no pasaran

miércoles, 2 de septiembre de 2020

E EL CIRCO Nada me producía mas alegría y emoción que llegar a algún pueblo del interior con el circo. El desfile de presentación recorriendo las calles de la ciudad recibiendo el saludo de aquellos habitantes que veían interrumpida su rutina diaria, los chicos corriendo al lado de las jaulas que transportaban a aquellas fieras que despertando de su modorra habitual, caminaban nerviosamente en el reducido espacio de sus cubiles. Leones africanos, rugientes...la tigresa de Bengala con esa mirada penetrante, los tres elefantes, conectados cual sinapsis entre colas y trompas, cada uno de ellos flanqueados por sus amaestradores que blandían una especie de estilete largo Seguía aquel cortejo el Hombre mas Alto del Mundo que megáfono en mano anunciaba el inminente debut del circo...los enanos Pepito y Tapita, los payasos, el mago que haciendo alarde de su don dejaba escapar unas palomas de su galera ….el domador de fieras con una malla atigrada y un látigo en su mano derecha el que hacía chasquear de tanto en tanto y cerrando la marcha, la mujer mas hermosa del mundo, mi madre, la ecuyere montada sobre un corcel blanco devolviendo los saludos con ambas manos que aquel público le tributaba. Y yo en brazos de mi padre, el Hombre Volador, el hombre pájaro capaz de volar de trapecio en trapecio con los ojos vendados. Si….nada me producía mas alegría y emoción que la de aquellos desfiles. Luego la actividad febril de armar la carpa...lonas multicolores desplegadas en el piso listas para ser izadas hacia el infinito por un complejo sistema de sogas,cadenas, poleas, tirantes y estacas. El campamento de carromatos en los que vivíamos dispuestos en círculo como aquellas viejas caravanas del oeste americano que se protegían del ataque de los indios. Mas atrás, y por fuera del círculo recién descripto, los tres elefantes amarrados por gruesas cadenas de hierro clavadas al piso a través de una estaca de madera, y más atrás aún las jaulas en las que aquellas fieras salvajes recordarían, si eso fuese posible, tiempos mejores en los que vagaban felices tanto en las vastas llanuras africanas, en el caso de los leones o en las densas selvas de Birmania tierra de la que provenía la tigresa. Sentía yo una gran atracción por esos pobres animales, a los felinos me refiero, y gozaba al verlos haciendo su rutina para el público. Pensaba yo que ese sería el único momento en los que aquellas pobres bestias recuperaban algo de su dignidad perdida. El domador, cuyo nombre artístico era Jim de la Selva, era un correntino que no se como había aprendido aquel oficio, supongo que en la selva correntina habrá enfrentado alguna vez un yaguareté y que habiéndolo hecho huir con gritos y mostrando su machete creyó aquilatar suficientes credenciales para tan delicado oficio. Como fuera que fuese el hombre era muy bueno en lo suyo...y yo lo admiraba y trataba de copiar todos sus movimientos y gritos para con las fieras. Empecé practicando con un par de perros caniches a los que nunca pude obligar a realizar ninguna acrobacia. Luego de implorarle a Jim conseguí que me enseñase primero a realizar el movimiento correspondiente para que el látigo viborease desde mi mano, con el tiempo y mucha práctica conseguí grandes resultados. Luego me enseño a impartir las dos ordenes básicas, el gou y el shit. Deben ser sonidos solo audibles por los leones y para eso deberás practicar mucho, de esos sonidos depende de que los leones te obedezcan. Y también con el tiempo llegue a familiarizarme con ese idioma básico que me conectaba con aquellas fieras. Se percibe la adrenalina del público cuando los ayudantes de pista comienzan con el armado de la jaula en las que se domaran a estos felinos,el nerviosismo del público es evidente, las pupilas se dilatan...la respiración se contiene ante la presencia del domador….el público enmudece ante el primer chasquido del látigo y la fiera que se lanza por encima de la humanidad de ese hombre que solo tiene como protección un látigo y una silla de madera. Por supuesto que mis padres, la Ecuyere y el Hombre Volador no conocían , ni se imaginaban siquiera las habilidades que yo iba adquiriendo, porque, de saberlo mis días en el circo hubieran acabado mucho antes. Ahora les contaré sobre los números que ellos realizaban. Mi madre vestida con una malla de luces llenas de lentejuelas entraba corriendo graciosamente a la pista acompañada de cuatro caballos blancos engalanados por un tocado de plumas. A la segunda vuelta saltaba ella sobre uno de los caballos y parada sobre él saludaba al público al compás de aquel gracioso galope. Luego de un par de giros, un segundo equino se apareaba al que ella montaba y entonces con un movimiento ponía un pie en cada lomo. Pero el momento culmine ocurría cuando se tendía en el suelo y los equinos saltaban sobre ella. Lo de mi padre era también un espectáculo electrizante. A través de una soga subía al trapecio desde el que se columpiaba para crear la energía cinética que movía su rutina. En el caso de mi padre la precisión consistía en la cuenta exacta del tiempo que demoraría en encontrarse con el otro trapecio. Este truco lo llevó a transformarse en el Hombre Pájaro. Por un artilugio que jamás develo logró que los trapecios se volviesen invisibles a la vista del público el que solo podía ver la soga por la que ascendía. Tres columpiadas y se lanzaba al vacio y a la cuenta de cuatro sus manos expertas ya estaban asidas del segundo columpio. A juicio de ser justo debo decir que su rutina era mas conmovedora que la de la de las fieras. Un día, un sábado recuerdo...la última función de la jornada, el circo repleto, el público disfrutaba del espectáculo y aplaudía a rabiar, hasta la presentación de los payasos junto con los enanos Pepito y Tapita había despertado autenticas carcajadas. Tras la presentación del mago que con sus cuchillas y su caja mágica parecía haber mutilado a su ayudante, la que ante la mirada atónita de la concurrencia, recuperó su forma normal. Y el momento había llegado. El ruido de los metales anunciaban el armado de la jaula….la orquesta hacia sonar sus tambores anticipando el momento que todos deseaban ver….Jim de la Selva y sus leones africanos...y para sorpresa de todos, y sobretodo de mis padres...allí estaba yo con mis doce años recién cumplidos y con un látigo en mi mano derecha y una silla de madera en mi mano izquierda. Si uds…ocasionales lectores creen que algo falló, se equivocan...el ejercicio salió de maravillas. Lo que no tuvo el lustre de otras oportunidades fueron los espectáculos de la Ecuyere y la del Hombre Pájaro que estaban más concentrados en el reto que me darían que en su propia rutina. Demás esta señalar el sermón que duró casi una semana y que antecedió al fin de mis días de circo...o al menos de este. La carpa se levantó y el circo se encaminó hacia Chivilcoy, y luego de tres semanas vi con lágrimas en los ojos como el circo partía sin mí, ya que me habían dejado en aquella ciudad en la que vivía mi abuela. La abuela Maria era una mujer enérgica y decidida a cumplir al pie de la letra la recomendación de mis padres, Hágalo estudiar doña María, téngalo cortito. Fue un año difícil, yo no terminaba de acostumbrarme a esta nueva vida y demás esta decirlo, extrañaba horrores la vida del circo y sobretodo no ver a los leones. Pero eso iba a cambiar. Recuerdo claramente que era un 11 de noviembre porque era mi cumpleaños numero 13, llegó un circo a Chivilcoy y la abuela María me permitió darme una vuelta por allí. No sé realmente como fue pero ese mes falté sistemáticamente todos los días a la escuela y me quedaba extasiado viendo como el domador de fieras preparaba su numero. Un día, casi como instintivamente grité Gou¡ y el león salto sobre el hombre y antes de que pudiese reaccionar, la fiera giró y quedó casi en posición de ataque y allí fue que le grite Shit¡ y el león recupero su postura de docilidad. El hombre, casi sin color salió de la jaula y me pegó una cachetada y acto seguido me agradeció. Lo primero fue por desconcentrarme y lo segundo fue por salvarme la vida, y así, de esta manera trabé una entrañable amistad con quien me enseñara los secretos de este oficio un tanto arriesgado. Como supondrán, mi abuela María supo de mi por una carta de despedida que le deje sobre la mesita ratona del living, debajo del cuadrito de la Virgen del Carmen. Ahí le explicaba todo. Agradecía sus cuidados y atenciones, pero que mi vida era el circo. No se si lo entendió o no porque jamás la volví a ver. Allí empezó otra etapa de mi vida. Volvieron aquellos desfiles triunfales en los pueblos que visitábamos, pero ahora ya no iba yo en los brazos de mi padre. Una chaqueta roja con unas guardas doradas, un pantalón bombacha metido dentro de unas lustrosas botas negras de caña alta y armado con un látigo el que manejaba como una extensión de mi cuerpo, creo modestamente que mi figura resaltaba en aquellos desfiles. Desarrolle nuevos trucos que erizaban la piel del público como por ejemplo meter una mano dentro de la boca de un león, o ensayar pasos de baile con dos leones. Y así se sucedieron varios años hasta que ocurrió lo inevitable. No podría decir que fue una sorpresa porque ya había comentarios y fuertes rumores. Los animales de los circos serían cosa del pasado. Visto desde un punto de vida humanitario, aquella prohibición me parecía un hecho de justicia, en definitiva siempre pensé que el único momento mas parecido a la libertad que tenían aquellas pobres criaturas de Dios, era cuando se sometían a mis ordenes de gou y shit. En octubre del 2015 brindé mi último acto como domador de feroces fieras. A partir de allí continúe en el circo….desempeñé muchas labores, sin el lustre de aquellas jornadas gloriosas. Fui boletero, acomodador, y ahora...payaso, o clow si les parece mas delicado. La carpa que cobijó la alegría de tanta gente se fue deteriorando poco a poco y los remiendos ya cubren un gran porcentaje de su extensión. EL 18 de marzo del 2020 llegamos a la ciudad de Loreto, el desfile se limitó a un par de camionetas con un equipo de propalación anunciando la próxima función que será al día siguiente. Como es de público conocimiento y no creo que escape suyo, estimado lector, esa función tan anunciada hace mas de 5 meses espera por culpa de una cuarentena. Mientras tanto, manteniendo el Aislamiento Social Obligatorio, sobrevivimos de la caridad de un pueblo que espera ansioso que comience la función.

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