orina pero conservaba tanto su lucidez como su sensibilidad.
Por la cabeza de Justo paso su vida como un huracán y no pudo ocultar un gesto de agradecimiento vaya a saber a quien de tener alli frente suyo, tirada sobre un charco de orina sin poder moverse y presenciando con un profundo sufrimiento su propia muerte….Justo se inclino y musito al oido de aquella mujer que ahora era de color azul y que casi ya ni respiraba – “si me hubieses escuchado”-
No pudo asegurarlo pero le parecio oir la contestación de Alcira – “infeliz, fracasado”¡
La autopsia develo la causa de la muerte de aquella desdichada… Botulismo , toxinas aisladas – A y B.
Cuatro años después se erigia en aquella finca una floreciente bodega y como no podia llamarse de otro modo… Bodega La Alcira, de Mendoza al mundo.







OSCAR NIÑO , agosto del 2007
EL ENVENENADOR

La Olla de Cobre


 Ya era un hábito.Todas las noches cuando ya no quedaban clientes y el mozo recogía los últimos manteles y montaba las sillas sobre las mesas, aparecía él, con su aire despreocupado como si no notase que la fonda se disponía a concluir esa jornada. Vaya uno a saber de donde venía porque según se sabe ya desde las nueve de la noche estaba desocupado. Si, era un hábito...un mal hábito.
Saludaba en voz baja, casi inaudible y por el solo hecho de cumplir pués ya sabía la respuesta de antemano, preguntaba:
-¿"Podrá el cocinero prepararme un guisito en la olla de cobre"?...y agregaba...
-¿Vió?...el cobre es como que disipa mejor el calor".
El mozo maldecía por lo bajo pero este molesto personaje era amigo del dueño de la fonda y una negativa o una queja  podría dejarlo sin trabajo...y los tiempos eran muy duros para solo pensar en esa posibilidad, así que bajaba las sillas de aquella mesa contra la ventana de vidrios engrasados por el tiempo, sacudía el mantel y luego lo extendía sobre la mesa y con paso cansino enfilaba hacia la puerta vaivén que separaba el comedor de la cocina.
-"Si ya sé...el de siempre...el del guiso en la olla de cobre" exclamaba el cocinero que mirando de soslayo el reloj pared que marcaba las dos de la mañana murmuraba..."la puta madre que lo parió...estoy aquí desde las seis de la tarde y a este se le ocurre venir a las dos de la mañana".
De mala gana peló unas papas...una zanahoria un trozo de carne que recogió de alguna sobra y metió todo en la vieja olla de cobre. Cuando estuvo a punto lo sirvió en un plato hondo...lavó la olla y la dejo escurriendo como siempre, sin notar la coloración verdosa que iba tomando, luego se sacó el sucio delantal percudido de tantas manos refregadas en el, se puso su viejo y raido gabán pues afuera caía una tenue lluvia y se encaminó silbando hacia la casa de su novia. Al llegar al domicilio de aquella amada mujer, el mozo al no ver ni un rayito de luz que se colase por las hendijas que dejaban la puerta y las dos ventanas se dijo a si mismo:
-"La pobrecilla se cansó de esperarme seguramente y se durmió...volveré mañana".
La escena con el cliente al que podriamos definir al menos como indiscreto se repitió muchas veces...muchísimas y la olla por repetir muchas veces tambien el procedimiento de no ser enjuagada y secada convenientemente fue juntando un cardenillo verde grisáceo que dá el cobre al oxidarse.
Cierto día el cocinero descubrió que era víctima de la traición de su amada. Aquella mujer, la de sus desvelos, yacía desnuda en otros brazos. Ni una explicación por parte de ella, que por inverosímil que hubiera resultado el cocinero seguramente hubiera creído.
Así cabizbajo, humillado...decepcionado volvió a la cocina de la fonda y se dijo a si mismo como quién busca una explicación en su culpa ante tamaña desgracia...
-"Tal vez esto me pasó por tratar mal al único cliente fiel...y pensar que yo no enjuagaba la olla con la que le preparaba el guiso.El, que siempre me paraba en la puerta para felicitarme por el guiso y yo ni siquiera lo miraba urgido por correr a los brazos de esa ingrata".
En esas cavilaciones estaba cuando el mozo entró a la cocina empujando la puerta vivén con la vieja y abollada bandeja de latón, y a viva voz gritó:
-"El del guiso de la olla de cobre"¡¡¡
El corazón del cocinero saltó de júbilo y se dijo a si mismo:
-"Hoy le prepararé el mejor guiso que jamás haya probado". Y comenzo por lavar la olla con una solucion de vinagre. 
-"La dejaré como nueva". Tan emocionado estaba que se olvidó de enjuagarla.
Todo salió perfecto y por supuesto, el ácido acético y el óxido de cobre fueron los ingredientes protagonistas de aquel guiso.
A partir de aquella noche el asiduo cliente no volvió mas a la fonda. Para el mozo resultó un alivio pues ahora disponía de más tiempo para jugar a las cartas con sus amigos, pero para aquel cocinero esta ausencia le trajo resabios amargos de la traición...primero su amada y ahora su fiel cliente lo había abandonado.

LA VOZ DEL PUEBLO
De nuestra agencia
En la mañana de hoy, en medio de un vómito verdoso y una diarrea sanguinolenta, fue hallado el vecino fulano de tal. El médico forense sospecha que el síncope fulminante fue ocasionado por algún tipo de extraño veneno.














EL ENVENENADOR




EL ENVENENADOR
FORMULA MAGISTRAL
¡¡¡ “Dios…que rulos…que hermosa cabellera que tenía”!!! repetía una y otra vez mirando aquella fotografía color sepia que inmortalizaba una de las tantas vacaciones familiares en el campo.
Pero evidentemente su destino era la calvicie que según su madre sería la herencia genética de su bisabuelo el coronel Gordon.
- Maldito coronel… con tantos nietos justo a mi me viene a tirar sus genes” maldecía sin tener ni siquiera una mínima idea sobre la combinación de los genes alelos ni sobre  las leyes de la herencia.
Cada mañana era para el un verdadero suplicio… juntaba los pelos que quedaban esparcidos sobre la almohada… los contaba y los juntaba en un cofre con los que habían abandonado su cabeza en noches anteriores. Llego a pensar que dormir sentado sería la solución para tamaño problema, pero lejos de resultar beneficioso, ya que los pelos de su nuca quedaban sobre el almohadón en el que apoyaba la cabeza, el dolor de cintura al levantarse cada mañana era insoportable.
Optó por no peinarse y lavarse la cabeza no más de una vez por mes. Ya no soportaba mas la visión de sus cabellos debilitados hasta la muerte, esparcidos por doquier… y para colmo esa calva que empeñada en rechazar a sus hijos, parecía burlarse de el.
Muchos fueron los esfuerzos y tratamientos ensayados… casi todos, por no decir que todos fracasaron… algunos parecieron detener un poco mas la caída, pero aquel desierto que resultaba su calva estaba empeñada en no dejar un solo pelo con vida.
Salvia, champues especiales medicados con aminoácidos… masajes manuales y con masajeadores eléctricos… nada resultaba. Hasta llego a untarse excremento de gallina mezclado con aceite de hígado de bacalao que debía ser aplicado diariamente durante no menos de seis meses, tiempo en que no solo fue el hazmerreir de sus compañeros de trabajo sino que además fue aislado por el olor hediondo que despedía semejante ungüento.
Nada resultaba, y para colmo allí estaba, aunque cerrase los ojos, como un cruel recordatorio, la foto de color sepia de aquellas vacaciones familiares.
Le quedaba una última cosa por probar… el entretejido, pero desistió de la idea cuando vio el resultado que le había dado a su vecino Antonio. Le pareció horrible, la calva roja y la siembra rala de mechones que exhibía no sin vergüenza su vecino, no le pareció una buena opción.
Ya casi desahuciado pensó en morir con los últimos cabellos que le quedaban… “¡¡¡Maldito Coronel Gordon!!!” frase que ya sonaba como un grito de guerra cada vez que encontraba nuevos cabellos.
Pero cuando ya todo parecía perdido un aviso de una revista ofrecía lo ultimo y revolucionario en materia del tratamiento de la calvicie, fotos que mostraban modelos del antes y después del tratamiento le produjeron una alegría indescriptible. Mas rápido que urgente pidió la pócima mágica, previo envió de un giro postal por una suma que si bien era muy importante resultaba una bagatela por los efectos fantásticos que ofrecía.
Al cabo de diez días, en los que continuo guardando los cabellos caídos sobre la almohada, recibió tres potes de 350 gramos cada uno.
La presentación no era demasiado elegante y la etiqueta decía en letras negras FORMULA MAGISTRAL PARA LA RECUPERACION CAPILAR.
Un folletín con algunas especificaciones de uso que acompañaba al envio explicaba como debía ser usado y lo que ocurriría a lo largo del uso.
Primero notará que su escaso cabello caerá totalmente, no debe preocuparse por ello, se trata de pelos desvitalizados y condenados a la muerte. Al cabo de unos quince días de uso observará como empieza a nacer un nuevo cabello hirsuto y robusto, y al mes su calvicie solo será un viejo recuerdo”.
Efectivamente, la secuencia se cumplía tal cual indicaba el folletín y al cabo de un mes, luego de padecer la total caída de su antiguo cabello, su cabeza se cubrió de rulos, tantos que de no ser por los años que transcurrieron desde aquella foto de las vacaciones familiares no se veía muy distinto, unos kilos mas…unas arrugas pero la misma blonda cabellera de antaño.
Que feliz se encontraba hasta que un día al despertar encontró la totalidad de su nuevo cabello sobre la almohada y no solo el cabello…también cejas y pestañas yacían en el lecho, no lo podía creer… escalofríos, cefalgías, accesos epileptiformes y un delirio oniroide invadieron su cuerpo y luego de una cruel agonía murió preso de intensos dolores.
A muchos kilómetros de allí la justicia ordenaba el allanamiento de un falso laboratorio especializado en tratamientos capilares que usaba talio como principal componente de su FORMULA MAGISTRAL PARA LA RECUPERACION CAPILAR.
































EL ENVENENADOR
LA PRINCESA Y EL SAPO


María Cristina tenía nombre de princesa, ella misma se creía una. Claro que tal certeza había sido estimulada desde la cuna misma ya que sus padres comparándola con su hermano mellizo no albergaban dudas de que el Creador le había concedido a ella lo que a su hermano le había negado.
Una cabellera pelirroja larga y ondulada adornaba sus hombros delicados. Su piel blanca y suave asemejaba al terciopelo… y esos ojos verdes que parecían dos esmeraldas. Su figura esbelta se destacaba con ese caminar que más que caminar daba la sensación que se deslizaba. A su lado su hermano no resultaba insignificante, más bien parecía horrible, y María Cristina no perdía oportunidad de burlarse de él y no solo su hermano era el centro de sus mofas, también lo eran sus compañeras, las que adolescentes, sufrían en sus cutis los daños colaterales de la eclosión hormonal, pero hasta en eso la naturaleza había resultado benigna con María Cristina. Nunca sufrió de ese padecimiento llamado acné.
Pero con quienes mas se ensañaba era con los jóvenes que se acercaban a ella – “ninguno de Uds. es siquiera digno de servirme de alfombra… por favor, aléjense de mi vista”.
Por las noches soñaba con su príncipe azul. Lo veía llegar en un corcel negro azabache adornado con una fina platería, imaginaba que subiría por su ventana y la llevaría con el a un palacio en un reino encantado.
Cierto día, en un rapto de sinceridad le conto su sueño a su hermano el que había esperado este momento por años, tantos como tenía su conciencia, para sugerirle donde y como encontraría al personaje de sus sueños.
Es preciso, a esta altura del relato, agregar una verdad universal: las mujeres hermosas y vanidosas son fáciles de engañar porque lo que les sobra de belleza les falta en inteligencia.
Querida hermana… a la orilla del arroyo todas las noches croa un sapo de color verde, en realidad no es un sapo, es un príncipe que ha sido victima de un hechizo” y agregó… “solo tienes que ir, tomarlo entre tus delicadas manos y pasarle tu dulce lengua sobre el lomo… y debes hacerlo pronto porque escuche que hay otra chica interesada”.
No alcanzó a terminar la palabra “interesada” que María Cristina ya tenía el sapo entre sus manos y pasaba su lengua una y otra vez sobre el batracio.
No pasó más de una hora y los síntomas de intoxicación se hicieron presente. Un rigor tetánico se apoderó de la princesa que no pudo ver la transformación – que de hecho no ocurrió- de su príncipe encantado.


EL ENVENENADOR
EL PEOR DE LOS VENENOS
La envidia, según el catolicismo se relaciona con la figura de un demonio llamado Leviatán, demonio este al decir de los exorcistas, imposible de expulsar del cuerpo de las personas que logra poseer.
En el Infierno del Dante a los envidiosos les cosían los ojos para que no pudiesen disfrutar viendo el mal ajeno.
Y esta es la historia de una víctima del peor de los venenos…
Tal vez un complejo de inferioridad, la propia naturaleza humana, o quizás fuese cierto que el mismo Leviatán lo hubiese poseído
. Vaya a saber el verdadero motivo, pero el asunto era que allí estaba… a veces latente y otras manifiesto.
Consciente del sufrimiento que le ocasionaba los logros personales de los otros, prefirió rodearse de un círculo personas de condición humilde. A estas no había nada que envidiarles, pero lamentablemente para él, ellas tampoco lo envidiaban – pues porque esa es la gracia, ser envidiado sin tener necesidad de envidiar- así fue que se cansó rápidamente y decidió cambiar el círculo de amistades por otras que resultasen un poco más “competitivas”, pero pronto comprendió que en su nuevo grupo ahora el envidiaba sin ser envidiado.
Allí fue donde su demonio desató toda su furia y potencia destructiva.
Comenzó perdiendo la risa, luego el habla, y poco a poco se fue aislando hasta convertirse en un recuerdo lejano.
Dicen quienes lo han visto que ha quedado ciego. Tal vez sea cierto lo que se dice del Infierno del Dante.




































EL ENVENENADOR
SI ME HUBIESES ESCUCHADO
Justo López vivía junto a su esposa en una pequeña ciudad de la provincia de Córdoba.
El, un triste oficinista que debido a la debilidad de su carácter jamás pudo ascender. “Hombre de buen juicio pero de poco temperamento” decía el informe del departamento de RRHH de la empresa donde cumplía funciones de cadete desde hacía más de quince años. Alcira, su esposa veía pasar la vida sin otra cosa mas que reprochar a Justo su natural y eterna indolencia.
La muerte de su tío Alfonso les dejó como herencia una pequeña finca al sur de Mendoza. Esta era la oportunidad, se dijo Justo, de empezar una nueva vida y así fue que presentó su renuncia – hecho que pasó desapercibido en la empresa- armó la mudanza y le dijo a Alcira… “nos vamos a Mendoza”.
La casita de la finca era humilde y estaba algo deteriorada, pero don Justo – como lo conocieron en aquellos parajes- poco a poco la transformó en un hogar cálido y acogedor.
Alcira se dedicó de lleno a la quinta. Puso plantines de pimientos, tomates, habas y otras legumbres a las que le dedicó todo su empeño.
Justo hubiese preferido un viñedo, pero su mujer que desde siempre tuvo una cruzada personal contra cualquier tipo de fermentación etílica, jamás le permitió que una vid le quitase espacio a sus tomates y pimientos.
Ella soñaba con la esplendida cosecha que con sus cuidados y el sol mendocino le arrancaría a esa tierra… ya imaginaba ella cosechando, envasando, etiquetando y vendiendo sus conservas, entrecerraba sus ojos e imaginaba una gran empresa que no podría llamarse más que “Conservas la Alcira…de Mendoza al mundo”. Mientras tanto el pobre de Justo seguía chocando contra la negativa de poner siquiera una sola parra.
Ese año la cosecha fue espléndida, los frutos rojos eran de un rojo intenso que se asemejaban a brasas, y Alcira, con una devoción y extremo cuidado los cosechaba para luego preparar sus tan deseadas conservas.
Justo observaba la delicada operación y tal vez motivado por el odio creciente hacia la mujer que no le había permitido plantar siquiera una vid, le decía… “Alcira, me parece que esas conservas no están bien esterilizadas”.
Así transcurrió aquel tórrido verano, Alcira envasando y Justo rumiando su bronca.
Una noche Justo tuvo un sueño muy extraño… soñó que los frascos correctamente acomodados en hileras y perfectamente etiquetados, cobraban vida… era como si estuviesen en estado de efervescencia y unas grandes burbujas presionaban sobre las tapas hasta hacerlas saltar.
A la mañana siguiente Justo le contó su extraño sueño a su esposa, y esta le espetó en la cara todo tipo de insultos y agravios al pobre hombre, agregando además en forma desafiante… “¡¿Qué no están buenas mis conservas?!”… “¡Ya verás inútil!”. Y dicho esto preparó una polenta. A los pocos minutos la polenta bullía haciendo burbujas que reventaban en la superficie de la olla, y Justo tuvo nuevamente la visión de aquel sueño, y le imploró a su mujer que no usase las conservas para el tuco.
Esta, hecha una furia no solo que utilizó dos frascos de tomate para la salsa, sino que también se comió uno de pimientos mientras cocinaba.
No había transcurrido una hora desde que Alcira había comido aquella comida que empezó a notar los primeros síntomas. Los párpados se le habían tornado pesados, tan pesados que le costaba levantarlos y su mirada comenzó a tomar una dirección extraña ya que miraba en dos direcciones opuestas – estrabismo divergente – dijo el médico que la asistió después, sus pupilas dilatadas y ese estrabismo le daban una expresión cómica, y Justo, a pesar de la impresión que le causaba, no podía parar de reír creyendo que se trataba de una actuación de su esposa.
A estos fenómenos oftalmológicos le siguieron otros aún más impresionantes, Alcira no podía tragar y ya casi no podía ni articular palabra alguna pero mantenía su lucidez mental. Su boca se había secado y al principio roja, fue tornándose de un azul cianótico.
Poco a poco fue perdiendo la movilidad, primero los miembros superiores luego los inferiores y de pronto se vio tirada en un charco de su propia orina.
Justo estupefacto testigo de esta cruel agonía que sufría Alcira, se inclinó y le dijo al oído… “Si me hubieras escuchado Alcira”.
La autopsia reveló la causa de la muerte precedida por aquellos impresionantes síntomas. BOTULISMO – TOXINAS AISLADAS A Y B
Cuatro años después se erigía en aquella finca una floreciente bodega y como no podía ser de otro modo se llamó “BODEGA LA ALCIRA, DE MENDOZA AL MUNDO”




























EL ENVENENADOR
LA CAPSULA DE LA VIDA ETERNA
Desde el amplio balcón de su residencia de verano contemplaba las luces de la ciudad rebautizada con su nombre y entre el humo de su habano y las burbujas del champagne recordaba aquel 6 de septiembre de hacía ya 24 años, cuando con su pequeño ejército irregular derrocó al Dictador.
Platanolandia había cambiado. No había ninguna ciudad que no poseyera una estatua ecuestre de su presidente. Ni repartición pública, ni hogar que no tuviese un retrato de su rostro rechoncho y sin arrugas… y no era que el tiempo no hubiese transcurrido para el, simplemente no parecía envejecer.
De tanto en tanto algún discurso de algún opositor – ya cada vez menos frecuente porque casi no quedaban- era censurado y reprimido con la misma violencia y entusiasmo de hacía 24 años atrás.
El pueblo lo adoraba y mejor aún, le temía pues se le atribuía poderes sobrenaturales fundamentado en el hecho que no parecía envejecer. Sus compañeros de aquella ya lejana revolución o bien ya habían muerto de viejos o mostraban el deterioro del paso de los años. Pero no era su caso.
Sin embargo el sabía que el ciclo de la vida también se cumpliría inexorablemente sobre su humanidad, y que cuando eso ocurriese su poder se desplomaría. Idea aterradora que en forma de pesadilla solía despertarlo sobresaltado mas de una noche.
En sus extensos discursos cada dos días incitaba al pueblo a sacrificios físicos casi inhumanos, como cuando decidió amurallar con piedras emulando al primer Emperador de la China unificada Qin Shi Huan, los 3200 kilómetros de la costa de Platanolandia, temiendo una invasión de un país imperialista. O como cuando, al mejor estilo del faraón Ramsés, hizo construir una pirámide en su honor.
Envejecer es morir” repetía una y otra vez a su Ministro de confianza… “y el día que eso ocurra…mejor ni pensar lo que me hará este pueblo”.
El Ministro lo sabía muy bien.
Así fue, que vaya a saber de donde y como consiguió la solución para evitar el envejecimiento del líder y conductor de la revolución del 6 de septiembre. Esta venía en forma de cápsula y luego de explicarle la excelente virtud de la misma lo convenció para que la tomase.
Por supuesto que el mercurio tiene algunas facultades beneficiosas pero ingerido en forma de capsulas solo conduce a la muerte. Y esto fue lo que le sucedió al tirano de Platanolandia.
Y si algún lector desprevenido creyó que acá terminó la historia se equivoca, puesto que el Ministro ocultó la muerte del líder y gobernó el por 24 años mas.






EL ENVENENADOR
LA RATA
Enjuto, flaco, de rostro aguzado, con una calvicie solo interrumpida por unos pocos cabellos largos y finos y un bigote ralo. Sus manos huesudas con dedos nudosos rematados en unas uñas largas y sucias. Tenía un andar ligero y nervioso y por su actividad de prestamista era conocido como la rata, y haciendo honor a su apodo vivía como tal.
Su esposa, María Laura sufría todo tipo de privaciones al lado de este monstruo, a tal punto que la obligó a tomar un trabajo de sirvienta y entregarle a el su jornal mensual. Y solo en ese momento le permitía comer una rodaja de pan fresco, porque “el rata” tenía una sola debilidad… el pan.
Este y otros vejámenes que soportaba la pobre mujer no eran nada comparado con algo que había sucedido varios años atrás. Resulta que al poco tiempo de haberse casado ella quedó embarazada de unos hermosos mellizos que parió con dolor, pero mas dolor le produjo la decisión de su marido que al ver a esos hermosos niñitos lo acoso la duda de su paternidad y aduciendo que no los podría mantener, obligó a su madre a entregarlos en un convento.
El rata” solo se daba un gusto y era el de comer dos o tres bollos de pan mientras contaba minuciosamente las monedas producto de su usura, su esposa remendaba sobre viejos remiendos y podía levantar algunas migas de pan que caían al suelo.
Cierto día se instaló en el pueblo una panadería y tal vez, vaya a saber el motivo, todos los días enviaban de obsequio a la casa de nuestro personaje dos hermosas varillas de pan.
Esto ocurrió a lo largo de seis meses, tiempo en que “el rata” notó que iba desmejorando… al principio pequeñas hemorragias nasales que se tornaron incoercibles y fueron acompañadas por una diarrea sanguinolenta.
Ya moribundo y con su ultimo aliento quizo saber el nombre de la panadería que tan gentilmente lo había obsequiado con el pan.
Panadería Los Mellizos” le contestó su mujer, y agregó… “el saborcito se lo daba la cumarina”.