no pasaran

jueves, 30 de mayo de 2019















DE ESPAÑA A LA ARGENTINA














OSCAR ARMANDO NIÑO










DEDICATORIA


A todos los inmigrantes. A los que vinieron y a los que vendrán. A los que cruzaron mares, cielos, desiertos y montañas. A los que la desesperación los llevó a la terrible decisión de abandonar su Patria, muchas veces para no regresar jamás.


























SE DICE DE MÍ...
Yo, Carlos IV fuí el Rey de un vasto Imprio desde la muerte de mí amadísimo padre acontecida en en el año 1778 de Nuestro Señor, y hasta abril de 1808, en el que mi hijo, el Príncipe de Asturías quién fuera conocido luego, como D. Fernando VII, amparado por una turba e influenciado por, entre otros pillos, su tutor, me obligáse a abdicar en su favor.
Mientras que fuí el Rey de España y sus colonias americanas, mi poder era Divino, pues emanaba del mismísimo Dios, al menos así fue desde Recaredo I; y aprovechando lo poco que me queda de memoria por mi vejez y por los dolores de mi exilio, permitanmé que les cuente lo que a mi me contó mi padre Carlos III... Los primeros reyes visigodos eran arrianos o sea que para ellos Cristo era una divinidad menor que descendía del mismo Dios, además la bigamia estaba consentida y la sucesión real era electiva, por lo que la cabeza de un rey valía hasta tanto se encabronase algún general, el que según su humor o lo hacía decapitar o lo hacía decalvar.
Poca o nada era la influencia de la Santa Iglesia entre estos bárbaros venidos del norte; pero si algo tiene la Iglesia es astucia y paciencia, y tal como la serpiente convenció a Eva de hacer pecar a Adán (lo que dicho sea de paso les costó el Paraíso Terrenal), el obispo de Toledo se valió de una hermosa española amante de Recaredo para que abandonase el arrianismo. Y así fue. El trato no solo no les valió la pérdida del Edén sino que todas las partes salieron favorecidas. La española consiguió que sus hijos fuesen los únicos sucesores del trono, Recaredo y a partir de él todos los reyes que lo sucedieron ostentaban un poder directamente emanado de Dios.... y la Santa Iglesia con su dogma, modelar España a su antojo.
Claro esta que ese Poder Divino no fue gratis y muchas de las mejores tierras de España pasaron a manos del clero.
Sobre mi se han dicho muchas cosas que si bien no vienen al caso, citaré algunas para que Ud. que me lee, tambien sepa que un rey tiene enemigos.
Que mi cabeza era tan pequeña que la disimulaban con una peluca, y que mi cerebro era acorde al tamaño de mi caja craneana... que era un inocente y para darle mas peso al argumento contaban una conversación que mantuve con mi padre durante una tertulia en la que se hablaba de la infidelidad de las mujeres. Yo no recuerdo haberlo dicho, pero dicen que le dije a mi padre que... nosotros, los reyes no tendríamos nunca ese problema ya que a nuestras mujeres les resultaría imposible encontrar hombres de mayor categoría que la nuestra, a lo que mi padre,Carlos III expresó... "Que tonto eres hijo mío, que tonto, las reinas tambien pueden ser putas".
Heredé de mi padre un reino sin grandes preocupaciones, hasta se llegó a decir "que la corte de Carlos III era la mas aburrida de toda Europa". También heredé por su consejo al ministro Floridablanca que fue el autor de aquel "cordon sanitario" que pretendía aislarnos de la Francia revolucionaria.
Todo iba bien en mi reino, al menos a mi no me traían noticias de insatisfacción por la carestía de la vida, por los abusos sobre los campesinos ejercidos por los terratenientes, ni ninguna malavenida situación.
Corría el año 1789, politicólogos y filósofos panfletarios llenaron primero la cabeza de los burgueses y luego la de la plebe con eso de que no era cierto que el ejercicio del poder divino recaía sobre los reyes y los primeros en comprobar la teoría liberal fueron mis parientes borbones de Francia, los que bajo el lema de Liberte, Igualite, Fraternite primero perdieron su dignidad real jurando una constitucion republicana y cuatro años mas tarde, sus propias cabezas que terminaron adornando sendos cestos de mimbre ante el regocijo del pueblo.
La política de Floridablanca no me convenció, lo reemplacé por Aranda y a este por D. Manuel Godoy.
Tuvimos que declararle la guerra a Francia porque temía que el mal ejemplo cundiese por mi reino y que mi cabeza tambien rodase o mi cuerpo pendiese de una soga que es un método mas nuestro.
No sé,... ahora que hablo desde el exilio que me impuso mi desagradecido hijo, quien además de exiliarme en Francia me tiene húerfano de noticias de mi patria.
Ahhh... mi España, mi España de los viejos tiempos... algún trovador andaluz le cantará en un futuro... Mater España, de barba peregrina, que falta a misa de doce, que no conoce rutina... masona, judía, cristiana, pagana y moruna.... Mater España, mas guapa que ninguna.
No puedo evitar sino un gesto de amargura al recordar a mi hijo el Principe de Asturías D. Fernando y usurpador de mi trono. Tendría que haber escuchado yo el consejo que me dieron un día al regresar de una de mis típicas cacerías, D. María Luisa y D. Manuel Godoy.
Recuerdo bien ese día porque llegué particularmente excitado y con muchos deseos de entregarme a los brazos de mi reina; entré presuroso a sus aposentos y allí la encontré en una charla con Manolito y casi al unísono me informaron sobre una conspiración que tramaba mi hijo en mi contra. Una vez que hube desbaratado el complot, D. Fernando llorando imploró mi perdón a cambio de darme el nombre de los conjurados a los que hice ajusticiar inmediatamente y a él le concedí mi indulgencia olvidando aquel lamentable episódio sin siquiera sospechar yo que luego organzaría lo de Aranjuez, pero eso... si aún estan aquí, se los contaré luego.
Recuerdo como si fuese ayer lo contento que posaba en familia para que Goya con su pincel virtuoso nos retratase. Se que despúes el mismísimo Goya dijo que aquel retrato reflejaba mas que a una familia real, a un nido de víboras... pero... ¿que se puede esperar de un pintor que retoca sus obras según el momento político?
Mi muy fiel y leal Manolito... todavía tengo vívido el recuerdo de nuestro primer encuentro. Lucía tan sobrio, tan elegante con ese uniforme... esa reverencia ante sus majestades... no puedo decir mas que conmovedora. Ya D. María Luisa me había comentado sobre las virtudes de este hidalgo guardia de corps asignado a la Corte y debo decirlo...en D. Manuel Godoy no solo encontré a un fiel servidor sino también a un amigo.
Que hubiera sido de España sin este Príncipe de la Paz que alejo de nuestros horizontes la amenaza francesa al firmar el Tratado de Basilea. Nuestras defensas sucumbieron ante Francia luego de casi tres años de infructuosa lucha en la que no recuperamos el Rosellón, perdimos nuestra posesión sobre la isla americana de La Española, las finanzas del reino quedaron en un estado de quiebra y las tropas republicanas se acantonaron en Gerona y desde allí amenazaban con tomar Bilbao, Pamplona y Guipúzcoa. Pero en fín, gracias al Tratado de San Idelfonso, la guerra había concluído para nosotros, claro que debímos aliarnos a Francia y comprometer nuestra mutua ayuda bélica...¡¿pero quién osaría declararle la guerra a esta nuestra nueva alianza?!
No quiero agobiarlos con mi relato... por otro lado muchos echos ya no los registro con claridad, pero viene a mi memoria ahora Trafalgar.
Ay Trafalgar... Trafalgar. Seguramente en Cádiz muchos habrán dicho que firmamos la paz con Francia para que esta nos envuelva en una guerra con Inglaterra y en este punto debo reconocer a la luz de los hechos que nosotros, los españoles no llevamos la peor parte. ¿Porque digo esto?, muy simple mientras que el Santísima Trinidad se hundía en la profundidad del mar una oscura noche del 21 de octubre .... Napoleón mostraba su poderío en Austria y dos meses mas tarde en Austerlitz.
Inglaterrra tiene una plaza que se llama Trafalgar Square con una hermosa estatua del almirante Nelson, y nosotros los españoles debemos conformarnos con algún triunfillo pasajero de lo que llamamos la Batalla del 21.
Claro... otra hubiera sido la historia si el almirante Villenueve no hubiera sido tan necio en su afán de borrar su mala imagen ante Napoleón por el desastre que le ocasiono en la batalla del cabo de Finisterre, y no se hubiera empeñado primero en salir a a pelear a mar abierto cuando los almirantes españoles le aconsejaban lo contrario y despues realizar una maniobra que nos puso a merced de los ingleses.
De no haber sido por eso nosotros pasearíamos por Trafalgar Square en Madrid admirando la estatua de Churruca y los "casacones" se referirían a la batalla como la del 21.
Los liberales... que tanto daño le han echo a España, dicen que perdimos porque yo le debía sueldos atrasados a la oficialidad...que no les envíamos vituallas desde Madrid... que la leva reclutó gente sin experiencia ni voluntad, pero eso no era cierto, y de todos modos si hubiese sido así, el amor que el pueblo tenía por su Rey y por su Patria hubiera vencido esas contingencias.
Perdimos por culpa de la necedad de Villenueve y sanseacabó.
Era evidente que Napoleón se había transformado en el amo de la Europa Continental, y trás su fallido intento de invasión a las Islas Británicas, decidió llevar a cabo un embargo comercial a nivel continental, el que solo fue violado por el Reino de Portugal aliado de Gran Bretaña.
Así fue que el Emperador decidió la invasión a Portugal. Para ello necesitaba que yo, como Rey de España autorizase el paso de las tropas francesas hacia Portugal.
Acordamos esto en el Tratado de Fontaineblue, el que, en mi representación refrendó Manolito. Por dicho tratado la zona norte de Portugal sería entregado a Carlos Luis de Parma en compensación de los territorios italianos entregados a Napoleón. La zona central sería reservada para algún acuerdo con Inglaterra, y la sur sería concedida a Manuel Godoy y su familia para que instalase allí el Principado de los Algarves.
Las tropas mas operativas de nuestro ejército invadieron por el norte y por el sur al reino portugués, mientras que las francesas tomaron Lisboa, y recuerdo el día. Fué un 30 de Noviembre de 1807, un día antes, la familia real portuguesa se embarcó rumbo al Brasil y fijó allí su corte hasta el año 1821.
¿Como iba yo a sospechar que Napoleón traicionaría el tratado y que sus verdaderas intenciones eran invadirnos?
San Sebastían, Pamplona, Burgos, Salamanca estaban siendo ocupadas. Las comunicaciones con Portugal y con Madrid... cortadas.
Esta situación de "amistosa invasión" preocupó muchísimo Manolito, así que dispuso en marzo de 1808 que la familia real se trasladase a Aranjuez con el propósito de acercarnos a Sevilla y de allí a Cadiz y si la situación empeoraba, embarcarnos rumbo a alguna de nuestras colonias americanas.
Dicen que el pueblo al enterarse de esta noticia provocó el Motín de Aranjuez... pero eso no fué así...no señores... no fué así.
Otra vez el Principe de Asturias, mi amadísimo hijo D. Fernando que junto a unos nobles que odiaban a Manolito y cierto sector del clero afectado por las desamortizaciones, organizaron una revuelta con gente pagada para que golpeasen y apresasen a Godoy y me obligaran a adbicar en nombre de mi hijo.
Debía salvar la vida ante la chusma, por lo que no tuve opción de entregarle el trono al ahora conocido como Fernando VII. Debo decir, en honor a la verdad, que él intercedió para que no matasen a mi leal servidor y válido.
Y si Napoleón tenía alguna duda sobre la debilidad e ineficiencia de la Corona Española, pués bien...yo me encargué de disiparsela al enviarle una nota donde le decía que me ponía en los brazos de un gran monarca, aliado suyo. Allí él decidió la invasión a España.
Lo que vino después Uds. ya lo conocen.... la parodia de la abdicación de Bayona por la que resultó ser Rey de España el hermano de Napoleón, José que reino como Jose Bonaparte I, la prisión de la familia real (Godoy incluido para regocijo de D. María Luisa con quién tan bien se entendía).
El ingenio popular español no tardó en encontrarle un apodo a su nuevo Rey y lo llamó Pepe Botella aunque no me consta de que José Bonaparte bebiese.
Estoy ya muy cansado y lo que viene es mejor que se los cuente otro...




EL NOMBRE SAGRADO
Lánguidos, monótonos, sin la nostalgia de mejores días pasados, sin la esperanza de mejores épocas futuras transcurrían los días de ese año 1790 en que, en Horcajo de las Torres - provincia de Ávila - pegué mi primer berrido. Así describía mi madre los tiempos de mi llegada a este mundo.
Mi madre era una mujer que si bien nunca tuvo, o al menos nunca me lo manifestó, aspiraciones de una mejor vida, su sufrimiento por la dura vida de Castilla había minado ya sus deseos de vivir y solo encontraba el consuelo en sus oraciones y súplicas al santo que más veneraba, San Gerónimo noble Doctor de la Iglesia cuyo nombre significa el nombre sagrado, y en su honor así me bautizaron.
De mi padre, Francisco Niño, recuerdo algunas largas jornadas en la que solía yo acompañarlo en las agobiantes tareas rurales y maldecir al rey, a las desamortizaciones de Godoy, a los franceses a Dios y a la Santísima Virgen (estos dos últimos, claro está, siempre lejos de mi madre).
Yo no entendía bien porque siempre estaba tan enojado, ni porque maldecía a personas que ni conocía.... porque el no conoció ni a Carlos IV, ni a Godoy, y a los franceses no los llegó a padecer puesto que murió unos meses antes de que sentaran sus reales por las tierras castellanas.
Pero al que más maldiciones de todo calibre hecho siempre, fue a D. Joaquín Garcia Soler y a este pillo de siete suelas le achacaba directamente la responsabilidad de los padecimientos y estrecheches de nuestra existencia.
Mi abuelo, al igual que mi padre, y seguramente mi bisabuelo trabajaron en estas tierras cuando estas pertenecían a no se que congregación religiosa. Durante esos años la renta por el uso de esas tierras no significaban el hambre de nuestra familia ni de ninguna otra, supongo, que allí trabajase.
Con el tiempo esto cambió (yo lo comprendí cuando emepecé a usar mi razón para algo mas que inventar algún juego o pillería de niño). Resulta que los gastos de la Corona, el mantenimiento de su Corte, las locas aventuras bélicas en las que nos envolvía el rey, tenían un costo muy alto y de alguna forma había pués que pagarlas. Y a este tal Godoy no se le ocurrió mejor idea que vender las tierras, que en nuestro caso pertenecían a la Iglesia, a este tal D. Joaquín Garcia Soler - un noble de dudosa procedencia- que nos llevó la renta a valores impagables.
Los campos producían muy poco, apenas para la subsistencia familiar, las cosas estaban cada vez mas caras y este D. Joaquín que nos dejaba sin aire.
Creo que por eso murió mi padre. Y tal vez haya sido una suerte para el desdichado porque no llegó a ver cuando los franceses requisaban aldeas enteras buscando aprovisionamiento para sus tropas y cometiendo todo tipo de tropelías incluso hasta las mas bajas.
Una mañana en la que aún el sol no había asomado por Castilla y el silencio del amanecer era roto por el cacareo de algún gallo madrugador, tomé mis pertenencias que se reducían a una camisa vieja y un par de zapatos rotos que habian pertenecido a mi padre y una navaja de puro acero toledano que había sido herencia de mi abuelo.
Mi madre, entre lágrimas que no podía ocultar me dijo - No olvideís nunca tu apellido hijo mío. Vé con Dios, y que San Gerónimo te proteja-
Por aquellos años muchos desdichados como yo, empujados por el hambre y la desesperación se dedicaron al pillaje y los bandidos y salteadores de caminos pululaban y estragaban los caminos de toda España.
En mi camino hacia el norte y sin destino fijo, me detuve a orillas del río Duero a tomar un descanso. Me recosté a la sombra de un frondoso y añejo árbol y tendido sobre la verde hierba me dormí profundamente hasta que unos gritos de júbilo y alegría me sobresaltaron. Era un grupo de siete ú ocho hombres y dos niños que apenas despegaban un escaso metro del suelo.
Cuando de golpe se toparon conmigo hicieron un silencio largo y grave, luego, uno de ellos, el que parecía mandar al grupo me interrogó, otro, con aspecto de gitano hurgaba mis pertenecias. Afortunadamente la navaja de acero toledana estaba a buen resguardo en mi faja y no llamó la atención de nadie, por lo demás consideraron que no tenía sentido despojar a un pobre diablo que solo tenía una camisa vieja.
Cuando se tranquilizaron se sentaron a mi lado y sacaron una bota de vino, un poco de queso y algo de pan que compartieron generosamente conmigo como si fueramos hermanos en desgracia.
Y vaya si lo éramos. Fueron nuestros antepasados lejanos los que probaron el filo de las cimitarras moras, los que cruzaron el mar desconocido y enfrentando padecimientos indecibles permitieronlé al rey Carlos I vanagloriarse de que en su imperio nunca se ocultaba el sol.
Fue con el esfuerzo de nuestros antepasados que se conquistó el Sacro Imperio, fue nuestra sangre la que regó los campos de Flandes, con nuestros cuerpos se abonó el fondo de los mares en tanta batallas.... solo basta repasar la historia para ver cuán injusta resultó la Corona con quienes no tenían nada más que lo puesto.
La noche había caído a orillas del Duero, yo sentado allí entre este grupo de forajidos no me sentía tan incómodo, y debo confesarles que luego que pasaran algunas botas de aquel jerez que sabía a miel, ya evaluaba firmemente la posibilidad de pedirles que me dejasen unirme a ellos, pero en ese mismo momento recordé las palabras de mi madre - Nunca olvideís tu apellido- y a juicio de verdad nunca escuché alguna mención de que algún portador de mi apellido hubiese sido un bandido. Y no sería yo la excepción.
A la luz de aquella fogata, y tal vez por el alcohol, esos hombres no me parecieron tan crueles ni tan inhumanos, y los relatos que me contaron y a los que me referiré, confirmaron ese parecer mio.
Juan Bautista, así dijo llamarse aquel que presumí fuese un gitano y para mi satisfacción mi presunción resultó ser cierta, no había conocido ni madre ni padre. Habíase criado entre la faldas de una maja de mala reputación allá en el barrio de Sacramonte, lugar ese del que nunca yo había escuchado nada hasta aquella noche. Entré un castellano deficiente y un dialécto que luego me explicó que se llamaba caló y que solo lo hablaban los gitanos como él, me contó su historia.
- Mi bata era quelararí y muy bella, pero aquel chorré no se contentaba con solo mirarla, y como ella se negó, el muy taimado le pegó....y entonces... mi monró, yo no aguanté y lo marelé con esta navaja. Antes que pudiera yo sacar la navaja de aquel gallardó garlochín, él chinel con sus ayudantes ya estaban ahí. Y desde ese chivé vago por los caminos y no tengo miedo ni de los gabiné, ni de nadie mientras que me acompañe mi trabuco y la Virgen de las Angustias


El "Curro Herrera" no siempre fué un bandido.... y así contó cuando se refirió a su historia.
- Tuve mujer e hijos... ellos, mis hijos, murieron cuando la peste amarilla en Andalucía - y luego de un silencio agregó- Y ella... murió de tisteza... ansina fué que quedé solo y como mis desgracias no eran las suficientes, la leva me llevó a Cádiz. Allí los días pasaban sin ningún interés para mi.
Y yo, al igual que todo Cádiz esperabamos, aunque por motivos diferentes, el gran combate naval. Muchos decían que ese iba a ser un espectáculo que iluminaría la bahía y que se vería desde la costa. Por mi parte yo lo esperaba ansioso deseando que una descarga de metralla, una bala de cañon o el sable de un "casacón" me uniesé otra vez, y en un mundo mejor
, con mi amada familia. Pero ni esa suerte tuve. Recuerdo que me embarcaron en el Santísima Trinidad, un mágnifico buque de guerra que parecía indestructible, pero la mayoría de la tripulación, al igual que yo, era la primera vez que ponía los pies en un barco... y nada menos que en un barco de guerra. Pero ibamos confiados en que si la suerte nos resultaba adversa e iriamos de morir, sería bajo el mando de dos valientes D. Francisco de Uriarte y de D. Baltasar Hidalgo de Cisneros. Como verás mi nuevo amigo - dijo refiriendosé a mi- Ni en aquella oportunidad la muerte se apiadó de mí y hoy estoy aquí contandonte esto.
Y luego de un largo silencio nos fuimos poco a poco entregandonós cada uno de nosotros a nuestros pensamientos hasta que ellos se transformaron en sueño.
Al día siguiente repartieron, incluyendomé, lo poco que había quedado de pan y queso y con esta frase nos despedimos: "las desdichas empujan a los hombres al camino, a algunos los guía el diablo y a otros los conduce Dios"
Luego de largas jornadas de marcha en las que casi siempre encontraba algún compañero circunstancial, un camino ancho que discurría por una extensa llanura me depositó en las puertas mismas de Valladolid... y exclamé - Valladolid, pueblo que supo ser corte, Valladolid, morada de Colón y de Cervantes.... ahhh Valladolid... ¿adonde quedó tu destino de grandeza?. y en estas cavilaciones me encontraba cuando de pronto me ví yo a las puertas de aquella ciudad que pudo haber sido y no fue.
Busqué un lugar en el que a cambio de algún trabajo que pudiera yo realizar, me hospedasen por algún tiempo.
D. Antonio "no sé cuanto" porque si me dijo su apellido no lo pude recordar, era un hombre alto, mas bien flaco de pobladas cejas que disimulaban una mirada melancólica y una nariz aguileña que no desentonaba en aquel rostro. Apiadandosé de mi, me dió una escoba para que barriese el mesón cuyo nombre tampoco recuerdo, y me dijo con voz grave - me barres todo el mesón, luego recojes las jarras de las mesas, los platos y los lavas - y agregó- con mucho cuidado, sin romper nada. Habiendo realizado yo aquella tarea que me recomendará mi nuevo patrón, puso a mi disposición un plato de un exquisito y suculento guiso y un vaso de vino. Recuerdo que D. Antonio se sentó frente a mi y me observaba sin decir nada, hasta que de pronto me dijo - Tu me recuerdas a mi niño - yo le pregunté donde estaba él ahora, y aquel buen hombre me contestó con voz muy baja.... - está muerto, lo mataron los franceses- y sin decir más - agregó - termina tu sopa y puedes hecharte en el granero que hay detrás de la taberna.
Esa noche dormí profundamente sobre aquel mullido colchón de paja, por la mañana siguiente cuando desperté, dos ojos me miraban fijamente y con curiosidad, era una lechuza que había elegido aquel granero para pasar el invierno que ya se estaba despidiendo.
Cierto día entraron a la fonda de mi patrón dos hombres que se sentaron apartados del resto y hablaban en voz tan baja que creo que ni entre ellos se escucharían. Sin poder contener mi curiosidad le pregunté a D. Antonio quienes eran aquellos, y en voz baja, casi como un susurro me dijo - Esos son hombres del Empecinado-
Juan Martín Diez "el empecinado" era un jefe guerrillero que combatía a las tropas regulares del ejército francés, que por estos años ya se calculaban en 65000. El grueso del ejército español se encontraba en Portugal, mientras que la "invasión amistosa" de Napoleón estaba asolando España.
Resulta que este "empecinado" había empezado su carrera dando muerte a un soldado francés que había abusado de una moza de su pueblo, me contaron luego que había estado en la campaña del Rosellón y que, tiempo mas tarde con sus irregulares, asedíaba constantemente a los franceses. Justamente, el hijo de D. Antonio había muerto en una de esas acciones en las que acompañaba a Juan Martinez Diez, y allí comprendí porque aquel buen hombre ni siquiera quebró su voz cuando evocó la muerte de su hijo, pués había muerto como un valiente... defendiendo su amada Patria.
Pero llegó el día en que hube de partir y seguí mi camino hacia el norte.
De aquellas largas jornadas hasta que llegué a Villoviado, no tengo nada que decir puesto que nada pasó que haya llamado mi atención. Solo recuerdo la morriña que me invadía al verme tan lejos de mi madre y de los hermanos que dejé en Horcajo de las Torres, debo agregar también a esta evocación nostalgiosa, los enojos de mi padre que por fín comenzaban a cobrar sentido para mí.
Villoviado se cruzó en mi camino hacia ninguna parte o yo me crucé por el suyo... no lo sé. De pronto me ví tumbado a la sombra de un inmenso moral que hacía las veces de centinela de una modesta iglesia, y bajo su reparadora sombra me dormí hasta que unas campanadas que llamaban a misa me sobresaltaron.
Unos cuantos fieles que supongo sería todo el pueblo pués aquel no parecía tener mucho más que quince casas, acudían al llamado del sonoro repiqueteo de una campana. Decidí entonces sumarme a aquel grupo.
La iglesia, tal como ya apunté antes, era muy sencilla. Su retablo mayor decorado con una imagen de San Vitores, santo a quien habían consagrado aquella casa de Dios, la completaban dos retablos menores , uno dedicado a la Virgen del Rosario y el otro al Santo Cristo.
Jerónimo Merino "el cura Merino" comenzó su sermón hablando sobre la Patria y el Rey y sobre el peligro que corrían ambos tras la invasión napoleónica... y que los soldados franceses no eran más que una sarta de truhanes que se robaban lo poco que nos quedaba y que no conforme con ello deshonraban a nuestra niñas.... y que....
No alcanzó a terminar la frase cuando una partida de soldados, que despúes supimos, eran polacos -mandados por un francés- al servicio del ejército imperial, irrumpieron violentamente la misa y al grito de --¡Morts aux Pretres!, destrozaron el atril, golpearon y desnudaron al pobre cura.
Luego incursionaron por algunos corrales y precarias viviendas en las que robaron algo de trigo, un par de ovejas, unas gallinas y unas mulas.
El padre Merino - rojo de indignación- calzose nuevamente su vieja y raída sotana y dijo en voz muy baja -Algo hay que hacer.
Y sí señor que hizo, y yo lo ayude.
Esa misma noche el "cura Merino" - apelativo con el que pasó a la historia- organizo una partida en la que me alisté, y sorprendimos a aquel reducido grupo de soldados y los matamos a todos.
Todos los días viejos, jovenes e incluso niños se sumaban a las filas de este jefe guerrillero y llegó a sumar mas de 2000 hombres que lo seguíamos ciega y obedientemente.
Por mi parte lo acompañé en Tordómar, en el asalto del Palacio Ducal, en Dueñas donde emboscamos 1500 franceses de los que solo se salvaron 200. Estuve a su lado en Almazán y en tantas otras correrías que ya no recuerdo.
Hubo un día que ansioso por ver otra vez a mi madre y a mis hermanos, decidí abandonar al "cura Merino" y despidiendome de él empecé a desandar el camino andado para regresar a Horcajo de las Torres.
Durante el viaje de regreso pensé mucho sobre porque no me alisté con los hombres del "Empecinado" y si lo hice con los de Merino.
Jerónimo Merino Cob - que como tal había sido bautizado- no era un hombre violento, era un religioso devoto y ferviente monarquico, pero dentro de él bullía el volcán ese que hace que un hombre se rebele ante la injusticia. El representaba a mi madre por lo devoto y a mi padre por su rebeldía, y ese fue el motivo por el cual serví a su lado.
De regreso a mi rincón de Castilla, me encuentro de rodillas frente a una cruz que señala el lugar en el que mi madre por fin encontró su descanso eterno. De mis hermanos solo sé por algún vecino que fueron fusilados en Madrid por los franceses... tal vez Goya los inmortalice alguna vez.
Por mi parte, siento frío, dolor y soledad... pero la vida debe continuar y ya encontraré yo una mujer que me dé retoños que renueven el árbol de la esperanza.




YO, EL DESEADO
A la familia real nos unen lazos de sangre... que las ambiciones cortesanas se encargan de desatar.
Mi padre, el rey Carlos IV nunca mostró una real inclinación por los asuntos del estado; mi madre, la reina María Luisa y el válido Godoy eran los que ejercían el gobierno y no escatimaron esfuerzos para granjearse el odio de muchos nobles, clérigos, generales, cortesanos y otros peticionantes cuyos reclamos aguardaban in eternum su curso. Estos conformaron lo que dió por conocerse el partido "fernandino".
Recuerdo aún el proceso de El Escorial. Creyendo Godoy que arrancandomé una confesión de culpabilidad, ¿taparía los años de despojos por él cometidos?. ¿Creía que desacreditandomé frente a los míos sería el sucesor de la corona de España?... Pués no sanguijuela infame, muy a tu pesar mi figura creció como lo pudistes comprobar en Aranjuez.
Dirán que el motivo de aquella cita espontánea que colmo las calles de Aranjuez entre los días del 17 al 19 de marzo de aquel ya lejano año 1808, y a la que concurrieron labriegos manchegos, toledanos, andrajosos de los andurriales madrileños y tanto otro variopinto del bajo pueblo español, fue para impedir que Godoy enviase los reyes a alguna de sus colonias americanas para así ocupar el trono de España con la complicidad de Napoleón... es posible que ese haya sido un motivo, pero la verdadera razón era tanto para nosotros, los "fernandinos", como para ellos, el pueblo, destituir al Principe de la Paz. Godoy nos había robado a todos. Por ello es que las consignas que más se vociferaron en esa jornada fue la de ¡¡¡Viva el Principe de Asturias!!!... ¡¡¡Viva el Príncipe Fernando!!!.... ¡¡¡Muera ese tunante ladrón de Godoy!!!
La turba, envalentonada por la impunidad que otorgaba aquel momento, saqueó el palacio del Príncipe de la Paz. Las fogatas dieron cuenta del lujo obsceno del que se rodeaba el minstro del rey y portador de otros tantos títulos nobiliarios que de seguro lo llevarían a ser el sucesor de Carlos IV.
Yo no lo volví a ver hasta Bayona, pero eso sucedió después. Sé porque me lo informaron que en un principio no pudo ser hallado, pero que 36 hs. después, el valiente Godoy, muerto de hambre, de sed y de miedo, salió del escondite que le proporcionaba un desván y se entregó a los guardias que custodiaban su morada, quienes, con gran esfuerzo para preservar su vida lo escoltaron ante miles de puños que se alzaban amenazantes, sin poder evitar, claro está, que algunos dieran en la humanidad del pobre Godoy.
El Ministro, en su caída arrastró a mi padre quién se vió obligado en abdicar en favor de su amadísimo hijo, o sea yo que me convertí así en Fernando VII Rey de España.
Y si alguién duda de que esto haya sucedido así, no tiene nada más que leer la abdicación de mi padre.
..."Como los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mi reino, y que me sea preciso para reparar mi salud gozar en clima más templado de la tranquilidad de mi vida privada, he determinado, después de la más seria deliberación, abdicar mi corona a mi heredero mi muy caro hijo el Principe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que sea reconocido y obedecido como Rey y Señor material de todos mis reinos y dominios, y para que este, mi real decreto de libre y espontánea abdicación tenga su exacto y debido cumplimiento, lo comunicareís al Consejo y demás a quienes corresponda"...
Los hechos que acontecieron entre el 19 de marzo de 1808 y el 2 de mayo de aquel año fueron vertiginosos. Por mi parte yo me referiré a los que me tocó vivir en forma personal.
Debía arreglar mi partida desde el palacio de Aranjuez a Madrid donde el pueblo recibiría a su rey.
Un día antes de que yo llegara, lo hizo el general Murat con las tropas francesas en representación de su cuñado el mismísimo Emperador Napoleón Bonaparte.
El día 23 de abril el pueblo madrileño recibió con muestras de regocijo y amistad a los franceses en la suposición de que ellos estaban allí para garantizar mi corona.
El día 24, montado en un corcel blanco y con mi guardia de honor atravesé la puerta de Atocha. Dudo de que ni antes ni después, algún soberano español haya recibido semejante bienvenida. Júbilo, algarabía, balcones de los que colgaban guirnaldas, banderas, flores, multitudes abigarradas acompañaban mi paso hasta el palacio real.
¡¡¡Viva Fernando VII!!!....¡¡¡Viva el Rey de España!!!
El entusiasmo y la expectativa que había causado en mi pueblo me conmovió profundamente.
Sin embargo la prometida presencia de Napoleón en Madrid para que diera el apoyo efectivo a mi reinado no se produjo nunca, y eso me producía cierto temor.
Se me comunicó que el día 10 de abril por fín tendría yo mi entrevista con Napoleón pero que sería en Burgos. Delegué los asuntos del estado en la Junta Superior de Gobierno que presidía mi tío el infante D. Antonio mientras tanto durase mi auscencia y escoltado por una tropa francesa nos dirigimos a nuestro destino. Al llegar a aquella hermosa ciudad se me dijo que el Emperador me vería en Vitoria. Como supondrán uds., mi ánimo fue menguando mientras que mi temor iba en ascenso.... estaba cada vez mas lejos de Madrid y más cerca de Francia.
Tampoco tuve suerte en Vitoria y mi próximo destino sería Bayona donde aguardé la llegada del Emperador.
Mientras tanto en Madrid Murat presionaba a la Junta Suprema de Gobierno para que liberase a Godoy y lo enviase a Bayona. Así mismo le comunicaba a D. Antonio que Napoleón solo reconocería como rey a Carlos IV y que publicaría una proclama diciendo que la abdicación a favor de su hijo había sido forzada. Y como si esto fuese poco argumento, Murat les leyó una carta de Carlos IV dirigida a Bonaparte en la que le decía que ..."se ponía en los brazos de su amigo y aliado"...
En cuanto a mí, me ofreció el Reino de Etruria y el matrimonio con una princesa de la casa imperial a cambio de mi reino.
En Bayona caímos en cuenta mi padre y yo del teatro que había armado Napoleón. Mi trono pasaba a mi padre y de mi padre al hermano del Emperador...y así España tenía un nuevo... rey Jose I
Mientras tanto en Madrid, en Burgos, en Toledo, en Pamplona y en muchas otras ciudades crecía un sentimiento adverso hacia los franceses que mas que un ejército de paso a Portugal se habían transformado ya en tropas de ocupación.
En Madrid el general Murat hacía una gran ostentación de su poderío y si algo faltaba para que el pueblo madrileño estallase fue la decisión de trasladar a Francia al resto de la Familia Real .... ¡¡¡Que al infante no se lo llevan!!! dicen que gritaba la gente, y aunque al infante D. Francisco de Paula - candidato posible al trono de España - se lo terminaron llevando, la Revolución había estallado.
Años díficiles los que vinieron, raros... impregnados de nuevas ideas, por un lado muchos españoles veían con buenos ojos a este nuevo rey que traía las ideas liberales de la revolución francesa, y a los que llamamos los "afrancesados".... por otro la Santa Madre Iglesia que veía peligrar las cómodas posiciones y privilegios que había logrado acuñar en España desde los reyes visigodos que utilizaba sus más de 20000 púlpitos para exacerbar el patriotismo... y nosotros, la familia real por otro peleando por la sucesión del trono.
Si señores...tuvimos una guerra de la independencia y dentro de ella una guerra civil... porque así somos los españoles.




CÁNDIDO Y AGUEDA
Un día, ya ilegible sobre un papel amarillo, del año 1838, dice que en Tarazona de Guareña nació una criatura al que llamaron Cándido, hijo de Gerónimo Niño y de Manuela Rodriguez.
Era mi padre - cuando ya tuve yo conciencia de su existencia- un hombre al que los pesares de una vida sin fortuna ni alegrías habían tallado en él un carácter parco, taciturno y muy callado.
No fué por su boca, sino por la de la de don Antonio Torres - pariente lejano de mi madre - quién me contó la historia que ahora les referiré.
- Tus tíos, hermanos de tu padre -
-¿Cuales de ellos? - pregunté-porque sabía que mi abuela había parido al menos ocho hijos.
- Sixto y Eugenio - respondió un poco molesto por haber interrumpido su relato.
- Sixto y Eugenio pocos días después de que tu padre se fuera hacia Villoviado, decidieron ellos hacer lo mismo pero rumbo a Madrid, y como dos eran poco para una aventura me convencieron para que fuera con ellos. Malos tiempos aquellos hijo mío... malos tiempos... los campos áridos no daban siquiera para el sustento diario, las rentas que nos despojaban de nuestra última gota de sangre... el jornal de sol a sol no alcanzaba para nada... en fín, ¿que más daba?. Así fue que me les uní.
Tu abuelo no decía nada y tu abuela lloraba y entre sollozos decía -San Fernando, protégelos, San Fernando ellos son buenos hijos, protégelos-
Aquel dos de mayo Madrid amaneció bajo un cielo rojo como presagiando lo que luego ocurriría.
Una cureña que cargaba una metralla disparó contra una multitud que respondía a una voz que gritaba ¡¡¡vasallos a las armas que se lo llevan!!!
Nosotros corrímos y nos metímos en el Parque de Artillería Monteleón allá en el barrio de las Maravillas donde un centenar se había acuartelado y dirigidos por un par de militares, uno llamado Luis Daoiz y otro un tal Pedro Velarde, ofrecían tenaz resistencia al ataque de los mamelucos.
Creo que fue Daoiz el que nos gritó... - ¡¡¡Un español caído no es más que un fusil que pasa a manos de otro español!!! - así que de pronto nos vimos tus tíos y yo tirandolé a los franceses ... - ¡¡¡Que viva España!!! gritabamos cada vez que dabamos sobre la humanidad de aquellos invasores, y te aseguro que gritamos eso muchas veces.
Cuando hubo de acabarse las balas, arrojabamos piedras y cuando ya no hubo más piedras buenos fueron los palos para golpear aquellas cabezas engalonadas con morriones de piel.
Al final la resistencia cedió y fuímos capturados. No habíamos quedado más de 15 o 20 y entre nosotros una mujer que al ser arrestada tenía en sus manos una tijera. Luego supe que se llamaba Manuela Malasaña y que era la costurera del barrio de las Maravillas.
Nos ataron codo con codo y nos llevaron a La Moncloa. Ya teníamos la certeza de cual sería nuestro final porque, aunque la rebelión había sido totalmente sofocada, se empezaron a escuchar seguidillas de disparos aislados y eso no podría indicar mas que una cosa....había comenzado la represalia.
Nos agruparon de a 5 y nos pusieron contra un paredón. En el primer grupo iban los hermanos de tu padre.
No tenían miedo, eso te lo puedo asegurar yo.
Un manchón rojo apareció de repente en el pecho de Sixto, su camisa blanca me pareció mas blanca aún. Lo ví caer de rodillas, sus brazos extendidos parecían querer llegar al cielo. A su lado yacía boca abajo Eugenio, su boca abierta como queriendo gritar su último ¡¡¡Viva España!!!.
En el segundo grupo, el capitan Luis Daoiz, y Pedro Velarde que cayeron contra el paredón y despaciosamente se fueron deslizando hacia el piso manchado de sangre. La bala destinada a Manuela le destrozó la cabeza pero antes se le escuchó gritar...¡¡¡Mueran los franceses!!!
- ¿Y ud. don Antonio?, - Yo hijo mío tuve suerte pués la bala me dió en un brazo y me dieron por muerto.
Agueda Baquero, salvo por el hecho de haber nacido en el seno de una familia rica en pobrezas, mucho se parecía en belleza y virtudes a la Santa Agueda de Catania. Componían su familia, su Madre D. Ana, mujer gruesa y mandona, su abuela por parte de su madre D. Antonia, una viejecilla ciega que se pasaba el día entero rezando, su padre un jornalero de una peseta diaria y sus hermanos que - según dicen las malas lenguas- expulsados por el hambre y la desesperación habían formado una banda de salteadores de caminos que por aquellos años asolaron Castilla. Su madre les prohibío que regresasen a Horcajo pero ellos prometieron que algún día regresarían a sacarlas de aquella miserable vida.
Al respecto, y por el honor de la familia, será justo contar que los verdaderos motivos por los que se fueron, que no fueron precisamente la sed de aventuras, ni porque quisieran abandonar a su padre menguando así el ingreso familiar.
Eso lo veremos más adelante si es que el lector decidé dedicarle unos minutos más a este relato.
El hogar que Agueda compartía con su familia no era más que una choza construida por una mezcla de barro y paja de trigo llamada bálago. En su interior, sobre unos tirantes apoyados sobre el piso de tierra reposaban unos camastros que a su vez servían de asientos. El decorado de aquel hogar humilde lo constituía una repisa en la que descansaba una imagén de la Virgen María y sobre la pared un afiche de Rafael Molina "Lagartijo" del que su padre era admirador y a todos les contaba que lo había visto en un duelo con Salvador Sanchez Povedano"Frascuelo". Una única puerta en dirección opuesta a los vientos dominantes de Castilla era la única comunicación con el exterior.
Y así eran, por lo general todas las viviendas de aquel pequeño pueblo.
Padres Nuestros, Aves Marías y demás rezos parecían acercarla cada vez más a Dios y a los Santos que a los hombres. Pero Cándido Niño se parecía a un santo y tan devota se hizo Agueda que le regaló nueve angelitos. Pero eso... eso ocurrió después.
Tal como la describió la pluma que ha escrito estos renglones, Agueda era bellísima y virtuosa. Y si no perdió su honor y tal vez parte de su humanidad tal como le sucedió a la virgen de Catania fue por la aparición prodigiosa de uno de sus hermanos que, ni en estos días actuales, ni menos en los pasados, se supo cual fué.
Remigio Larrea era un solterón de mas o menos unos cincuenta años, " un honesto hombre de negocios" como le gustaba mencionarse a sí mismo.
Decir que era feo era un halago. Su nariz grande resaltaba como un hocico de cerdo por debajo de esos dos pequeños ojos, su barba rala y desprolija intentaba ocultar una cara picada por la viruela.
Por su profesión de único comerciante y acreedor permanente de la mayoría de los campesinos de Tarazona, suponían que sería un hombre muy rico y seguramente que lo era no solo por su actividad de usurero, sino también una vida de miserias y privaciones que suelen imponerse los aváros.
La vida, desde que comenzamos este relato no había variado para los pobres campesinos, ni para los pequeños propietarios ni para los jornaleros.
A las desamortizaciones de Godoy siguieron la José Bonaparte, estas además agravadas con las confiscaciones necesarias para el avituallamiento de las tropas francesas instaladas en España, luego vinieron la de las Cortes de Cadiz para financiar la guerras de la independencia, las del trienio liberal (1820-1823) que incluyeron las propiedades de la Inquisición que cotizando al 15% de su valor nominal permitió que los ricos capitalistas las adquiriesen para arrendarlas luego a un valor muy superior y despojando a los labradores que no cumpliesen puntualmente.
Vinieron luego las Mendizabal (1836-1837) que afectaron las propiedades del clero regular y que fueron adquiridas por las oligarquías adineradas. Siguieron las de Espartero en 1841 y las de Madoz (1854-1856).
En definitiva las desamortizaciones liberales constituían un abuso y un expolio gravísimo sobre la población rural y de los campesinos que dependían de ellos condenando a millones a la emigración y a la proletización de ciudades. Es decir que las desamortizaciones significó la destrucción del sistema de vida de millones de personas.
Pero volvamos a Agueda Baquero. Su padre, como ya lo había dicho y si no fué así, lo diré ahora, era un jornalero que trabajaba la mitad de los días del año, por lo que, él como otros igual a él, se veía obligado a incorporaban a toda la familia en los trabajos rurales.
Ese día de julio, el grupo familiar, menos Agueda que se había quedado recogiendo leña cerca de la humilde vivienda, se encontraba ocupado en la siega del trigo.
Momento que aprovechó el ruín y ladino Remigio Larrea para saciar sus bajos instintos, pero Dios, o la Santa de Catania, o solo la suerte jugó del lado de Agueda.
Alertado por los gritos de terror que de su boca salían ante aquel ataque infame, apareciosé uno de sus hermanos - nunca se supo si fue José, Miguel o Idelfonso - que abalanzadosé sobre el agresor de su hermana lo degolló con un solo golpe de hoz.
Han de imaginarse los que lean este relato, lo que supondría en la España de 1850 tal acto que sobre una persona con dinero cometía un jornalero que nada poseía.
Así fué que los tres hermanos se vieron obligados a abandonar la familia y el terruño y llevar a partir de alli, una vida de fugitivos.
Pero volvamos a Cándido y Agueda.
De ella ya hemos hablado, de él diremos que era un mozo bien parecido, de ondulados cabellos rubios y ojos claros, y a pesar de que no le deben de haber faltado motivos para ser malo, su mirada era serena y su sonrisa transmitía inocencia y seguramente de eso fue lo que enamoró a Agueda.
Un 20 de agosto, de un año que no se pudo precisar, aquellos tórtolos, con la Virgen de la Horcajuela como única testigo, se juraron amor eterno y de ese juramento nacieron Andrea, que solamente vivió un año, Julián, Benigno, Elisa, Melitón, Domingo, Ramón, Idelfonso y Ponciano, y serán, alguno de ellos los encargados de continuar con este relato.




POR DIOS, POR LA PATRIA Y EL REY
Yo, Julián, el mayor de los varones de Cándido y Agueda, ya mozo de 18 o 19 años, disfrutaba feriados y fiestas de guardar escuchando ricas historias que contaban los parroquianos en el mesón "D. Carlos" tal como rezaba el cartel clavado en el frente sobre la puerta de madera flanqueada por dos ventanas tapadas por sendos lienzos viejos que hacían las veces de cortina, en su interior, tres mesas con un número inconstante de sillas según el humor de la clientela, un mostrador de madera mellado a fuerza de tantos cortes, sobre el, una bordalesa y unos vasos y sobre la pared detrás del mostrador, a manera de decorado un cuadro del D. Carlos María Isidoro - hermano de Fernando VII- y una boina roja.
Don Juan, como lo conocía todo el pueblo se acomodaba siempre en el mismo lugar, contra la pared lateral, un brazo apoyado sobre el mostrador y el otro sobre la mesa en la que siempre había un vaso de un vino que parecía absorber los rayos del sol que entraban por la ventana cuando la cortina estaba recogida.
Este personaje infaltable esperaba que se juntasen tres o cuatro clientes y al grito de "Por Dios, la patria y el rey" comenzaba su relato y esto decía...
-D. Fernando VII, fue siempre un villano... miren que eso de derogar la Pragmática al borde de la muerte, recuperarse y derogar lo que antes había derogado para volver a morirse... eso, sres. no es de buen rey... y vean uds. las consecuencias que le trajo, y que seguramente le seguiran trayendo a España por muchos años...quizás muchos más de los que podamos vivir nosotros- haciendo un silencio para ver la atención que captaba sobre el resto de la concurrencia- continuaba. Y yo,... yo lo escuchaba con atención.
- Y esa reina, D. María Cristina, cuidando los intereses de la única hija de D. Fernando... esa, la que despúes se coronó como Isabel II,... y el pobre D. Carlos que tendría que haber sido rey y no lo fue... y la guerra era inevitable.
A esta altura del relato, Don Juan le pedía a patrón del mesón otro vaso de vino y que le fuera preparando un cocido madrileño.
Y continuaba asi
-Por un lado esos liberales que todavía soñaban con la constitución de Cadiz, y ahora apoyando a Isabel, por el otro nosotros, los pequeños propietarios empobrecidos, los artesano arruinados, los monarquícos verdaderos- decía D. Juan con aire de suficiencia- y con nosotros la Iglesia, esos siempre han estado con la monarquía - agregaba-
Y frunciendo el seño decía- ¿que tanta igualdad jurídica?, ¿que es eso de querer separar a la Santa Madre Iglesia del estado?, no me vengan con eso de que hay que abolir los fueros tradicionales- y si quedaba alguna duda sobre el conocimiento del tema lo remataba con lo de los apoyos.
-Fijesé mocito - decía dirigiendosé a mí- ¿Quienes son los que apoyan a los liberales de Isabel?, ¿no lo sabe?, pués quienes van a ser sino esos paises que han dejado de creer en el poder que Dios Todopoderoso le ha otorgado a los reyes para que nos guíen con su sabiduría, hay los tiene, Inglaterra, la Francia, Portugal... liberales.
En cambio a Don Carlos María Isidoro lo apoyan Austria, Rusia, Prusia, ¿y que son esos imperios sino los imperios de Dios?
Ya un tanto enardecido por su discurso -irrefutable para los que lo escuchabamos- casi gritando decía....Mueran malditos liberales, por su culpa España se mata entre hermanos, y lo que es peor así seguiremos por mucho tiempo....tanto que ninguno de nosotros podrá ver el final de la guerras carlistas.
La noche iba ganando su espacio, los últimos parroquianos se despedían y don Juan sentado en la misma posición de la mañana musitaba... Pobre España mía.




CARTAS A MI MADRE
Amadísima madre:
Hace quince días ya que hemos arribado al "florón de la Corona", tal como la describió el el Capitán General del puerto de A Coruña con motivo de la despedida de las tropas del Regimiento de Castilla n°16, del que con orgullo, formo parte.
Debo contarte que el acto de despedida fué muy emotivo y contó con una gran concurrencia. La gente más pobre, como la nuestra abrazaba en un abrazo interminable a los reclutas, madres, padres, hermanos, novias y esposas parecían despedir a los combatientes tal vez con la firme presunción de que no los volverían a ver nunca más. Los más ricos se mostraban felices y nos saludaban alegremente, y seguramente que su alegría y felicidad no era por nosotros sino por sus hijos a los cuales les compraron la excepción por 2000 pesetas. A mi lado había un mozo, que calculo tendría la edad de mi hermano Domingo, unos 28 años, que gritaba desaforadamente en contra de una mujer muy elegante no pudiendo contener mi curiosidad le pregunté a que se debía eso, ¿y sabés madre que me contestó? - Estoy aquí, camino a la muerte por culpa de esa mujer que me delató por desertor y así exceptuar a su hijo- como verás madre, la perfídia a ganado el corazón de algunos españoles.
Luego de 20 días terribles de navegación en los que dormimos mal y comimos peor, avistamos las costas de Cuba. Su mar es increíblemente azul pero para nuestro pesar es lo único hermoso que puedo decirte de esta isla antillana.
Muchos nos preguntamos porque estamos aquí. Algunos, sobretodo los catalanes dicen que estamos acá para defender las pertenencias de los capitalistas y esclavistas españoles que son los mismos que nos han mandado a este infierno.
Otros dicen que esta es una guerra sin sentido y que terminaremos entregandolé Cuba a los "tocineros" como le dicen a los estadounidenses... en fín, como sea, yo quiero creer que estamos defendiendo a la patria.
Madre, tén fe que volveré pronto y sano y cubierto de honores.
Abraza fuerte a mi padre y a mis hermanos, y para tí todo el amor de tu hijo
Melitón


Santiago de Cuba, Abril de 1886




Diario El Norte de Castilla 02 de marzo de 1895
"Hoy no peligra afortunadamente, ni puede peligrar la integridad del territorio nacional. Nadie que no este loco piensa que el filibusterismo triunfe. Pero peligra la dignidad de España, que no es compatible conque la cosas continúen como hasta hoy. Es necesario acabar de una vez envíando barcos si barcos son precisos, hombres si hombres son precisos, cuanto contribuir puede a hacer que se respete la bandera española en todo el territorio cubano."


Diario El Norte de Castilla 03 de marzo de 1895
"No puede menos verse con sorpresa, aún siendo esto en España cosa tenida por natural, el gran número de militares que voluntariamente se ofrecían para combatir a los enemigos del orden y de los supremos intereses de la patria en la manigua cubana, sin cuidarse ni un ápice de las tremendas amenazas de aquel clima, ni de las penalidades consiguientes a toda lucha."


Mi muy amada madre:
Nuestra instrucción militar consistió en reunirnos en rebañitos y por turno en los que nos enseñaban las voces de mando, los toques de corneta, el mecanismo del fusil mauser, que incluso era totalmente desconocido para los quintos, cabos y sargentos, la manera de cargar y descargar, apuntar y hacer fuego procurando que cada uno de nosotros hicieramos un par de disparos para considerarnos ya fogueados. Los combatientes cubanos, entre los que hay españoles, arrasan y queman los tupidos cañaverales y los ingenios azucareros, y reciben apoyo de la población rural, por lo que nuestro Capitán General D. Valeriano Weyler decretó la reconcentración de estos en reservas vigiladas y nuestra tarea es ahora requisar el campo y trasladar a la gente a esos campos de concentración.
Entre ellos hay muchos negros y mulatos, pero tambien blancos y por su condición me hacen recordar en mucho a nosotros, los pobres asalariados rurales de Castilla.
Todos los días recorremos al menos 10 horas subiendo y bajando empinadas lomas, muchas marchas las hemos realizado bajo lluvias torrenciales y otras bajo un sol ardiente... los insectos y la humedad siempre nos acompañan, día y noche. Luego de esas largas jornadas volvemos a nuestro campamento y compartimos un mendrugo de pan y un arroz que sazonamos con nuestras lágrimas pués sino no tendría gusto a nada. Luego de tan frugal comida nos hechamos a dormir en el suelo sucio con estiercol en el corral donde encerramos los caballos cuidando de que estos no nos coceen mientras dormimos. Dormir es tarea imposible porque los combatientes cubanos, desde sus fuertes posiciones nos tirotean continuamente causando un estruendo atronador que hace imposible conciliar el sueño. Mañana tendremos otra jornada igual a esta que te describo y pasado mañana será lo mismo hasta que esto algún día acabe.
Querida madre, ya no me interesan los honores, solo pienso en volver.
Con el amor de siempre saluda a mi padre y a mis hermanos.
Melitón


Santiago de Cuba, Mayo de 1895


Diario El Socialista 1° de Mayo de 1896
"Al celebrar la fiesta del 1° de mayo los obreros españoles, conscientes de su dignidad y posición social, imponesé como primer deber el de protestar de la guerra que lleva a Cuba a morir y a matar a tantos trabajadores, cuyo progreso moral y material en nada dificultan a los insurrectos y sí los que contra ellos los envían."
Miguel de Unamuno


Diario El Imparcial 12 de julio de 1896
"Cada bohío es una estación telegráfica y cada campesino, un servidor de la insurrección. Como consecuencia los soldados españoles ni siquiera pueden dormir en las casas de los pueblos porque les roban incluso las armas y municiones. Los movimientos de las columnas peninsulares son reseñadas por los "pacíficos" con toda suerte de detalles, mientras que las informaciones alternativas estan plagada de errores. De este modo el juego de marchas y contramarchas se revela agotador y estéril. Los soldados se mueren literalmente de hambre, mientras experimentan enfermedades e infecciones propias de un país tropical. Tal es el balance de "tantas idas y venidas inútiles" como hacen nuestras columnas".


Adorada madre:
Nuestra situación aquí empeora día a día y no por las balas enemigas. Debido al decreto del Capitán General Weyler, los campos han quedado despoblados y los alimentos escacean cada vez mas pués no quedan ya labriegos en el medio rural.
El calor y la humedad cada día más insoportables, las marchas forzozas, ya sin sentido, los días de ayuno y la falta de descanso han minado ya mis últimas fuerzas. Madre, me siento enfermo y afiebrado y mi aspecto no debe ser muy bueno pués mi sargento me dió permiso para que consulte por mi estado en el hospital militar de Santiago.
Ya muchos de nosotros han muerto a causa de estos pesares, el vómito negro, la difteria y otras dolencias estan minando nuestras columnas y yo, algunas noches pienso si esto es necesario, si es justo que los hijos de España sigamos entregando nuestras vidas a cambio de nada. Los pobres somos explotados en los campos de España y como si eso fuera poco nos traen a morir en tantas guerras que ni entendemos ni nos interesan.
Querida madre, mi espíritu esta quebrado y solo me mantiene en pie el recuerdo suyo, de mi padre y mis hermanos.
Melitón
Santiago de Cuba, 18 de octubre de 1896




D. Cándido Niño / D. Agueda Baquero Valladolid, 02 de enero de 1987
De mi consideración:
Cumplo con informarles a Uds. que vuestro hijo Melitón Niño, quién revistaba en el Regimiento de Infanteria "Castilla n°16". Ha muerto el 27 de octubre de 1896 en el Hospital Militar de Santiago de Cuba, en el que fué internado por fuerte fiebre y dolencias estomacales.
El servicio que le ha prestado a la Madre Patria será recompensado, si fuese necesario y a vuestro pedido, por el voluntariado de ayuda al combatiente.
Viva España


D. Antonio Segura
Comandante del Reg. de Artilleria
"Castilla n°16"




TARAZONA DE GUAREÑA
Pequeña aldea de la provincia de Salamanca, refundada en la Edad Media por los Reyes Leoneses - de allí son Cándido, Agueda, Domingo, Basilisa y los hijos de estos, que en España fueron siete.
Tarazona, pequeña aldea de casas de adobe y techos de paja levantadas por las propias manos de sus habitantes, jornaleros de sol a sol.
Tarazona que todos los 29 de septiembre olvida sus dolores y pesares - que no son pocos- y se llena de alegría para venerar a su santo patrono Miguel Arcangel.
Tarazona, calles de tierra caminadas una y mil veces rumbo al campo a pastorear los rebaños y labrar los campos siempre ajenos.
Una iglesia - la de Miguel Arcángel - modesta sin más atributos que un altar custodiado por un Cristo doliente y una pila bautismal por la que han pasado todos sus pobladores.
Tarazona, a veces cubierto por un cielo azul, límpido que invita a soñar con un futuro promisorio y otras, por un cielo oscuro que vaticina grandes tormentas.
Y el río, el río Guareña que visita las cercanías del pueblo en su infinito viaje hacia el Duero.
Así era Tarazona, así es y así será.... Gracias a Dios por los siglos de los siglos.
Y aquí en esta aldea igual a muchas otras aldeas castellanas se conocieron Domingo y Basilisa. Mejor dicho, ella cedió ante los requiebros del mozo, porque conocerse se conocieron de siempre.
Domingo, hijo de Cándido, el jornalero y Agueda, de profesión "pordiosera". Y Basilisa, hija de Cecilio Viruega, el alguacil del ayuntamiento y de Amalia Martín de profesión "propia del sexo", decidieron unir sus destinos para siempre.
Domingo heredaba de su padre la cabellera rubia y los ojos celestes, y del duro trabajo mal recompensado, unas manos callosas y un carácter parco. Pero a diferencia de su abuelo carecía de esa mística al sacrificio fatalista que soporta con mansedumbre las disposiciones de Dios y del Rey.
Basilisa, era una doncella de medianos encantos y superiores honestidades. Ni linda ni fea, de carácter fuerte y espíritu indomable, si Miguel de Cervantes la hubiese conocido seguramente ella hubiera sido uno de los tantos personajes femeninos del caballero de la triste figura, pués en ella se encarnaba la escencia de la mujer castellana.
Tal vez un domingo de misa, o en un festejo del 29 de septiembre en el que Domingo hizo un pase de pecho en la corrida de toros... nadie sabrá nunca la circunstancia, algunos dirán que fue bajo el cielo diáfano de Tarazona en el que sellaron su amor, otros dirán que fue bajo ese cielo encapotado en que se juraron juntos una vida mejor... vaya uno a saber...
Valentin, Julían, Germán, Felisa, Cristina, Agustín y Paz (Manuel nació en Argentina) fueron los hijos de aquel amor en tiempos difíciles.
Por esas callecitas de tierra seguramente habrá correteado Julían - mi abuelo- con sus hermanos, sin duda habrán mojado sus pies en el manso río Guareña. Tal vez un maestro particular les habrán impartido los primeros conocimientos de la lengua y los misterios de las matemáticas. Habrán ido a la misa dominical y seguramente escucharon muchas historias de dolor y pobreza.
Una mañana de agosto, Julían vió a su madre sentada con su cabeza entre los brazos, y con sus 14 inocentes años se acercó a ella y le preguntó -¿duermes madre?- ella se irguió y allí vió sus ojos llenos de lágrimas y un gesto de dolor e impotencia, y esto le dijo - tu tío, mi hermano Angel a muerto en Melilla- secó sus lágrimas con su delantal y corrió en busqueda de mi padre.
Esa noche, bajo la luz de un candil mi padre nos sentó alrededor de la mesa y nos contó la historia de los Comuneros de Villalar, y así se la contaré a mis hijos...."Tu tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor".
El rey extranjero, como decía mi padre al referirse a Carlos I, trajo consigo una corte tambien extranjera, dejando fuera de consideración a los nobles castellanos. Además, este rey estaba más preocupado en convertirse en Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que en gobernar a España, y para ello no escatimó los recursos de Castilla condenando al hambre a sus súbditos. La lucha era inevitable, y al final los comuneros fueron derrotados y masacrados en Villalar un 23 de abril de 1521 y sus cabecillas, Padilla, Bravo y Maldonado fueron apresados y ajusticiados.
- Y tú padre¿por quien hubieras peleado en Villalar?-preguntó Julían-
- Hubiera peleado por Castilla, por los comuneros, y mas adelante también lo hubiera hecho por la Constitución de 1813... pero hoy despúes de tanto rey y de tanto político que una y otra vez dieron la espalda al pueblo y solo nos usaron para regar con nuestra sangre tanta guerra sin sentido... tanto rey y tanto político que nos sumieron en la miseria... ya no sé si pelearía.
-Ya es tarde - dijo mi madre - mejor que descansemos que mañana tenemos otra dura jornada.
- Si Basilisa, tienes razón - dijo mi padre - ya es tarde... para España.




MELILLA
A pesar que mi padre nos tenía prohibido escuchar conversaciones entre personas mayores, ese día de octubre de 1909 me permitió presenciar el díalogo que mantuvo con D. Manuel Viana, hombre este mayor que mi padre de blanca cabeza y muy instruído, de hablar pausado y con un timbre de voz que denotaba su edad.
- Vea Domingo, yo le voy a decir como son las cosas:
Ud. seguro que sabe que esto de los reservistas es para ocupar a la oficialidad, porque si hay algo que sobra en este país es hambre y militares de carrera.
Lo de Melilla es para que olvidemos el desastre del 98 en Cuba.... bueno, allí quedó su hemano, así que Ud. seguro que comparte conmigo que aquello fue un verdadero desastre. Pero ya vé Ud. mi querido amigo, no importaron los muertos en Cuba para defender las plantaciones y el negocio de los esclavos de D. Maria Cristina de Borbón... no, no fue suficiente.... ahora tuvimos que mandar a nuestros hijos a morir a Africa para resguardar los intereses mineros del conde de Romanones, y no se extrañe Ud. que nos sigamos matando unos a otros en otra guerra carlista o guerra civil o lo que fuere.
En lo que a mi respecta - agregó D. Manuel - Ceuta y Melilla, que sean españolas o marroquíes lo mismo me dá. A lo que mi padre asintió y con aire desinteresado opinó - si esos territorios que la mayoría de los españoles no conocemos y que no nos son de ningún provecho y solo sirven para que allá vayan a morir los que no pueden pagar las 2000 pesetas para exceptuarse, pués es mejor que sean marroquíes.
Yo escuchaba atentamente esa conversación pero mi curiosidad por el tema se la plantearía a D. Julio, el cura de la Iglesia de San Miguel Arcangel.
D. Miguel se disculpó con mi padre por carecer de tiempo para continuar esa conversación pero se prometieron un próximo encuentro para seguir hablando sobre el tema.
Al cabo de unos días tomé coraje y fuí a visitar a aquel cura que talvez opinara de otra forma sobre aquellos territorios tan lejanos de Tarazona.
D. Julio era un hombre pequeño, casi calvo, de pobladas cejas y ojos vivaces que aparecían por encima del marco de nácar de sus anteojos, siempre enfundado en esa sotana marrón sujeta por un cordón que se ceñía sobre su pronunciado vientre - a mi se me ocurría que su aspecto se asemejaba a un peón de ajedrez-
Casi sin saludarlo le pregunté - sin hacer referencia de donde lo había escuchado- sobre Ceuta y Melilla. Y así me contestó luego de acomodar sus anteojos...
-Mira hijo, es esa una historia muy... muy larga, tan larga como la historia de la tierra que pisas... tan larga como la historia de la misma España, porque Ceuta y Melilla -hizo una pequeña pausa y luego con una voz potente, casi como un grito, exclamó - Porque Ceuta y Melilla son la misma España.
Verás - prosiguió su relato - los primeros, al menos que yo tenga conocimiento en llegar a esas tierras fueron los fenicios, luego los griegos, despúes los cartagineses, trás ellos los romanos y más tarde los visigodos, para perderlas en el 711 d.C. a manos de los moros y Castilla las recuperó 800 años despúes
Veo - me dijo con paciencia - que o no lo entiendes o no te he convencido. Mira hijo... ser español es llevar un poco de sangre, de creencias y cultura de los fenicios, los griegos, cartagineses, romanos, visigodos, moros y judios... eso es ser español y no como dijo ese sabandija de Cánovas "que es español el que no puede ser otra cosa".
Y sobre Ceuta te diré algo más... si alguna vez Portugal se arrogó algún derecho, desde 1580, durante el reinado de D. Felipe II al unificar los dos reinos, el nuestro y el luso, Ceuta formó parte de la Corona Española - luego de pensar un poco y ya con muestras de que su santa paciencia empezaba a agotarse, me dijo- Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de que existiera el reino de Marruecos con su sultán, así que mal puede pretender el hijo ser el padre de su padre...
Las noticias sobre la guerra en Melilla llegaban a Tarazona con algún retraso. Ya sabíamos que la convocatoria de los reservistas había causado una honda preocupación en el seno de las familias de los convocados que dejaban desamparados a esposas e hijos - tal fue el caso del hermano de mi madre- , tambien nos enteramos que el embarque de las tropas había ocasionado grandes disturbios en Barcelona y en Valencia.
Manuel Viana, como ya lo habíamos dicho era un hombre bien informado y generoso con sus saberes por lo que mi padre lo visitaba frecuentemente y mas ahora que quería averiguar sobre las circunstancias de la muerte de su cuñado allá en Melilla.
- Don Domingo - me he anoticiado sobre este desgraciado conflicto que desde los altos mandos militares llaman pomposamente "guerra" con el solo afán que el de colgarse alguna Cruz Laureada. Dicen que todo empezó cuando unos rifeños de esos que viven en las cabilas próximas a Melilla atacaron - al decir del Sr. Alvaro de Figueroa, Conde de Romanones, y propietario de las minas de hierro en el Rif - "barbaramente a los obreros del ferrocarril de las minas, agresión reprimida con energía pues era indispensable imponer castigo ejemplar"- y así fue mi buen amigo como empezo este entuerto.
Me cuentan quienes presenciaron el embarque de las tropas compuestas por obreros que tuvieron que dejar sus familias libradas a las manos de Dios, que la gente se agolpó en gran número y que cantaban "Los obreros de las minas/ Estan muriendo a montones/ Para defender las minas del Conde de Romanones/ Que luego los asesinan". Y con aire de fastidio agregó - vea ud. el triste destino de los trabajadores españoles.
Con respecto al hermano de su seora, D. Basilisa, me he enterado que murió junto con otros 1000 soldados el 27 de julio en Barranca del Lobo, quien me lo contó me dijo además que no fue una emboscada, sino una impericia - una más de tantas - de los mandos militares que solitos se metieron en ese desfiladero quedando a merced de los rifeños.
Cuando la noticia llegó a Barcelona, si los disturbios de la partida habían sido muchos, estos los superaron por varias leguas.... imaginesé, hasta iglesias quemaron. Parece que esta Semana Trágica de Barcelona pasará a la historia.
Y con estos versos se despidió de mi padre aquel buen hombre:
"En el Barranco del Lobo
hay una fuente que mana sangre de los españoles
que mueren por la Patria
¡Pobrecita madres
cuanto llorarán
al ver que sus hijos
en la guerra están!
Ni me lavo ni me peino
ni me pongo la Mantilla
hasta que venga mi novio
de la guerra de Melilla.
Melilla ya no es Melilla
Melilla es un matadero
donde se matan los hombres
como si fueran corderos."




LOS ULTIMOS AÑOS
D. Manuel Viana era un hombre afecto a la palabra, y mi padre a escuchar; motivo este por el cual estrecharon lazos de amistad, y los pareceres y opiniones del encargado del registro civil eran siempre recibidas de buen talante.
- D. Manuel, hace tiempo que quiero su consejo sobre un asunto que me dá vueltas por la cabeza. Verá Ud. - hizo una pausa como para elegir las palabras y continúo - hay días en que en mi mesa solo hay unas rodajas de pan... Ud. ya sabe, el jornal mísero que recibo por la siega del trigo es hoy menor al del año pasado y el patrón dice que el trigo vale cada vez menos y que lo que sobran son jornaleros.
- Vea - como siempre comenzaba los diálogos D. Manuel- lo que ocurre es que el gobierno de la Restauración cuida los intereses de la burguesía textil de Barcelona, y Ud. se preguntará ¿que tiene que ver el trigo con los burgueses catalanes?. Muy sencillo mi amigo, muy sencillo... producir el trigo en Castilla es costoso y la producción es muy baja, entonces el gobierno deja que entre trigo de otros lugares de Europa sin cobrarles ni un duro de impuestos y de esta forma buscan abaratar la subsistencia como medio para evitar el costo de los salarios de los obreros textiles... mas barata les resulta la vida a los obreros, menores salarios pagan los burgueses...¿me comprende?
- Claro que lo comprendo- asentía mi padre - mientras tanto que los jornaleros rurales que revienten, total nosotros no les importamos a nadie. Solo se acuerdan de nosotros -agregó con amargura- cuando hay que ir a Cuba o a África.
- He escuchado - dijo D. Manuel- que las Cortes han aprobado una nueva Ley Agraria por la que se va a estimular a los productores de trigo, grandes y chicos, a que se asocien para producir más y más barato, y que además el Banco de España les daría créditos a muy bajo interés.... pero me figuro que el párroco de nuestra iglesia algo de razón tiene en desconfiar de este proyecto....aunque claro, ya sabe Ud. que la iglesia anda un tanto contrariada con los liberales así que no desaprovecha oportunidad de encontrarles la mosca en la leche.
Pero su problema, mi buen amigo... y le considero a Ud. y a su familia gente buena, honesta y voluntariosa... su problema, lamentablemente no tiene solución en Tarazona. ¿Porqué no intenta buscar algún trabajo mejor rentado en las minas de hierro de Asturias? , y no le digo las de Melilla porque por aquellos lares los moros andan muy revoltosos.
- Al respecto de las minas de hierro de España, como las de cobre, las de hulla y tanta otra cosa que se saca de las entrañas de nuestra tierra, las explotan los franceses y los ingleses, y algunas también con capitales españoles como las del Conde de Romanones, pero lo más gracioso es que se llevan la materia prima gratis, las transforman en trenes, máquinas textiles y no se en cuantas otras cosas más y nos las venden a nosotros.
Me he anoticiado por el diario El Norte de Castilla que hay un astillero en la ría del Nervión allá en Bilbao que esta contratando gente... ¿porque no prueba por allá?,... acá quedan sus hijos que ya son mozos y muy seriecitos, sobretodo Julián.... chico despierto e inteligente ese que tiene Ud. D. Domingo.
Esa misma noche Domingo le dijo a su familia que había resuelto buscar un mejor trabajo en Bilbao, que iría a trabajar en un astillero. Y como era común en España, la decisión del jefe de familia no daba lugar a ninguna apelación.
No vamos a hablar de los preparativos previos a la partida porque no deben haber sido muchos, talvéz una muda de ropa envuelta en un trapo y unas pesetas, las suficiente como para pagar el boleto de tren desde Medina del Campo hasta Bilbao, que fueron ofrecidas por D. Manuel, quién, esto le dijo a mi padre para que recibiera aquel "préstamo" - D. Domingo, la idea fue mía, y si le vá bien... que de seguro será así... el crédito también será mío, así que hombre.... acepte de este amigo este pequeño préstamo.
Pocos días despúes, mi padre arriba de una carreta recorría las siete leguas que nos separaban de Medina del Campo.
Como hacía ya muchos años atrás, alrededor de cien, otro Niño como aquel Gerónimo se dirigía al norte buscando un mejor destino.
Atrás quedaba las amplias llanuras de Tarazona, sus sembradíos y sus olivares y vides. Medina del Campo su primer destino.
- Ahhhh.... Medina del Campo -murmura Domingo- cuna de los Reyes de Aragón, aquí se libró la primera guerra civil castellana entre Pedro I y su medio hermano Enrique... aquí se disputaron el trono entre Juana la Beltraneja y su sobrina Isabel... y como siempre, nosotros los pobres dando por ellos lo único que teníamos... nuestra sangre.
No me detendré hablando ni de Valladolid, ni de Ventas de Baños, ni de Burgos, ni siquiera de Miranda del Ebro pués estas ciudades las ví desde el tren.
Luego de un viaje extenuante llegué por fín al destino que me había fijado, la Estación Central de Bilbao.
Mientras camina por las calles de Bilbao me imaginaba ese Bilbao sitiado por las fuerzas carlistas y la batalla de Luchana que se había librado un 24 de diciembre de 1836 bajo una intensa nevada y en la que el General Espartero pudo al fín vencer el asedio y liberar esta ciudad.
Crucé el puente que sobre el río Nervión y me encaminé por su margen izquierda hasta llegar por fín al astillero de la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques S.A.. Allí un capataz luego de revisar mis papeles me dió un trabajo en la reparación de un buque que estaba en el primer puerto seco de los tres que tenía la compañia. No abundaré en los detalles de mi trabajo allí, donde pasé tres años, y en los que pude ahorrar algunas pesetas que, aunque yo aún no me lo imaginaba, me serían sumamente útiles.
Lo que sí diré es que en Bilbao conocí unos marineros de un buque mercante inglés que despertaron mi curiosidad por conocer sobre un país lejano al que el destino me llevaría.
Luego de esos tres largos años, y con unos ahorros emprendí mi regreso a Tarazona.
El recibimiento familiar fue lleno de algarabía, mis hijos ya eran casi hombres y habían cuidado muy bien de su madre, pero el fantasma de la misería seguía batiendo su manto oscuro sobre nuestra familia. Luego de saludarnos, abrazarnos y besarnos fuí al encuentro de D. Manuel Viana para agradecerle por aquel consejo y devolverle el préstamo que me hiciera tres años atrás. Por supuesto que aquel buen hombre no quiso la devolución de aquellas pesetas y estas palabras me dijo:
- Vea D. Domingo, me doy por bien pagado al saber que mi consejo le fue de utilidad, y ahora digame Ud. lo que me quería contar.
Yo no recordaba haberle dicho que quería contarle algo, pero era cierto que estaba ansioso por decirle algo. Seguramente este hombre era capaz de leer las mentes.
-D. Manuel, en Bilbao he conocido unos marineros de esos que recorren el mundo y que han estado en muchos lugares y me han hablado de un país maravilloso donde no existe la miseria y mucho menos para los que gustan del trabajo.
- Ajá... ¿y donde es ese lugar mi amigo?
-Argentina, D. Manuel, ese lugar es Argentina y queda al otro lado del océano.
- Bueno, D. Domingo.... ¿y se iría solo o con toda la familia?
-He pensado ir con primero con mi hijo Julián, el ya tiene 19 años y ha aprovechado bien las enseñanzas de su maestro, quizás en Argentina consiga un buen trabajo en alguna oficina o algo así. Luego regresaría a buscar al resto de mi familia y cuando logremos ahorrar algún dinero volveremos a nuestra tierra.... a nuestra Tarazona de Guareña.
No conocía el mar - le dijo Julián a su padre - entre asombrado y asustado por la inmensidad que se abría ante sus ojos, cuando desde el puerto de Vigo se encontró por primera vez frente a frente con el océano Atlántico.
Unos 500 pasajeros, que al igual que nosotros, al menos muchos de ellos, llevaban sus pocas pertenencias envueltas en lienzos negros. La mayoría eran familias con niños pequeños que procedían de Zamora, de Burgos, de Valladolid y Salamanca. Había tambien algunos que viajaban solos pero eran los menos. Una vez que hubimos embarcado nos destinaron a la tercera clase tal como indicaba nuestro pasaje,algunos colchones de paja en el piso y unas pocas literas eran las comodidades ofrecidas en este buque vapor de la empresa Nelson Line S.A.
Por delante teníamos con suerte entre 20 y 30 días para llegar a nuestro destino.
Los pitidos anunciaban que el barco al fín partía. Desde la cubierta yo podía ver que atrás quedaban mi patria cubierta por el espeso humo que emanaban de las enormes chimeneas del barco. No pude contener mi emoción y lloré.
-Este viaje me produce escalofríos, y mira padre que yo no soy de quejarme - le decía Julián a D. Domingo- he pensado escribirle una carta a mi madre para contarle esto, pero ¿para qué acongojarla más aún con tantos pesares?. Muy mal se pondría la pobrecita si supiera que acá nos dán de comer unas sardinas con un sabor tan desagradable que apenas se disimula con la cebolla que la acompaña, ni que decir del agua, que según pasan los días el solo probarla produce náuseas. Y ese desasosiego que nos embarga por las noches cuando los ayes y los lamentos invaden este depósito al que llaman tercera clase en el que nos han confinado. Muchos llegarán enfermos, otros talvéz mueran en la travesía.




EPÍLOGO
Y así fue.
Primero mi bisabuelo Domingo con mi abuelo Julían un día marzo de 1913, bajo un cielo encapotado dejaron atrás los prados castellanos rumbo al puerto de Vigo y allí se embarcaron en un buque vapor de la empresa Nelson Line S.A. con unas pocas pertenencias. Aquella travesía que les debe haber parecido eterna, y en la que compartieron dolores, recuerdos y tambien esperanzas con otros compatriotas, llegó por fín luego de treinta dias, a un puerto seguro.
La densa niebla empezó a disiparse y los primeros rayos de sol se reflejaban sobre el oscuro Río de la Plata.... habían llegado a Argentina.
Sé, porque alguién me lo contó, que volvieron al año siguiente a buscar al resto de la familia y que su deseo de regresar a su patria se fue disipando con los años y aunque mi abuelo nunca me hablo de España pude adivinar que su mirada reflejaba esa añoranza infinita de los inmigrantes.




















































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