EL CONSERJE
Desnuda, de rodillas al lado de la cama de la habitación 408 del
cuarto piso del lujoso hotel la mujer juraba que ni siquiera le había
dirigido la palabra al apuesto conserje.
Con una navaja el hombre, fuera de sí, circundó las orbitas de
aquellos ojos azules y con sus dedos vació ambas cuencas, la asió
de los cabellos y la bajó arrastrando por las escaleras, cuando
llegó al lobby la mujer exhaló su último suspiro.
El juez lo condenó a prisión perpetua.
A los 15 años el hombre recobró su libertad y formalizó una nueva
relación.
Cuando llegaron al hotel, la mujer saludo cortésmente al conserje y
entonces el hombre sintió que su pulso se aceleraba y palpó en el
bolsillo de su saco la aguda punta de su navaja.
Oscar Niño, Frias 26 de
septiembre de 2009
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