no pasaran

sábado, 1 de junio de 2019

EL ENVENENADOR
SI ME HUBIESEs ESCUCHADO

Justo López vivía junto a su esposa en un paraje al sur de la provincia de Mendoza, hacia ya muchos años que el matrimonio López había decidido dejar la ajetreada vida que le imponía la gran ciudad motivo por el cual eligieron aquel lugar donde podrían darse, entre otras cosas, una oportunidad a su desgastado matrimonio.
El, un triste oficinista que jamás pudo ascender debido a la debilidad de su carácter. Hombre de buen juicio pero de poco temperamento decía el informe del departamento de RRHH de la empresa donde cumplía funciones de cadete desde hacia mas de 15 años. Alcira, su esposa, veía pasar su vida sin otra distracción que los constantes reproches a la indolencia de Justo.
La muerte del tío Alfonso y la herencia que les dejo – aquel campito en Mendoza – parecía que les ofrecería a ambos un volver a empezar. Así fue que Justo López presento su renuncia, hecho que paso desapercibido para la empresa, embalo sus pertenencias y le dijo a Alcira….”nos vamos a Mendoza”.
La casita de la finca necesitaba algunas reparaciones que poco a poco don Justo, como lo conocieron allí, fue realizando.
Alcira se dedico a la quinta y allí puso plantines de pimientos, tomates, habas y otras legumbres a las que les dedicaba la mayor parte de sus horas.
Justo hubiese preferido un pequeño viñedo pero a Alcira que de toda la vida mantuvo una guerra personal contra cualquier tipo de fermentación etílica, jamás le permitió que una vid le quitara espacio a sus tomates y pimientos.
Ella soñaba con la cosecha esplendida que le brindaría esa tierra a la que le había dedicado con devoción única todo su tiempo. Ya se veía envasando esas rojas conservas, etiquetándolas y vendiéndolas ….ya se sentía dueña de una gran empresa de conservas, “Conservas La Alcira”, de Mendoza al mundo….
Justo le decia….”aunque sea en el fondo, dejame poner una vid” a lo que ella se negaba refiriendose a Baco con toda clase de epítetos irreproducibles….”y por otro lado no podrias ni comparar la calidad del vino que harias con la de mis conservas”.
Ese año la cosecha fue esplendida, los frutos rojos eran de un rojo intenso y con los reflejos del sol parecian brasas, Alcira desde muy temprano y con un cuidado extremo fue cosechandolos uno a uno y acomodandolos sobre la larga mesada que se encontraba en la galeria y casi con la delicadeza de un cirujano los fue cortando y separando las semillas para luego introducirlos en envases de vidrios previamente esterilizados, una vez envasados los introdujo en una gran olla con agua caliente para de esa forma pasteurizar aquellas conservas que eran el motivo de sus desvelos y de sus sueños.
Justo observaba aquella operación y quizas motivado por un odio creciente hacia aquella mujer que no le habia permitido entre otras cosas plantar una vid en el fondo del patio, le decia –“Alcira, me parece que el agua de la olla no esta suficientemente caliente y ademas los dejas poco tiempo a los frascos”- tal vez Justo tenia razon, pero Alcira se veia ya en la Feria Internacional de la Conserva Casera y por tal motivo ya ni controlaba esos aspectos de la elaboración que Justo le marcaba.
Asi paso ese torrido verano, Alcira envasando y Justo rumiando. Una noche en que el calor era insoportable, Justo tuvo un sueño… soño que los frascos perfectamente alineados y etiquetados cobraban vida, era como si bulliesen por dentro… el veia en sus sueños unas grandes burbujas en el interior de aquellos frascos y como las tapas comenzaban a hincharse.
A la mañana siguiente le comento a su esposa aquel sueño y ella solo atino a murmurar por lo bajo – “…envidia…envidia”.
El verano fue poco a poco dando paso a aquel otoño, corto pero apacible y con el frio del invierno llegaron las primeras nieves.
Aquella mañana se presento particularmente fria y a Alcira se le ocurrio que una buena polenta con tuco seria un buen plato para enfrentar la jornada.
Aun no sabe el porque pero Justo le recordo aquella pesadilla de una noche de verano y Alcira esta vez no lo murmuro…se lo dijo con todas las letras –“fracasado, inútil, envidioso ¡”.
La polenta bullia en la olla haciendo grandes burbujas que estallaban al llegar a la superficie y Justo, al verlas, tuvo la patente vision de aquel sueño.
- “Alcira – dijo con voz cansada – esas conservas no estan buenas, no las uses”… –“¿Qué no estan buenas….que no estan buenas?” – Repitio – “mira que no estan buenas ¡” – rugio – y de un solo movimiento se trago un frasco completo.
No habia transcurrido media hora desde que Alcira habia engullido aquel frasco cuando comenzo a notar los primeros síntomas, los parpados se le habian tornado muy pesados, tan pesados que le costaba levantarlos y su mirada comenzo a tomar una direccion extraña , miraba en dos direcciones opuestas – estrabismo divergente dijo el medico – sus pupilas se habian dilatado de tal forma que su mirada , sumado al estrabismo era comica y Justo, a pesar de la impresión que le causaba su esposa no podia parar de reir creyendo que se trataba de alguna actuación.
A estos fenómenos oftalmologicos le siguieron otros aun mas impresionantes, Alcira no podia tragar y ya casi ni articular palabra pero mantenia su lucidez mental. Su boca se habia secado y al principio roja fue tornandose azul conforme transcurrian las horas. Poco a poco fue perdiendo sus movimientos, primeros los miembros superiores, luego los inferiores y de pronto se vio tirada sobre un charco de su propia orina pero conservaba tanto su lucidez como su sensibilidad.
Por la cabeza de Justo paso su vida como un huracán y no pudo ocultar un gesto de agradecimiento vaya a saber a quien de tener alli frente suyo, tirada sobre un charco de orina sin poder moverse y presenciando con un profundo sufrimiento su propia muerte….Justo se inclino y musito al oido de aquella mujer que ahora era de color azul y que casi ya ni respiraba – “si me hubieses escuchado”-
No pudo asegurarlo pero le parecio oir la contestación de Alcira – “infeliz, fracasado”¡
La autopsia develo la causa de la muerte de aquella desdichada… Botulismo , toxinas aisladas – A y B.
Cuatro años después se erigia en aquella finca una floreciente bodega y como no podia llamarse de otro modo… Bodega La Alcira, de Mendoza al mundo.







OSCAR NIÑO , agosto del 2007

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