no pasaran

jueves, 19 de septiembre de 2019



EL SENADOR



(Las desventuras políticas de don Angel)






INTRODUCCION

Desde el inicio de las civilizaciones, los pueblos han tenido la necesidad de colmar sus altares con dioses en la creencia de que estos derramarían sobre aquellos una dicha sin par, y si esos dioses no cumplían el fin para el cual habían sido creados, eran reemplazados por otros.
Pareciera que esta ancestral costumbre viajo por el túnel de la historia para instalarse en la sociedad que dio origen en esta trama, a Ángel, al Dr. Ortiz, al gobernador, al Presidente e incluso a la misma Susana.
Estos se erigieron como dioses de una sociedad cuyo grado de culturización parece tener un precario grado de desarrollo…
Personajes, surgidos y encumbrados por la misma sociedad, amados y odiados a la vez, pero siempre respetados y admirados… ¿Quién no ha querido parecerse alguna vez a Ángel?, ¿o a un Presidente que irradia la imagen de lo que nos gustaría ser y no somos?... ¿o pertenecer al círculo de una Susana en la creencia que a través de ella podemos ingresar aunque mas no sea como sirvientes en el Octavo Círculo del Infierno del Dante que es el Olimpo en el que moran estos dioses modernos.
Países como los de Ángel han tenido siempre una vocación marcada por los “ismos” creados a partir de tres elementos, picardía criolla, audacia y suerte, mezclados en el alambique social.
Algunos de los dioses surgidos de esa alquimia han perdurado en el recuerdo de la gente, otros en cambio han sido condenados al olvido… Ángel, ha pesar de haber muerto pertenece a los primeros… al menos mientras su nombre, al ser invocado, sea capaz de obrar algún milagro.




¿Quién es Ángel?


Ángel podría haber sido Juan, Pedro, Luís o cualquier hijo de un inmigrante de los ciento de miles que llegaron al país, expulsados de sus patrias en los primeros años del siglo XX.
Argentina se abrió generosamente y esa masa migratoria fue llenando la geografía del país.
La esperanza de volver luego de “haber hecho la América” no les permitía concebir la idea de incorporarse a la vida nacional, pero sus hijos… o al menos muchos de ellos nacidos en esta nueva tierra no sentían tal complejo por lo que les resultó fácil la integración.
No fue casualidad, al principio, la simpatía por Hipólito Irigoyen y el partido Radical que el representaba y luego por Juan Domingo Perón como continuador del Movimiento Nacional.

El pueblo de Ángel es el típico pueblo limítrofe entre dos provincias, parido por el ferrocarril y los obrajes que le servían. Criado a la sombra de algún emprendimiento fabril de cierta magnitud y de un sector público que fue cobrando gran importancia como “colector de voluntades electorales”.

La agudeza del personaje, su extrema sociabilidad, y la participación gremial en 1945 dentro de aquella fábrica, fueron las constelaciones que alineadas correctamente, lo catapultaron a la vida política. Una diputación provincial le permitió conocer las primeras letras de la política y con ellas fundó, en su pueblo, un bastión propio de tal magnitud que lo transformó en el referente político de la región.
Amigo de la “gauchada”, por cierto acompañada de la intencionalidad política, inescrupuloso a la hora de defender posiciones propias… en fin, el típico político que tiene en claro el concepto “que primero esta el hombre, segundo el movimiento en la medida que este es funcional a sus intereses y por último… la Patria”.
La razón de ser de Ángel, sin desconocer las cualidades propias del personaje, se debe más, sin duda a su entorno social que permitirá con su complicidad y complacencia la existencia de un Ángel, de un Juan, de un Pedro… o de un Luís.




Capitulo 1

La elección”

El ir y venir de los vehículos no lo había dejado conciliar el sueño aquella noche de octubre…, de cualquier manera no hubiera podido dormir pensando en la jornada electoral del día siguiente.
Se levantó temprano ese día que había amanecido con un sol espléndido. Se asomó a la ventana y dijo… “Es un día como esos que le gustaban a nuestro líder”, y mientras desayunaba un té con dos tostadas como era su costumbre, deslizó un…
Espero que los muchachos se hayan movido bien anoche… había mucho para repartir”… y su esposa le respondió casi con indiferencia…“como siempre,… ellos conocen el trabajo”.

Esta no era una elección mas… era su elección, era por lo que había trabajado toda su vida.
El votaría en la Escuela Fiscal “Nemesio Tapia”, mesa 89. A media mañana llegó al establecimiento y la larga cola de votantes que desde temprano se habían congregado, se le ocurrió serpenteante, animada, alegre, como aquellas colas que pugnaban por entrar en los bailes de carnaval de su pueblo.
Denle paso al Senador” – como un vaticinio – alguien gritó desde la larga fila, ya otro se sumo al coro con un… “pase don Ángel, vote Usted primero”.
El periodismo local casi se abalanzo sobre el en el momento que emitía su sufragio en la urna.
La pregunta común… ¿Por quien votó Ud. don Ángel?, y el con una sonrisa pícara… “ahhh…el voto es secreto”
Los “punteros” en una actividad frenética repasaban los padrones e indicaban que se buscase a tal o cual persona porque aún no había sufragado. Al mediodía, desde la casa partidaria llegaban las viandas con gaseosas frescas para los fiscales de mesa del movimiento, que generosamente compartían con los fiscales de los partidos más chicos olvidados desde temprano por sus comités ante la segura derrota electoral, seguridad surgida de la mera observación de las colas de votantes.
Ángel sabía de sobra que el candidato a presidente por su partido tenía pocas chances de alzarse con la victoria, pero eso no constituía una preocupación… su verdadero interés era que la gobernación y la legislatura provincial quedasen en manos del movimiento… de eso dependía su suerte.
Las primeras bocas de urna marcaban una tendencia favorable e irreversible para el candidato a presidente del partido adversario, pero eso no inquietaba a Ángel porque la victoria del movimiento al que el representaba se iba consolidando urna tras urna y al final del escrutinio Ángel se sabía ya ganador.

Susana, desbordante de alegría, se veía más radiante que nunca a pesar de la larga jornada. Su jeans gastado parecía adherido a su piel, y su blanca remera de lycra denotaba el contorno de sus pechos. Al entrar Ángel a la casa partidaria, ella corrió a su encuentro y colgándose del cuello de la esbelta figura del ya seguro Senador gritó… “¡Ganamos don Ángel… ganamos!”, y el, tomándola por la cintura le dijo… “Si Susana, ganamos… preparate que nos vamos a la Capital”.

La Legislatura Provincial lo había consagrado Senador Nacional.
Los aplausos colmaron el recinto.
Ángel acarició su corbata rayada de seda y entrecerrando los ojos pensó… “Senador Nacional,… soy un Senador de la Nación”.
Durante el tiempo que duraron los aplausos vinieron a su mente miles de recuerdos…
El relato contado cientos de veces por su padre de cómo había llegado a América desde tierras lejanas a las que nunca más pudo volver. Su infancia humilde en aquel pueblo del interior que prometía alguna vez en transformarse en una ciudad.
Su primera y única maestra, la que le enseño las primeras letras. Su trabajo en la municipalidad conseguido por el caudillo conservador. Su empleo en la fábrica a través de la cual hizo la militancia gremial que le permitió llegar a ser diputado provincial.
Recordó tambien aquellos años difíciles en los que fue electo diputado nacional por el movimiento… el, representando a la gobernación de su provincia durante el mensaje que ofreciera el líder del movimiento recién vuelto del exilio. La extraña sensación que sintió cuando entró por primera vez al Congreso de la Nación y trató personalmente con las figuras políticas que hasta ayer le parecían seres inalcanzables y de las que solo conocía sus voces cuando trasmitían sus discursos políticos que el escuchaba por la vieja radio de lámpara y en los que prometían un paraíso al que el pueblo jamás accedería.
Ahora el estaría allí, sentado entre ellos discutiendo los grandes temas nacionales.
El decidiendo sobre la Ley de Amnistía, el divorcio vincular y cuanto tema que marcaría el pulso de la Nación por los próximos años… pero fundamentalmente entrelazando relaciones que le asegurasen una ascendente carrera en la política.
Una vez apagado el eco rumoroso de los aplausos Ángel se dirigió a la Cámara pronunciando un bien memorizado discurso.
Al principio su voz sonó trémula y sintió como sus manos se transpiraban, su vista nublada por la emoción no le permitía distinguir los rostros que hasta apenas un momento atrás le resultaban familiares, pero pronto se repuso.
- “Compañeros y compañeras – dijo - he sido distinguido por Uds. en el día de hoy con la honrosa responsabilidad de representar a mi querida provincia en los mas altos estrados legislativos de la República”- y continúo – “el movimiento, al que pertenezco, y yo nos encontramos en el 45. Muchos de Uds. aún no habían nacido o eran muy jóvenes cuando nuestro líder llegó en tren a mi pueblo y tuve el honor de compartir el escenario con él. En aquel acto me abrazó y me dijo… El destino del movimiento en este pueblo, es a partir de hoy su responsabilidad… Sepan Uds. que allí quedo sellado mi pacto con la causa.
Tengan toda la seguridad que mi voz, como cada vez que me tocó hacerlo, se alzará alta y firme como el cóndor que busca el cielo, en la defensa de los intereses de nuestra amada provincia. El sol jamás reflejará la sombra de mis brazos caídos, he de luchar mas allá del límite de mis fuerzas para que por fin nuestra Patria, al igual que la invocación de Jesús a Lázaro, se ponga de píe y camine”.
Y dirigiéndose al gobernador agregó… “Querido amigo, Ud. y yo nos conocemos de antaño, sé de su bonhomía, de su constante preocupación y ocupación por nuestros sufridos paisanos,
Tenga Ud. la total seguridad que compartiremos siempre la misma trinchera cada vez que la causa así lo requiera”.
Nuevamente los aplausos inundaron el salón y Ángel se dijo a si mismo: “Nadie merece esto mas que yo. Esta campaña me ha costado bastante dinero, y el gobernador no puso ni un peso”.

Durante el viaje a la Capital, donde debía jurar como flamante Senador Nacional, imaginaba el reencuentro con aquellos viejos compañeros, “el turco secretario general de los trabajadores… Italo… siempre tan formal… tan bien… y tantos otros que no veía desde el 76… ¿la Sra.?... ¿Cuándo vendrá de España?... ahhh… si estuviese el líder”- cavilaba.
Pero el líder había muerto… y la conducción acéfala era hoy prenda de disputa entre aquellos viejos “amigos” y otros nuevos que se habían sumado.
Mas temprano que tarde el flamante Senador Nacional descubriría que nada había quedado de aquellas relaciones urdidas en los tiempos en que la única voz que se alzaba era la del fundador del movimiento.
El “turco” había dejado de ser aquel casi ignoto dirigente gremial del 76, Italo ya no le parecería ni tan formal ni tan bien… y la Sra. no quería nada más que le devolviesen los bienes que le habían sido confiscados por la dictadura militar.
Este era el nuevo escenario que encontraría Ángel al arribar a la Capital… el, que venía desbordante de alegría por el triunfo del movimiento en su provincia. Pronto entendería que los ánimos de sus compañeros por la derrota a nivel nacional, no eran los mejores para discursos extraídos de viejos libros, y que nadie… ninguno de ellos quería ser el responsable de aquella su primera derrota electoral en casi 40 años de vida del movimiento.





















Capítulo 2

Aquel horroroso Congreso”


A pesar de haber conocido a muchos de ellos desde los inicios de la historia del movimiento, su carácter de dirigente del interior lo relegaba a un plano secundario en la mesa de las discusiones partidarias.
En definitiva el no era más que un dirigente del interior de una provincia pobre, el reconocimiento a su trayectoria se limitaba al departamento y a su pueblo que era cabecera del mismo. Allí si era valorado, allí era “don Ángel”, allí había fundado un gentilicio político imbatible, incluso hasta para el mismo gobernador con el que mantenía una relación pendular desde que ambos se ambos se iniciaran en la política.
Su espíritu solidario le había valido el cariño de su gente y el respeto de sus adversarios políticos locales, su imagen en el campo era mirada con devoción por los humildes paisanos que agradecían eternamente la pensión graciable, el traslado de algún enfermo o el ataúd para enterrar cristianamente a algún muerto, y en el pueblo sus seguidores tambien tenían sus motivos para jurarle fidelidad, el puestito público en la municipalidad, el nombramiento de la hija maestra o en la policía eran favores comunes que “don Ángel” les hacía.
Pero muy lejos estaba de proyectar esa figura al ámbito provincial y menos aún en el nacional, no obstante estaba dispuesto a pagar cualquier precio para conseguir un espacio bajo el sol partidario.

Se había convocado a un Congreso Partidario en la capital del país y ese era un buen momento para comenzar a tejer las alianzas que lo lanzarían definitivamente al estrellato de la política nacional.
Los resultados electorales habían sido adversos para el movimiento al cual pertenecía Ángel, a pesar de que el había sido electo Senador Nacional. Sin embargo la anunciada autocrítica no aparecía como una posibilidad en el horizonte de aquel partido cargado de la mística con la que el líder la había impregnado.
El Congreso del movimiento no había sido otra cosa más que un acuerdo de cúpulas. Allí estaban todos los derrotados de la última elección general, los anquilosados y soberbios políticos de la capital, los sindicalistas con sus camperas de cuero y sus barras bullangueras y agresivas, entrenadas para impedir la palabra de alguna voz disconforme.
Todos los mariscales de aquella derrota tratando de perpetuarse en el poder partidario. Eran los herederos del líder, que se aprontaban a una lucha cruel por la herencia de poder que este había dejado al morir.
Ángel se sentía plenamente identificado con ellos, mas aún, el tambien reclamaría su parte de la herencia. En su anterior paso por el Congreso Nacional los había conocido a todos y el creía que eso era suficiente para que lo reconociesen como un igual… pero no era así. Y con el tiempo lo descubriría.

Ángel se había pasado tres noches en vela repasando unos viejos libros de hojas amarillas escritos por el autor de la Constitución Nacional; había encontrado como siempre en ellos, citas notables que según su apreciación causarían la admiración de los asistentes al Congreso… imaginaba ya los bombos aclamando su palabra… los abrazos de sus pares luego de su discurso, pero nada de eso ocurrió, ni siquiera se le permitió el uso de la palabra porque cada vez que intentaba comenzar con su discurso, una avalancha de gritos e insultos lo interrumpían.
Claro que no fue el único disconforme con aquel Congreso, al que luego lo calificó como “horroroso y de pésima imagen”.
Muchos dirigentes del interior tambien se sentían atropellados por aquellas decisiones a puertas cerradas, la ausencia de la autocrítica y el estilo patoteril.
Era el momento de hacer algo si se quería salvar al movimiento, y sobretodo ya vería esa cúpula ortodoxa – a la que a pesar de aquel Congreso, él seguía admirando e identificándose con ellos.
Entabló contacto con todos los disidentes de aquel “horroroso” capítulo de la vida partidaria y consiguió las firmas suficientes para convocar a uno nuevo, ahora en su provincia, algo que resultaba totalmente novedoso púes era la primera vez que el movimiento sesionaba fuera de la capital, y además tenía ahora un verdadero espíritu federal.
Soñaba Ángel que este nuevo congreso lo consagraría como presidente del partido y porque no entusiasmarse entonces con la idea de que él podría ser el próximo Presidente de la Nación.
Bajo el ardiente sol del tórrido verano provincial comenzaron las deliberaciones partidarias, multitudinarias, a puertas abiertas sin barras bullangueras que impidiesen la palabra de ningún disertante.
Allí si pudo hacer uso de la palabra y justo es decir que fue aclamado en varios pasajes de su alocución. Esos aplausos fueron inflamando su discurso, pero el momento culminante llegó cuando los delegados del distrito más grande del país empezaron a cantar contra el principal dirigente al cual deseaban eliminar de la vida partidaria… “Hermenegildo… ha llegado tu fin… don Ángel es nuestro paladín”… Ángel pidió silencio, ya sin saco con las mangas arremangadas de su camisa y aflojando el nudo de su corbata casi como un reflejo, dijo… “Queridos compañeros… sé de los atropellos de los que son víctimas, sé del estilo patoteril de Hermenegildo… pero sepan que desde esta tribuna, solidarizándome con Uds. pido a las autoridades electas de este congreso la inmediata intervención del distrito de Hermenegildo… y que sus actos serán juzgados con la mayor severidad por el tribunal de disciplina partidaria y que yo… personalmente pediré la expulsión de este oscuro, nefasto y patético personaje que no hace mas que enlodar la imagen del movimiento que nos legara nuestro líder”. Los aplausos, saludos y abrazos parecían haber transportado a Ángel en un viaje imaginario… estaba ahora en el balcón de la Casa de Gobierno con los brazos extendidos observando a las masas que aclamaban su nombre… y en la antesala de su lujoso despacho el gobernador de su provincia consumiendo horas antes de ser atendido por él.
Las conclusiones finales de aquel Congreso Extraordinario se anunciaron al final del segundo día y el documento decía:
… “Eliminar las antiguas prácticas autocráticas que solo conducen al desmembramiento del movimiento que nos legara nuestro líder”… mas adelante agregaba: … “Se resuelve la intervención del movimiento en la mayor provincia de nuestra patria y se designa como interventor al Senador Sr. Ángel”…
Para cualquier persona común ese puesto de Interventor partidario le hubiera producido un escalofrío similar al de un condenado al que le avisan que en la madrugada será conducido al patíbulo porque si algo no tenía Hermenegildo y sus secuaces eran escrúpulos.
Pero no era el caso de Ángel.
El Congreso había resultado como lo había planeado, y el sabría como usar el cargo que le habían asignado.
Lo primero era hacerles saber a las cúpulas ortodoxas del partido que ahora el Movimiento pasaba por otras manos y que esa había sido su obra.
Ni bien concluyeron las deliberaciones partidarias, convocó a todos los medios de prensa nacionales y refiriéndose al nuevo estilo inaugurado, dijo:
Hemos puesto fin a un estilo partidocratico en el que unos pocos decidían por todos… fue por culpa de ese estilo y de sus cultores que hemos perdido las elecciones pasadas. Tienen que entender de una buena vez y para siempre estos mariscales de la derrota que los tiempos pasados son solo eso… tiempos pasados, ahora, respetando nuestra historia, nos ponemos nuevamente de pie y nos ofrecemos como la única alternativa válida para nuestra sufrida Patria. Con respecto a la labor que se me ha encomendado seré un fiel ejecutor de la misma y no soportaré indisciplinas partidarias ni desviaciones ideológicas… quien no este de acuerdo será expulsado del partido sin mas trámite”.
La prensa del país se había concentrado en aquella pequeña villa turística que excepcionalmente recibía gente por aquella época del año, mas acostumbrada a la silenciosa alegría de los abuelos que al ensordecedor ruido de las deliberaciones multitudinarias.
¿Cree Ud. – le preguntó el periodista de un medio nacional – que podrá llevar con éxito su gestión como interventor, considerando que el caudillo político del distrito ha dicho ya desconocer su autoridad?”.
Le repito lo que le he dicho anteriormente a sus colegas, Sr. Periodista – respondió Ángel – el movimiento que hemos
fundado hoy con estos compañeros no se detendrá ante matones que se atribuyen vaya a saber Dios con que títulos y herramientas, el poder hegemónico del movimiento en el mayor distrito del país. No consentiremos tampoco desviaciones ideológicas. Le aseguro Sr. Periodista… no defraudaré a los compañeros que me han asignado tan importante y delicada tarea.”

De regreso a su pueblo, luego de aquel Congreso, el recibimiento fue magnifico, sus partidarios, curiosos y adversarios políticos colmaron dos cuadras frente al escenario montado en la casa partidaria, luego de entonar la pegadiza marcha que identificaba al movimiento, el locutor del acto anuncio la palabra del “Senador Nacional, Interventor del movimiento en el distrito mas grande del país y futuro Presidente de la Nación”.
Don Ángel extendió ambos brazos como queriendo abrazar a la multitud que se había agolpado en las calles y pronunció un encendido discurso de tono admonitorio dirigido al Presidente de la Nación en el que le advertía que el no iba a permitir bajo ningún punto de vista la entrega que se estaba haciendo del país a la banca extranjera y a países expansionistas.
¡El partido gobernante ha defraudado al pueblo que lo ha votado… nos prometieron un paraíso y estamos en el infierno… pero sepa Sr. Presidente que ni el movimiento ni yo – los aplausos lo obligaron a repetir – Ni yo… permitiremos que Ud. juegue con el futuro del pueblo!”
El ulular de las sirenas, el redoblar de los bombos y el ensordecedor “…se siente, se siente… don Ángel presidente”
seguramente obraron en su imaginación situándolo como el líder de la oposición.
Luego de aquel emocionante acto organizó una reunión con las autoridades partidarias de su pueblo y con aire solemne les dijo acerca de la posibilidad cierta de la renuncia del Presidente de la Nación y que seguramente, el estaría en la línea sucesoria directa, evidentemente sus expresiones causaron una honda impresión entre su inocente auditorio pues, al día siguiente el sastre del pueblo tenía varios pedidos de traje con carácter de urgencia porque el día de la asunción presidencial de don Ángel estaba próximo.
Los días que permaneció el Senador en su pueblo fueron una verdadera fiesta, la casa partidaria permanecía abierta día y noche para dar paso a una interminable masa humana en su afán por saludar y de paso realizar algún pedido que Ángel pacientemente escuchaba y anotaba en un papel que luego guardaba en su bolsillo… y con un “quédate tranquila viejita… ya vamos a ver que podemos hacer” o un “dame tus datos así te gestiono la pensión”, los curtidos paisanos se despedían sin antes prometer su voto para “don Ángel Presidente”.

















Capítulo 3

El inter - media – componedor”


Ángel sabía que sus declaraciones causarían un impacto
positivo en la nueva corriente partidaria que se había inaugurado, y el podría ser un referente de peso en la misma a medida que esta fuese creciendo.
Pero tambien estaba convencido de que ahora sería mirado con más respeto por quienes no lo habían considerado en su momento y seguramente querrían llegar a algún acuerdo con él.
Debía actuar rápido, porque el conocía mejor que nadie “que el nuevo estilo inaugurado” era más de lo mismo y pronto se debilitaría hasta extinguirse o sería copado por jóvenes dirigentes de pasado revolucionario con los cuales no tenía nada en común.
Llegó a la capital en donde hizo sus primeras declaraciones públicas diciendo que:
Su único interés era la unidad partidaria y el reconocimiento de las autoridades de aquel distrito” – al cual se le había encomendado la misión de intervenir y llamar a nuevas elecciones partidarias en un plazo no mayor a 120 días y agregó que las autoridades partidarias del mayor distrito del país – “habían sido democráticamente elegidas por sus bases, y que su función allí, lejos de ser un interventor era un simple mediador o componedor a efectos de acercar ambas partes”.
Hermenegildo había comenzado su carrera en un barrio obrero de la Capital, curtido en muchos conflictos entre la clase obrera y la patronal, era un verdadero hombre duro y de armas llevar. Su popularidad en el bajo fondo lo había catapultado al escenario político de su provincia como un actor principal.
Su tez morena, su cabello hirsuto, sus ojos oscuros que le daban una mirada penetrante y su boca, de gruesos labios siempre dispuesta a disparar amenazas temerarias. Parecía más un matón que un político doctrinario
Tres reuniones privadas con el máximo referente y discutido dirigente ortodoxo cuya cabeza debía cortar, fueron suficientes para anunciar públicamente que “Hermenegildo era una persona común, un excelente padre y esposo y un gran dirigente” y sobretodo, comprender que había llegado la hora de alejarse de la nueva posición que recientemente el mismo hubiese inaugurado. En definitiva los nuevos no le inspiraban confianza y los viejos eran… viejos conocidos.
Aprovechando la influencia del caudillo del distrito al que tenía que intervenir, convocó a un nuevo congreso partidario el que al fin reconocería su trayectoria galardonándolo con la vice presidencia segunda.
Esto ya era otra cosa… Senador Nacional y Vicepresidente segundo del movimiento… ahora sí podría discutir a puertas cerradas porque el ya formaba parte de las cúpulas… ahora el decidiría quién hablaría y quién sería acallado por los bombos y silbatinas de las barras bullangueras.
Este era el sitio que le correspondía, entre los “mariscales” y no entre las bases discutiendo con jóvenes llenos de ínfulas revolucionarias, gremialistas desconocidos, y noveles políticos que con la excusa de la renovación buscaban los primeros asientos del teatro partidario.
Todavía resonaban en su cabeza las duras palabras de aquel dirigente de la juventud partidaria cuando le reclamó en medio del congreso su complicidad con el antiguo régimen militar responsable de 30 mil desaparecidos…
-“Políticos carcamanes como usted no pueden tener hoy participación en la renovación partidaria porque han sido colaboradores del proceso militar responsable de los 30 mil compañeros desaparecidos… su lugar, compañero, esta dentro de la ortodoxia”.
- “Mocoso insolente – pensó Ángel – decirnos eso a nosotros,… nosotros que hemos cuidado el movimiento durante los 17 años de exilio de nuestro líder”. Lo pensó… pero el Congreso no era el lugar para polemizar con aquellos jóvenes que añoraban la “patria socialista”.

Cada proyección de Ángel era festejada en su pueblo con una algarabía sin par pero no tenía mayor trascendencia ni siquiera en el orden provincial. A veces algún diario hacía alguna alusión general sobre el desempeño del Senador. Por su parte, la más íntima allegada, buscaba frenéticamente el renglón que lo mencionase para recortarlo y prolijamente ir haciendo con ellos una carpeta; a la vez que Ángel le enviaba todos los Diarios de Sesiones con una identificación en las páginas en las que él figuraba.
Cierta vez organizaron un curso de dirigentes en la sede partidaria de su pueblo, y el mismo constaba de una primer parte que consistía en la lectura de aquellos viejos libros del creador de la Constitución – de los que se valía Ángel para redactar sus discursos – y luego de una prolija lectura y análisis de aquellas notas que eran recompiladas por su más estrecha colaboradora de su pueblo.
El curso recibió el pomposo nombre de “Aprendiendo el arte de la política con don Ángel”, y hasta hubo algunos “egresados” del mismo que al poco tiempo consideraron que las enseñanzas allí aprendidas los habilitaban para crear sus propios gentilicios. Y así fue como le surgieron algunas ramas no deseadas dentro de su estructura local que sirvieron solo para que a través de ellas se tejiesen algunas telas de araña por las que se descolgasen algunos celos pueblerinos.

Susana vivía con su familia en una humilde casa de barrio que le había sido adjudicada por la gestión de Ángel y en agradecimiento, el día que se mudaron a su nuevo hogar, el padre de Susana lo invitó a un almuerzo.
En aquella reunión Ángel quedó impactado por la fresca y juvenil hermosura de la hija de su anfitrión y a partir de ese día, siempre encontró alguna excusa para visitarla hasta que un día le confesó su amor.
Las necesidades económicas de Susana eran superiores a sus angustias amorosas, y entre el presente que le ofrecía German – su novio del barrio, chico muy bueno pero sin futuro – y las posibilidades con un político importante, no lo dudó… y mucho menos su madre quien se mostró muy agradecida con “don Ángel” por haberse fijado en “la Susana”.

Cuando la vieron marcharse rumbo a la Capital no faltaron en el barrio el típico chismorreo de vecinas envidiosas que con escoba en mano disparaban toda clase de disparates sobre Susana.
¿Se enteró vecina?,… la Susana…esa chirusa… se fue a la Capital como asesora de don Ángel…”
¿Asesora?... ¿asesora de que?... sino tiene ni el jardín infante hecho… para eso la hubiese llevado a la mía que hizo un curso de computación”- respondía doña Eulalia mientras que con furia barría la calle.
Y si – terció una tercera que estaba acomodando una mesita para tomar unos mates en la vereda – como para que no la lleve… don Ángel esta enamorado de ella… yo los vi muchas veces cuando el de noche la venía a buscar.”

En tanto Susana iba despidiéndose para siempre de aquel mundo chato y pueblerino e ilusionándose con la nueva vida que la aguardaba en la Capital.








Capítulo 4

Llevo esta noche en mis oídos…”

El Dr. Ortiz, era un hombre más bien bajo, de tez cobriza característica de los hombres de tierra adentro, de hablar pausado y afecto a las frases ampulosas.
Sus inicios en el movimiento databan de la misma época en la que había ingresado Ángel, pero su carrera dentro del partido no había sido la misma, los orígenes familiares y la formación universitaria habían hecho la diferencia.
Existía entre ellos una amistad fundada en algunas colaboraciones políticas propias de la vecindad y algunas relaciones comunes tales como la de la viuda Alicia La Coste de Fortes y su yerno, el que, por un pedido de ella, y a pesar de no pertenecer a la provincia del Dr. Ortiz fue nominado Senador Nacional por la misma. El operativo había resultado ser muy simple, fijó su domicilio en un pueblo fronterizo en el que Ángel tenía mucha influencia, un jefe de Registro Civil dispuesto a confundir por 2 años la fecha del trámite y el Dr. Coria ya estaba habilitado para ser electo Senador… el resto corrió por cuenta del Dr. Ortiz.
Cierta vez un periodista le preguntó a Coria acerca de Loro Huasi, el pueblo en el que se suponía provenía su candidatura, y este le respondió…“muy lindo… muy lindo y pujante”. (En la actualidad Loro Huasi tiene 300 habitantes, un Registro Civil y el boliche de los Gomez).

El nuevo período legislativo había comenzado, luego de 7 años de inactividad parlamentaria; el Congreso cobró vida y el bloque del movimiento nominó al Dr. Ortiz como presidente y a Ángel como tesorero del mismo.
Las dependencias que le habían sido asignadas constaban de una antesala de recepción en la que se destacaba un mullido sillón de cuero y una mesita ratona, esta se continuaba con una oficina con tres escritorios que eran ocupados por sus secretarias y asesores separada a su vez, por una elegante puerta del despacho de Ángel. Este era amplio y tenía una ventana desde la que se podía ver la plaza. La decoración era austera y se destacaban dos fotos, una del líder del movimiento montado sobre un pintoresco caballo, y otra de su esposa pronunciando un discurso desde el balcón de la Casa de Gobierno, ambas fotos estaban rubricadas, y Ángel se jactaba diciendo que eran obsequios que personalmente le había hecho en ocasión que lo visitara cuando este estuvo exiliado.
Sobre el escritorio de roble descansaban un tintero y una estilográfica bañada en oro, algunas carpetas conteniendo expedientes y dos banderitas, una de su patria y otra de la patria de sus padres y un pequeño busto del líder con una gorra militar. Y sobre una repisa, los libros del creador de la Constitución Nacional a los que Ángel recurría cada vez que le tocaba preparar un discurso.
En el recinto deliberativo, el octavo escaño le correspondía a Ángel.

Los siete años de interrupción constitucional se habían caracterizado en lo económico por una política monetaria que puso en serio riesgo el aparato productivo nacional. Sin embargo el vasto plan de obra pública desarrollado por aquel gobierno surgido de un golpe militar, había beneficiado a la fábrica en la que Ángel comenzó su carrera.
Ángel había aprovechado su función gremial, en sus tiempos de empleado en la fábrica, para trabar una amistad con el dueño de la misma y su esposa, amistad que perduró y de la que ambos se beneficiarían.
En lo político, aquellos años no fueron buenos para el movimiento el que sufrió cuantiosas bajas de afiliados que “desaparecieron.”
Cuando se recuperó la democracia, se respiraba en la sociedad un marcado aire antimilitar.
Sin embargo la vieja dirigencia ortodoxa se sentía más segura con los militares que con aquellas bandas de “zurdos” que proponían la “Patria Socialista” y en cuanto a los desaparecidos durante el Proceso Militar, eran esos “jóvenes imberbes” que el líder había corrido de la Plaza.
Sin embargo no era aconsejable todavía tomar partido porque por un lado existía ese sentimiento de repulsa popular contra el antiguo régimen, pero por otro lado la democracia recientemente obtenida se presentaba muy frágil y condicionada por las FF. AA.
De cualquier manera había cosas más urgentes a las cuales abocarse.

El movimiento no lograba recuperarse de la reciente derrota electoral. Las divisiones internas eran bien aprovechadas por el partido gobernante el que les enviaba señales a todos los dirigentes del movimiento para aumentar el desconcierto y la desconfianza interna.
La única respuesta a aquel gobierno que gozaba con la simpatía de la mayoría de la sociedad era dificultarle los márgenes de maniobra y esta era la tarea política que la oposición se había asignado y Ángel como senador opositor debía ser uno de los ejecutores de esa tarea.
Y se puso manos a la obra sin descuidar por supuesto, el fino tejido que venía realizando para seguir ascendiendo en la estructura partidaria.

Recostado en el mullido sillón de su despacho, se aflojó el nudo de la corbata y prendió un cigarrillo… las volutas de humo ascendían lentamente y conformaban extrañas figuras en la penumbra de aquella habitación… Ángel las observaba y se le ocurrían personas… primero una, luego otra y otra más hasta transformarse en multitudes que colmaban una inmensa avenida. El humo iba ejerciendo un efecto hipnótico sobre su mente.
Soñaba despierto.
He llegado hasta aquí, los últimos 800 metros del ascenso son los más difíciles, los que presentan mayor grado de dificultad… pero allí en la cima me espera la presidencia del movimiento y con seguridad la de la Nación”.
Entrecerró los ojos y se vio aclamado por un Congreso partidario multitudinario… allí estaban todos, ortodoxos, renovadores, ultraderecha… la izquierda revolucionaria… todos vitoreando su nombre y pidiéndole que aceptase la candidatura para la Presidencia de la Nación para la elección de 1989.
Luego su imaginación lo transportaba a un acto de cierre de campaña… el escenario iluminado “a giorno” y detrás una pantalla gigante que proyectaba su imagen con los brazos extendidos.
Ángel cerraba la lista de oradores, y cuando llegó el momento para su discurso una multitud… 300 mil o 400 mil personas que se asemejaba a una masa informe en la que las formas humanas eran imposibles de distinguir. Sus sentidos parecían nublarse ante aquel espectáculo, el ruido era ensordecedor… banderas y pancartas se agitaban siguiendo el ritmo de una marcha partidaria.
…“Llevo esta noche en mis oídos la música más maravillosa que es la música de la voz de mi pueblo”…
Y una muchedumbre en la que resultaba imposible distinguir una forma humana, inconmensurable, magnífica de la que surgía como una sola voz potente, estridente, como queriendo que su canto fuese escuchado en toda la orbe… “Se siente,… se siente… Ángel Presidente”.













Capítulo 5

Momento de decepción”


La actividad parlamentaria era febril y los temas que se trataban en el recinto eran motivo de discusiones callejeras… el partido gobernante obligaba permanentemente a la oposición a fijar posiciones y esta era una situación complicada ya que el movimiento representaba un amplio espectro del pensamiento, pero el Dr. Ortiz, avezado político y presidente del bloque de Senadores del movimiento controlaba las expresiones y dichos de sus compañeros de bancada para evitar contradicciones que debilitasen al movimiento y esta situación molestaba a Ángel porque en su pueblo nadie se había atrevido nunca a indicarle que hacer o que decir, salvo aquel periodista local que terminó brindando un año nuevo en el calabozo por “desacato”.
Y ahora este Ortiz me viene a decir a mi que puedo decir y que no” – y agregó con desden – “que se vaya a cagar, yo voy a decir lo que se me cante”.

La deuda externa era una herencia que había crecido hasta transformarse en un agobio no solo para el país sino para otros países del continente. El Poder Ejecutivo Nacional había fracasado en su intento de liderar un “club de deudores” y se disponía a ingresar dentro de un plan de dudosos resultados.
La complejidad de la cuestión económica era solo entendida por economistas, pero Ángel no perdía oportunidad de pararse frente a algún micrófono para opinar sobre el tema… y así era como un día declaraba que…
el país debía cumplir con los compromisos asumidos porque de no ser así no tendremos acceso al crédito internacional y no podremos importar ni una aspirina”, y al día siguiente decía “no debemos pagar esta deuda usuraria… los países poderosos del mundo temblarán con nuestra decisión”.
A raíz del tema de la deuda externa, el bloque de legisladores del movimiento llamó a una conferencia de prensa, y Ángel, se creía lo suficientemente esclarecido como para ser el interlocutor obligado del periodismo que se había dado cita para conocer la posición del movimiento sobre aquel tema.
Había cambiado su corbata de seda por un moño rojo que contrastaba con su impecable traje blanco y zapatos al tono.
Se imaginaba ya sentado en el medio de la mesa flanqueado por un par de primeras figuras partidarias y siendo el emisor del mensaje y el único receptor de las preguntas de la prensa.
Y aunque le había costado, había aprendido luego de repetir toda una noche, a pronunciar tres o cuatro palabras en inglés que demostrarían que no solo era un experto en temas económicos sino que además tenía un fluido manejo de aquel idioma.
Pero grande fue su decepción cuando quedó relegado a un extremo de la mesa y no tuvo la mínima atención de parte de los periodistas presentes, salió entonces del recinto mascullando por lo bajo en contra el Dr. Ortiz quien capitalizó todas las cámaras, micrófonos y flashes.
Ángel no pudo disimular su estado de ánimo en ese momento, su tez cobriza se confundió con el color de su moño y antes de que terminase la conferencia de prensa se fue dando un portazo y mascullando…“No me importa un carajo que este sea el doctor… entramos juntos al partido y el líder nunca nos dijo: vos que sos doctor tenés mas derecho que este que tiene segundo grado”. Fue ese el momento en que tuvo la intima percepción que el título o la demostración de fuerza eran cuestiones importante en el movimiento, y eso ya lo había notado en los dos últimos congresos partidarios. Pero enseguida se recompuso y pensó para sus adentros… “Hermenegildo no tiene ni segundo grado y es máximo dirigente del movimiento en la provincia más grande del país” y agregó a sus pensamientos…
ese es como yo,… ya van a ver estos doctores cajetillas”.

Con motivo del festejo de cumpleaños de la hija de Alicia La Coste viuda de Fortes, se ofreció una fiesta en la lujosa mansión que ocupaba con su marido el Senador Coria.
La nómina de invitados reunía los personajes más selectos del mundo de la política y la farándula, y por supuesto, allí estaba Ángel,… “Angelito” como le gustaba llamarlo la viuda. El champagne importado y el caviar negro traído del Mediterráneo, era ofrecido por los mozos en el fastuoso parque de la mansión, una orquesta en la que se destacaban los violines amenizaban las informales charlas.
Seguro la conoces Angelito, es Raquel, modelo top de las pasarelas de Europa”, le decía Alicia a Ángel mientras le presentaba a Raquel.
Ven, ven… te voy a presentar al Embajador de Kenia… es un divino… además su presidente es un gran cliente de nuestra fábrica”, y así la madre de la anfitriona recorrió todo el parque del brazo de Ángel.
A los promediando la fiesta el yerno de la viuda de Fortes pidió la palabra y se dirigió al público agradeciendo la presencia de todos allí y “sobretodo la de Angelito, un entrañable amigo de la familia y defensor de los nobles intereses de la industria nacional. Industria que siempre, tal era el caso de la fábrica hoy propiedad de Alicia, había bregado por el engrandecimiento de la Patria dejando de lado mezquinas apetencias… y aunque muchas veces como hoy le toquen los tiempos difíciles y la incomprensión de un gobierno”. Y concluyó proponiendo un brindis en honor a la homenajeada y por supuesto otro para el “Senador Nacional… Sr. Ángel”, Ángel levantó su copa y pensó que “Dr. Ángel” no hubiera sonado mal.
Aquel discurso del Senador Coria llevaba implícito un pedido y Ángel, aunque no sabía de que se trataba aún tomo la palabra y se refirió de esta forma:
Cierto es que soy un entrañable amigo de esta familia, y siento esa fábrica como mía… por lo que tenga Alicia, usted la plena, absoluta y total seguridad que esta banca que hoy ostento esta a vuestra entera disposición”.
Claro que el pedido que le hiciera luego la viuda a través de su yerno, excedía y en mucho la posibilidad de aquella banca.




































Capítulo 6

Adiós a la renovación”


-“¿Adonde lo llevo Senador?”- preguntó el chofer.
-“Dejate de joder con eso de senador, decime don Ángel… llevame al departamento”.
- “¿A cual don Ángel?, ¿al suyo el de la torre Good Life o al de Susana?”

La torre Good Life era un imponente edificio recientemente inaugurado en la zona de las embajadas. Ángel había adquirido allí un departamento de 110 metros cuadrados en el décimo quinto piso. Desde el amplio balcón que daba a la avenida, podía ver el río que de noche se le ocurría como un inmenso cielo tachonado de ciento de pequeñas estrellas que no eran más que la iluminación de las embarcaciones que lo surcaban.

Y casi en forma inaudible le dijo que lo llevase al suyo.
El auto se detuvo frente a la amplia cochera y el chofer accionando el control remoto hizo que se abriese y luego acompaño a Ángel hasta la puerta del piso que ocupaba en la lujosa torre para cerciorarse de que el Senador entrase sin problemas a su departamento.
Se recostó sobre el mullido sillón, se sirvió un whisky on the rock mientras que con un dedo hacía girar los dos cubos de hielo se preguntó porque esto le estaba costando tanto. Recordó sus inicios. “Si hasta me rogaron para que sea diputado provincial”.
Y cuando fui diputado nacional… cada vez que volvía el pueblo entero iba a mi encuentro… que doctor ni que doctor, recuerdo cuando me preguntaron porque hacía esperar a los jueces en la puerta de mi casa… ¿porque?, porque por esa calle pasaba todo el mundo y al verlos plantados ahí, esperándome, el pueblo sabía quien mandaba.”
“… Luís, pobre estúpido – evocó – se creía que desde ese pasquín me haría algún daño denunciando lo del banco…
poco me costó hacerlo brindar con agua en un calabozo ese año nuevo…”
Y con estas cavilaciones se quedó dormido hasta que sonó el teléfono.
Era la secretaria privada de Hermenegildo comunicándole que su jefe lo invitaba esa noche a cenar en un lujoso comedor en la zona del río.
A las 21 hs. llegó Ángel al encuentro, un maître lo guió hasta la mesa reservada y casi inmediatamente llegó Hermenegildo con dos hermosas mujeres y flanqueado por tres hombres vestidos de traje pero con aspecto rudo que ocuparon la mesa contigua.
Ángel no pudo contener su habitual curiosidad y luego de algunos rodeos le preguntó por aquellos hombres, porque siendo el Senador tenía la custodia ocasional solamente de su chofer.
Sabés Ángel… yo soy muy importante en la política, además tengo ciertos negocios en los cuales es mejor andar acompañado.”
Tiene razón – pensó Ángel – yo tambien debería tener un par de guardaespaldas.
La cena transcurrió entre conversaciones banales, champagne importado y ciertas miradas cómplices que cruzaron Ángel y una de las señoritas.
Al final de la noche Hermenegildo le pidió a Ángel que mantuviesen una reunión en privado, a lo que el senador aceptó fijando la fecha para la semana próxima.
A la mañana siguiente se despertó temprano como lo había hecho siempre, llamó a su chofer y pidió que lo llevase al Congreso. Tenía reunión de bloque.
Uno a uno fueron llegando los legisladores y ocuparon todas las sillas alrededor de la amplia mesa del despacho del senador de la provincia vecina a la de Ángel. En realidad no hubo discusión, sino más bien un monólogo por parte del Dr. Ortiz, el que expuso la necesidad de ofrecer el mayor grado de dificultad parlamentaria a aquel gobierno que esta “haciendo el gran negocio con nuestras peleas internas”. Y prosiguió… “en cuanto a vos Ángel, no te olvides que sos el interventor del partido en el distrito mas importante del país…” agregando con mayor énfasis… “¡Interventor… ni mediador ni componedor… interventor!”
Ángel se acomodó su moño, carraspeó y contestó con un tono grave y discursivo…
El movimiento requiere de la unidad de todos los sectores, eso es lo que quería nuestro líder… ese es el único camino posible a la victoria de cara a las elecciones legislativas del próximo año… parece Senador que usted, al igual que ese insignificante gobernador de ridículas patillas y ese joven doctorcito de marcado acento cordobés no tienen claros los conceptos de nuestro líder…” y como si esto fuese poco le espetó… “¿de que nuevo estilo me hablan? Si siguen decidiendo a puertas cerradas… ¿elecciones internas?... bueno, Hermenegildo fue votado por unanimidad y en cambio el vicepresidente primero electo del congreso que hicimos en febrero, perdió las internas de su provincia con un desconocido”.
Y diciendo esto se fue dando un portazo.
El Dr. Ortiz, dio por terminada la reunión y se abocó a estudiar el tema de la cuestión limítrofe aún no dirimida con un país vecino. El debate con el canciller sería dentro de poco y no sería una tarea fácil.
Mientras tanto Ángel les pidió a sus secretarias que lo comunicasen con Hermenegildo. Adelantaría la fecha de la reunión.
- “Hermenegildo”- con tono casi paternal – “tu estilo de hacer política es un tanto molesto para algunos compañeros, es por eso que se decidió la intervención de tu distrito, personalmente creo que es una medida injusta, pero debes tratar de atemperar tus modos”.
Hermenegildo se acomodó en el sillón, se desabrochó el saco y casi como en un descuido dejó ver la voluminosa culata de una pistola que asomaba por la sobaquera, frunció su ceño e intentó una sonrisa con sus gruesos labios… pero el tono de su voz denotaba su verdadero estado de ánimo , y dijo… “¿Qué cambie mi estilo?, ¿Qué le diga a mis muchachos que guarden los fierros?, ¿acá en el distrito mas grande del país?...

Y aunque quiso completar su frase con un… ¿pero que te pensás viejo de mierda?, ¡Acá hay que quemar cajones de muertos en los actos, pero con viejos como vos metidos adentro!... “sinmigo” no hay partido en el distrito”,
se abstuvo de hacerlo, aunque Ángel percibió el rictus de aquel rostro e intuyó lo que “su amigo” calló.
Hermenegildo lo necesitaba ya que era su único apoyo en el Senado Nacional, y por su parte Ángel no podía darse el lujo de perder ese único aliado que había hecho dentro de los “pesos pesados” del partido. Luego de aquel tenso momento, el caudillo del distrito más importante del país se serenó y con un tono más suave ensayo una explicación que trataba de justificar aquellos modos…
Don Ángel”… le dijo… “este gobierno esta copado por los comunistas… un grupo de amigos bien informados me ha contado que el presidente va a renunciar… tenemos que estar preparados para cuando llegue ese momento, la semana que viene viajaremos a Paraguay a visitar un amigo… me gustaría que nos acompañe”.
Ángel aceptó sin reparos la invitación y por su mente pasó una imagen. Se veía ya sentado en el sillón presidencial y un pueblo que vitoreaba su nombre.












Capítulo 7

Recuperando las Islas”

Habían pasado ya dos años desde aquel enfrentamiento bélico con una potencia extranjera y las relaciones diplomáticas se encontraban interrumpidas desde entonces.
Una comisión bicameral fue invitada por sus pares de aquel país, para que en un diálogo oficioso, (ya que los parlamentarios no representan a los gobiernos sino a los pueblos) se conocieran las posturas actuales de ambos países sobre el conflicto armado mantenido años atrás.
El encuentro se realizaría en un país del Viejo Continente.
La conformación de la comitiva le fue encomendada al yerno de la viuda de Fortes, el senador Coria. Por expreso pedido de la Sra. Alicia, Ángel fue incluido en la delegación parlamentaria.
La invitación no era casual y serviría para que ambos senadores charlasen acerca de ciertas inquietudes empresariales de la viuda, ahora dueña de la fábrica.
Antes de partir, el Senador visitó su pueblo y aprovechó la oportunidad para referirse sobre el tema a una radio local…
Importante misión me ha sido asignada, tengo la plena seguridad que lograré convencer a la Ministra de esa potencia de que nuestros reclamos por la soberanía son legítimos y de seguro ella lo entenderá así. Puede Ud. Sr. Periodista afirmar a su audiencia que a mi regreso traeré en mis manos la devolución de lo que injustamente nos fue arrebatado.”

El vuelo arribó a la hora prevista, un grupo de parlamentarios anfitriones esperaba a los viajeros, luego de los saludos formales se instalaron en el lujoso hotel Les Continents.
La reunión se le ocurrió amena a Ángel, hasta con algunos momentos humorísticos pues todos reían, y el, sin saber el motivo tambien lo hacía, aunque permaneció en silencio durante todo el desarrollo del encuentro.
Al finalizar la misma y luego de las despedidas Ángel les preguntó a sus compañeros sobre el diálogo mantenido, pues el no pronunciaba ni una palabra de ese tan raro idioma.
Esa noche tuvo un sueño, y a la mañana siguiente cuando despertó se dijo a si mismo… “es posible Ángel, eso es posible”…
Hubo dos reuniones más con aquellos parlamentarios, pero el senador, excusándose por una dolencia que lo aquejaba, faltó a ambas y aprovechó el tiempo para visitar algunas tiendas exclusivas y realizar algunas compras. Finos perfumes y lujuriosa lencería, pagados con los gastos reservados, entre otras cosas, constituían el equipaje de regreso, el que por supuesto, por tratarse de valijas diplomáticas sortearían los controles aduaneros.
Imaginaba ya Ángel a Susana con aquellas prendas íntimas y el perfume sobre su piel.
En el vuelo de regreso, el Dr. Coria le expresó el perjuicio económico que le estaba causando a la Sra. Alicia la negativa del gobernador a “facilitar” el desarrollo de la fábrica, que por tal motivo tendrían que migrar a la provincia vecina que ofrecía un trato más benévolo o en su defecto… mover los límites provinciales más al este. Ángel escuchó con atención y rápidamente pasaron por su cabeza tres ideas… la primera sería convencer al gobernador de su provincia, algo difícil pues lo conocía de sobra y sabía que no daría marcha atrás en su decisión con respecto a la situación impositiva. La segunda opción era la de los límites… podría ser, en definitiva esos límites nunca habían sido muy claros. Y la tercera se relacionaba con el sueño que había tenido la noche anterior… “yo podría ser el gobernador de mi provincia”… y dijo en vos alta… “¿Por qué no?”. “De cualquier manera – se dijo a sí mismo – por ahora es mejor que mantenga esto en silencio”.
Al regresar se sintió algo afiebrado y con una sensación de escozor debajo de la cintura… “otra vez la culebrilla, voy a volver al pueblo este fin de semana para visitar a la curandera”.
Aprovechando el regreso al pueblo, en donde fue recibido con algarabía como era ya costumbre pues traía numerosos subsidios y pensiones que repartía generosamente entre los suyos, concertó una cita con el gobernador.
El próximo año habría elecciones legislativas, quizás al gobernador no le disgustaría la idea de una diputacía, la gobernación quedaría a buen recaudo en manos de Ángel, se solucionaría el problema de la fábrica sin necesidad de mover los límites… “Si voy a hablar con el gobernador”.

A la mañana siguiente, sintiéndose mejor por el tratamiento que le diera la curandera, se levantó temprano como todas las mañanas, se puso el traje gris que había comprado en su viaje al viejo continente, un moño negro y zapatos tambien de color negro, leyó el diario mientras desayunaba y una noticia lo alegró… el gobernador no descartaba la idea de lanzarse como candidato a diputado nacional… y pensó… “¿Después de el quien si no yo para gobernador?”. Entonces llamó a su amigo, el Senador, Dr. Coria de y le dijo que le trasmitiese a la Sra. Alicia que el “problemita” estaba en vías de franca solución… pero antes era preciso fijar un monto para financiar la campaña del gobernador.
Luego habló por teléfono con la máxima autoridad provincial alentando la intención política que había leído en el diario… y luego escuchó la voz grave del gobernador diciendo:… “Ángel… vos sabés lo que yo siento por mi provincia, creo que ha llegado la hora de que mi voz se escuche en los mas altos recintos legislativos, porque creo tener la suficiente autoridad moral para que los justos reclamos encuentren eco en esos oídos insensibles que marginan desde antaño a nuestra provincia sin siquiera considerar los servicios que los hijos de esta tierra le brindaron a la patria naciente… bla…bla…bla”
El Senador tragó saliva y estuvo a punto de contestarle pero si lo hacía seguramente aventaría toda posibilidad de sucederlo en la gobernación y solo se limitó a decirle… “Sr. Gobernador, Ud. sabe mas que nadie que cuenta con un amigo para lo que necesite… y no se preocupe por mi departamento, yo solventaré en el los gastos que demande la campaña y trabajaremos a destajo para que Ud. arribe a esa meta que se ha propuesto no para lucimiento propio sino para el bienestar de nuestra amada provincia”.
Dicho esto, el gobernador lo invitó a la Casa de Gobierno antes de que volviese a la Capital.
Antes de emprender el retorno recordó a los guardaespaldas de Hermenegildo y se propuso llevar los suyos.
Busco entre sus seguidores locales a los dos mas corpulentos, Moncho y Veya, les hizo confeccionar unos trajes con el sastre del pueblo y les compró gafas oscuras, y los llevo con el a la capital.






















Capítulo 8

La reestructuración partidaria”

El partido gobernante iba perdiendo el entusiasmo inicial que había despertado en el pueblo, pero esto no era capitalizado por el movimiento que seguía inmerso en una lucha intestina por el poder partidario que parecía no tener fin.
La fecha fijada para las próximas elecciones legislativas se aproximaba y con ella la oportunidad de retomar la senda del triunfo en las urnas. Al menos así lo veía el Senador Ortiz, el que a pesar de no haber salido bien librado de aquel debate televisivo con el Canciller, mantenía su olfato adiestrado en mas de 40 años de transitar por la política.

La reunión tenía carácter de ultra secreta y se realizó en un campo que poseía el líder sindical ortodoxo.
Primero llegó el Dr. Ortiz y casi inmediatamente lo hizo Hermenegildo acompañado como siempre por tres hombres vestidos de trajes negros y oscuros anteojos.
El Dr. Ortiz en su rebuscado lenguaje hizo un análisis político de la situación, y agregó… “Es posible que ganemos la gobernación de la provincia mas grande del país, pero ese no es nuestro hombre… el nuestro surgirá de una provincia pobre.”
Hermenegildo se levantó de su asiento y vio por el amplio ventanal como un peón vareaba un hermoso potrillo y dirigiéndose al dueño de casa le preguntó… “¿Cuándo debuta este?, a lo que el turco contestó… “en el próximo clásico de potrillos, este es hijo de Stand By.”
Ese diálogo entre Hermenegildo y el anfitrión pusieron de mal humor al Senador Ortiz, quien perdiendo su habitual compostura casi les gritó… “¡Pelotudos, sino reaccionan, Uds. le van a varear los caballos al próximo Presidente que se viene y que será de nuestro partido!”
Esas palabras tuvieron un efecto casi inmediato sobre los interlocutores quienes rápidamente captaron el mensaje y se comprometieron, aunque sin antes realizar algunas peticiones, a apoyar al Dr. Ortiz en este nuevo intento de reagrupar las filas partidarias.
Ya despidiéndose… el turco le dijo casi al oído a Hermenegildo… “tengo la sensación que pronto voy a comprar la mejor sangre importada para arrasar el Gran Premio Nacional”.
De regreso a la Capital, el Senador se enteró por boca de un mozo que casualmente había servido el café en aquella reunión.
Lo felicito Senador… a Ud. lo han propuesto en la nueva reestructuración partidaria como Secretario de Asuntos de las Provincias del Sur”.
Al principio Ángel no dio crédito y le pareció una broma de mal gusto por parte de aquel mozo, pero luego de meditar un instante se dijo… “He estado ausente diez dias… tengo que informarme que ha ocurrido aquí en ese tiempo”.
Le pidió a una de sus secretarias que lo contactase con Hermenegildo… pero fue inútil, había viajado a visitar a un amigo que pedía asilo político en Paraguay. Solicitó luego que lo comunicasen con urgencia con el Dr. Ortiz.
Ángel, ganado por la impaciencia caminaba alrededor de su despacho hasta que su secretaria le avisó que el Dr. Ortiz estaba al teléfono.
Sin siquiera saludarlo casi le gritó… “¿¡Que reuniones andas haciendo!?”… ¿Qué es eso de la Secretaria de Asuntos de las Provincias del Sur?...
Y el Senador Ortiz le contestó pausadamente… “En el proyecto que se viene su participación es menos que secundaria… o lo toma o lo deja”… y le colgó el tubo sin mas explicaciones.
Así pasó una semana de llena de incertidumbre. Ángel no podía concentrarse, tejía una y mil hipótesis… se preguntaba “¿reestructuración partidaria?”, “¿secretario de asuntos de las provincias del sur?”, “¿Hermenegildo, Ortiz y el turco juntos?”… y repetía en voz alta… “estos se traen algo… estos se traen algo”, y Susana ya desvelada por el insomnio de Ángel apoyaba la cabeza de este sobre sus pechos desnudos y trataba de consolarlo como a un niño asustado y así abrazados tiernamente los sorprendió las primeras luces del alba que se fueron filtrando a través de las persianas apenas entornadas.
El ring agudo del teléfono lo sobresaltó… “Es para vos Ángel… tu sobrino quiere hablar con vos”… “pasame el teléfono Susana”…“Si… quedáte tranquilo Cachi… el crédito ya sale… y el otro que sacamos… si, ese el los 900 mil pesos… por ese no te preocupes… el banco se liquida y la deuda desaparece”.
Estas muy tenso amor… ¿Por qué no tomamos una ducha”- le sugirió ella. Y mientras que el agua tibia recorría ambos cuerpos, Susana con su dulce voz y su tonada provinciana en vías de extinción, le susurraba al oído… ¿te acordás de Germán?… ese compañero mío de la escuela…esta acá en la Capital y necesita un trabajo…”y antes de que pudiera proseguir, Ángel le respondió… “decile que me vea mañana, lo voy a hacer entrar como ordenanza en el Senado”.
Recién promediando la semana pudo entrevistarse con el Dr. Ortiz, pero no obtuvo demasiada información, solo que si había existido un par de reuniones con la intención de reagrupar al movimiento en vísperas de la próxima contienda electoral.
Al regresar Hermenegildo pudo enterarse realmente de todo lo sucedido.
Hola, Ángel”… la voz era la de su amigo que había regresado de su viaje… “tenemos que vernos, ¿Qué tal esta noche en ese comedor exclusivo que te gusta tanto?
Esta bien… a las 9 nos vemos allí”- contestó, tratando de que el tono de su voz no lo traicionase.
Esta vez dudó entre la corbata rayada de seda que había o el moño negro con lunares blancos, y este le pareció más adecuado para esa ocasión.
Como de costumbre, Ángel llegó con puntualidad, el maître que ya era un viejo conocido lo guió hasta la mesa y le trajo un martini.
Luego del segundo martini llegó Hermenegildo pero ahora acompañado por dos señoritas enfundadas en unos pantalones de cuero y unas finas remeras adheridas a sus cuerpos, y por detrás de ellos, tres robustos hombres con anteojos oscuros que se sentaron una mesa mas allá.
Al promediar la cena Ángel le preguntó por su viaje y Hermenegildo le dijo que había ido a llevarle algún dinero a un amigo que estaba pasando por una mala situación y explayándose mas le dijo confidencialmente que se trataba de un ex diputado acusado de un crimen que había pedido asilo en aquel país porque se sentía un perseguido político, y agregó… “Yo tengo códigos y a mis amigos no los dejo solos. Ángel… agregó como si fuese un comentario casual…estamos reunificando el partido, y vos no vas a quedar afuera… yo a mis amigos, como te decía, nunca los dejo solos” y luego de proponer un brindis, dijo: “estas chicas han venido a divertirse y no ha hablar de política, llevémoslas a bailar”. Y así lo encontró la madrugada a Ángel, moño en el bolsillo, camisa arremangada y con una mujer colgada de su cuello, y como si todo eso fuese poco… por primera vez acaparaba todos los flashes de la prensa.
Situación incómoda era en la que se encontraba Ángel. Se venía una discusión parlamentaria muy delicada… nada mas ni nada menos que la Ley del Divorcio.
Al respecto el Senador tenía una muy bien fundamentada posición contra la sanción de dicha ley, es mas, había elevado una nota a la Cancillería pidiendo que se lo invitase al Papa a disertar en el Congreso con motivo de su próximo viaje al país, pero ¿Cómo explicar lo de la foto con la modelo colgada de su cuello?
Poco a poco iría entendiendo las palabras de Hermenegildo.
Mientras tanto el gobernador, con los fondos cedidos por la Sra. Alicia Lacosta de Fortes, iba financiando su campaña para ser electo diputado nacional, aunque le recordó a Ángel que esos fondos no eran para financiar la campaña en su departamento, que “como siempre, eso corre por su cuenta compañero”.
Ángel sabía que la gobernación tenía un precio, y así como la senaduría le había costado el valor de cinco camiones nuevos, bien podía poner otros cinco para que el dedo del gobernador lo señalase a el para sucederlo.



















Capítulo 9

A mis amigos no los dejo solos”

Quedate tranquilo Angelito, los muchachos se van a encargar de que esas fotos ni se revelen… te dije que a mis amigos no los dejo solos”, pero agregó con vos mas baja… “tenés otro problema mas serio, ya vamos a ver como se soluciona”, y dicho esto cortó.
La reunión del bloque giró en torno a la posición del movimiento con respecto a la ley que debía tratarse y al final de la misma un grupo de legisladores pidió un informe económico… y para sorpresa de Ángel faltaban 2 millones de pesos. Todas las miradas convergieron sobre el. El era el tesorero, el debía dar las explicaciones sobre el destino de aquellos fondos. Un largo silencio fue interrumpido por el Dr. Ortiz… “¿Y Senador, que nos puede decir al respecto?”… Ángel sintió como el rubor ganaba su rostro, sus manos transpiraban y la boca le sabía amarga y pastosa… ¿Qué podía explicar si el mismo ni sabía de la existencia de aquel dinero?... ¿reconocer eso en público?, ¡jamás!, eso era un suicidio por falta de conocimiento y responsabilidad. ¿Pero que decir?... y solo se le ocurrió una salida que al menos le permitiría ganar algo de tiempo… “lo investigaremos”- dijo – pero era conciente que la separación del bloque era inminente, y la expulsión del partido era el paso siguiente.
Esto sería el fin de su carrera política, llamó a Susana para concertar una cita esa noche pero solo escuchó en la voz metálica del contestador un escueto mensaje que le decía… “Por razones familiares, estaré ausente hasta el lunes”, Ángel dudo un instante pero enseguida se dijo a si mismo que era posible que no lo recordase y que ella se lo hubiera dicho antes… y pensó en voz alta… “Pobre Susana… con todos los líos que tengo últimamente le estoy prestando poca atención”. Decidió entonces que lo mejor sería pasar la noche en su piso de la torre Good Life. Llamó a su chofer y le indicó que lo condujera hasta allí. El tránsito congestionado los demoró, pero a Ángel le pareció un siglo… tenía la sensación de que a pesar de los oscuros cristales del vehículo, la gente lo reconocía y que todos le preguntaban por aquel dinero, no podía concentrarse para encontrar una explicación a aquel faltante y se preguntaba una y otra vez… “¿de que 2 millones hablan?... yo nunca maneje ese dinero, ni sabía de su existencia…” Luego de varios desvíos por el tumultuoso tránsito y avenidas cortadas por manifestaciones, pudo por fin llegar a su piso de la torre Good Life y una vez allí se sirvió un trago y se asomó al balcón de donde dominaba el río, y nuevamente tuvo esa sensación… desde las embarcaciones le gritaban… “devolvé los 2 millones” y no pudiendo soportar mas esa visión cerró las persianas y se derrumbó sobre la cama.
Sollozando por una mezcla de odio e impotencia trató de pensar… pero le fue imposible, y se durmió y los viejos fantasmas pueblerinos invadieron su sueño.
De pronto se vio en su pueblo sirviéndole una bebida gaseosa a un camionero que cargaba combustible en su estación de servicio, y luego a otro, y a otro, y así una larga fila de camiones esperando para cargar combustible mientras se refrescaban con la bebida que el generosamente les ofrecía, mientras que la competencia no podía despachar ni un litro de nafta y terminaban vendiéndole a el sus estaciones por un precio vil.
Luego se vio acompañando a un amigo que había sido citado por el Interventor de la provincia que quería ofrecerle el máximo cargo municipal, y como el con una excusa lo dejaba sentado en una confitería mientras gestionaba el puesto para sí.
Los primeros rayos del sol matutino lo despertaron, pero como nunca estaba desconcertado.
¿2 millones?, yo nunca supe de esa plata” decía una y otra vez.
Y se le ocurrió acudir a Hermenegildo.
Le contó lo ocurrido y entre llantos y juramentos le aseguró que el no sabía nada sobre ese asunto.
Ángel… yo me he reunido con el Dr. Ortiz y con un importante gremialista, nosotros somos los verdaderos ortodoxos… las reuniones que hemos tenido han sido duras y cada uno de nosotros puso su precio, el mío fue 2 millones de pesos”- y luego de un silencio, Ángel dijo… “Y el que lo pagó fue el hijo de puta de Ortiz,… el se quedó con los fondos y me cargó a mi el muerto…”
Así fue” dijo Hermenegildo, y agregó… “tenemos unos negocios con ese amigo que visitamos en Paraguay y necesitábamos esa plata”.
Pero podemos frenar tu expulsión del partido, y además te ofrecemos ser Secretario de Asuntos Interprovinciales en las provincias del sur en la nueva estructura partidaria”… “ahhh… además la familia del fotógrafo ya esta cobrando un seguro… mis muchachos se encargaron de todo”, “¿te dije o no te dije que a mis amigos no los dejo solos?”
Sus locos sueños de presidir el movimiento y a través de este llegar a ser ungido con la banda y el bastón presidencial se habían hecho añicos. Las cosas empezaban a cobrar sentido, el no era más que un mediocre dirigente del interior profundo, nunca podría domar ese potro indómito que era el partido que les legara el líder ya muerto… los trucos que había aprendido en su pueblo eran propios de un aprendiz de mago al lado de los que realizaban aquellos prestidigitadores profesionales de la política con los que le tocaba competir en la Capital. Pero si tenía un poco de suerte, quizás le aguardaría un mejor futuro político en su provincia. Después de todo allá siempre la buena fortuna le hacía un guiño… no había perdido una elección en su pueblo en mas de 40 años, era respetado por todos… e incluso el gobernador lo necesitaba cada vez que quería entrar a su departamento… “Sí – se dijo Ángel a si mismo – allá, salvo el gobernador, no hay nadie por encima mío, y con él puedo llegar a un arreglo.”
Sr. Senador – lo interrumpió su secretaria – acá hay una Sra. con dos chicos, dicen que son de su pueblo y que quieren conocer la Capital”.
Ahhh, cierto – contestó Ángel – dale una tarjeta mía y decile que donde la presente podrá entrar con los gastos a cuenta del bloque, y tambien pedile a mi chofer que con un auto del Senado los pasee por donde le pidan y por el tiempo que quieran”. Y luego de esto siguió pensando en la estrategia del “operativo retorno” como lo bautizó en honor de un operativo similar que devolvió al líder de su exilio.
2500 pensiones, remozar el proyecto del famoso dique, algunos subsidios y algún otro proyecto serán suficiente por ahora para el operativo” – se decía Ángel a si mismo – “tambien tengo que hablar con algunos amigos allegados al gobernador para que influyan sobre el. A esos les voy a prometer integrarlo a mi futuro gabinete cuando sea gobernador”.


















Capítulo 10

borombombon…Ángel gobernador”

Mientras tanto las cosas no le resultaban fáciles al gobierno.
Sus planes económicos fracasaban uno tras otro, la paciencia del pueblo parecía llegar al límite, la oposición se iba o reagrupando y mostraba ya signos vitales… pero lo más grave estaba por llegar. Un serio planteamiento militar le arrancó al gobierno la promesa de una ley de difícil sanción.
Los operadores del presidente se abocaron a la complicada tarea de convencer, no solo a los parlamentarios oficialistas sino tambien a los de la oposición para que la ley saliese.
En su despacho Ángel escuchó atentamente al enviado del Presidente de la Nación que le explicaba la gravedad de la situación… que esto, de no solucionarse llevaría al quiebre institucional… que volverían los oscuros años de tiranía y un montón de predicciones apocalípticas.
Recostándose sobre el sillón y acomodándose el moño, Ángel dijo… “si esto es sumamente grave… pero… ¿no tienen quórum propio para sacar la ley?”.
El enviado del presidente bajó la cabeza y dijo… “dice el presidente que su voto es decisivo”.
Claro, claro – respondió Ángel – cuenten con mi voto, es más yo voy a hacer campaña a favor de la ley… pero imagínese,… ¿Cuánto cuesta el segundo en televisión?... digamos… voy a necesitar unos 4 millones de pesos… la continuidad institucional vale mas, dígale al Presidente que levantaré mi mano a favor de la ley”.
La ansiada ley fue sancionada y Ángel ya pensaba como invertir los 4 millones de pesos… gigantografías en toda su provincia con la leyenda “ÁNGEL GOBERNADOR”… una propaganda televisiva mostrándolo recorriendo su provincia rancho por rancho tomando un mate con sus sufridos moradores, acariciando alguna anciana y besando a un niño sucio y mocoso… prometiendo que todo eso cambiaría cuando el fuese elegido gobernador. Imaginaba ya la apoteótica caravana que saldría de su pueblo con rumbo a la Capital provincial para aclamarlo. Cientos, miles de vehículos embanderados y adornados con afiches mostrando su rostro sonriente, y en cada pueblo, cada paraje entre su pueblo y la ciudad capital se irían agregando mas y mas vehículos a la caravana, no solo autos, camiones y colectivos, sino tambien gente en moto, en sulki y hasta paisanos a caballos, y casi sin darse cuenta, instintivamente, como un reflejo, empezó a canturrear… “borombombon… borombombon…Ángel… gobernador.”
En esas divagaciones estaba cuando su secretaria lo interrumpió diciéndole que tenía un llamado del gobernador de su provincia.
Ángel estaba seguro sobre el motivo del llamado… ya escuchaba la voz grave del primer mandatario provincial…
Ángel… te llamo para comunicarte que he decidido que vos seas mi sucesor en la gobernación. Este pedido, al cual no puedes negarte, te lo hago especialmente porque se de tu capacidad y lealtad para con tu provincia… estoy seguro que serás un excelente gobernador y que incluso opacaras mi recuerdo en el cariño de todos nuestros comprovincianos…”
Pero no fue exactamente eso lo que le dijo el gobernador.
Ángel… los aportes de la viuda para mi campaña a Diputado Nacional son insuficientes… necesito imprimir mis gigantografias para repartir en toda la provincia, y supongo – agregó – que llenarás tu pueblo con ellas. Necesito, aparte del aporte que harás vos en tu departamento, en el cual descarto mi éxito, te decía, necesito 4 millones de pesos más”. Y agregó lacónicamente – “cuento con eso”.
Ángel tragó saliva y pensó un insulto a modo de contestación, pero el gobernador no le había dicho que el no sería el elegido para sucederlo, solo le pidió una ayuda para dejarle el terreno expedito y contesto con los reflejos propios de un político que sabe como esconder sus estados de ánimos a la espera de una mejor oportunidad.
Como no Sr. Gobernador, cuente con esa ayuda”.
Tratando de buscar consuelo Ángel se dijo a si mismo… “habrá nuevas leyes para votar”.

Ángel se sentía cansado. El trajín partidario y legislativo era ya demasiado para sus nervios y decidió hacer un viaje a
Europa para justificar una visita a la “Sra. viuda del líder”, un paseo obligado por el Vaticano y luego el Medio Oriente para tener una “apreciación sobre el terreno” del conflicto Palestino – Israelí, y culminar en China… “quizás podría traer inversores chinos a mi pueblo” – se ilusionaba. “A Susana le va gustar conocer estos lugares”.
Fueron unas felices vacaciones para la pareja.
Al retornar no perdió la oportunidad de llamar a una conferencia de prensa para anunciar los éxitos de su misión… pero una vez en su pueblo sus declaraciones a un medio local fueron realmente de un carácter grandioso…
Como le decía fuera de aire Sr. Periodista, estuve reunido por mas de dos horas con la “Sra.” y ella me pidió que aceptase la candidatura a Gobernador Provincial.”
Y prosiguió – “Tuve la oportunidad de reunirme con el líder palestino primero y el israelí después. Se comprometieron conmigo a buscar una salida pacífica al conflicto”… y el periodista con cara de admiración y orgullo le dijo… “Usted debería nominarse para el premio Nóbel de la Paz”… y Ángel sonriendo le respondió… “es posible… es posible.”Y nuevamente la imaginación de Ángel lo situó esta vez en Oslo… “He sido honrado con un premio ecuménico y debo confesar que el pecho henchido de orgullo no refleja mi real satisfacción que es la de ver hoy dos pueblos que hasta ayer separados por un odio ancestral, pueden a partir de mi gestión, no solo convivir en paz sino tambien planear juntos un futuro.”
Y cerrando la entrevista dio la primicia que en breve “desembarcarían en el pueblo importantísimos empresarios chinos que deseaban invertir en la provincia”.

Disimulando el vacío que sus compañeros de bloque le hacían y alejado de la lucha partidaria por una herencia que parecía haber encontrado a su único heredero en aquel “pequeño dirigente de ridículas patillas”, Ángel se abocó a construir un espacio de poder, pequeño pero espacio al fin.
Esgrimiendo dotes intelectuales aprendidas de aquellos viejos libros de hojas amarillentas a los que siempre recurría, llegó a tener una importante injerencia en la Biblioteca del Congreso de la Nación y desde allí realizó innumerables nombramientos cuyos beneficiarios eran familiares y amigos.
Susana, en aquellas noches en que la pasión daba lugar a los pedidos, con su voz suave le susurraba al oído mientras que apoyaba su muslo desnudo entre las piernas, tambien desnudas de Ángel… “¿podrías hacerlo entrar a Julio en la biblio?”, y una vez pedía por Julio, otra por Alberto y así una interminable lista. Y Ángel siempre le contestaba lo mismo…
decile que me vean así los acomodo en algún puesto en la biblioteca”.














Capítulo 11

El fin de don Ángel”

El diario de la provincia decía en grandes titulares “SENADOR NACIONAL ENTREGARÍA PARTE DEL TERRITORIO A PROVINCIA LIMÍTROFE”
Según trascendidos el Senador Nacional Ángel… estaría negociando la entrega de parte del territorio provincial para favorecer la situación impositiva de importante fábrica…”
¡Mentiras…son todas mentiras!”… “¡Eso no es cierto!”- exclamó Ángel a viva voz mientras golpeaba con su puño la mesa de la confitería de la cual era habitué desde que había arribado a la Capital – y agregó – “¡esos son chismes del hijo de puta de Ortiz!”
Inmediatamente marcó desde su celular el número privado del gobernador de su provincia para que explicarle sobre aquella infamia de la que el no tenía nada que ver.
Sr. Gobernador… mi querido amigo, no creerá Usted esas mentiras infames que han publicado los diarios, esa es obra del Senador Ortiz que quiere perjudicarme porque sabe que su proyecto expansionista, su loca idea de quedarse con parte de nuestro territorio provincial, se estrellará contra la defensa férrea que ejercitaré cuando yo sea gobernador de la provincia.”
La respuesta del gobernador fue inmediata, sin rodeos…la voz del gobernador le sonó mas grave que de costumbre…
Ángel… yo no puedo poner mi provincia en manos de quien no confío…Ángel”…agregó el gobernador… “agradezco la gestión de los fondos que has conseguido sin los cuales no podría haber llevado adelante mi campaña, como así tambien te agradezco el valioso aporte en tu departamento, pero mi decisión esta tomada…El Ingeniero Chávez será mi sucesor, el será el próximo gobernador ”… y sin siquiera despedirse, el primer mandatario provincial cortó la comunicación telefónica.
Ángel, sintió como si sus piernas abruptamente hubieran sido cercenadas y su cuerpo cayó pesadamente sobre el mullido sillón de su despacho, su vista, nublada, percibía los cuadros del líder y de su esposa como figuras fantasmagóricas que desde la pared parecían burlarse de su trágico momento.
Pero como siempre que algún problema lo agobiaba, Ángel buscó el auxilio de Susana y pasó la noche en el departamento de ella tratando de pensar en una estrategia para no perder todo.
Ella es el único ser en la tierra que me comprende” pensaba mientras contemplaba su silueta desnuda a través de la mampara del vidrio difuso de la ducha.
Ella siempre estuvo a mi lado entregándome su juventud… ¿y que me pide a cambio?, nada… para ella nada, lo que me pide siempre es para otros, pequeños favores, algún puesto para algún amigo, gestionar la jubilación de sus abuelos y de sus padres… ella es el puente entre la gente y yo.”
Y de pronto se le ocurrió… “Buena prensa… eso necesito… buena prensa”.
Efectivamente eso era lo que necesitaba… prensa favorable, y en el bloque al cual pertenecía no podría nunca acceder siquiera a una nota… y entonces se le ocurrió la solución. Mandó a buscar con su chofer sus viejos libros y se pasó la noche redactando su renuncia al bloque que presidía el Dr. Ortiz, y otra dirigida al Presidente de la Cámara de Senadores comunicándole su resolución y su decisión de formar un bloque unipersonal del que él sería Presidente.
Ya vería Ortiz.
Al
Sr. Presidente de la H.C.S.
Dr. Carlos Burgos
………………………………………………………, motiva mi decisión de separarme del Bloque al cual pertenezco, serias e insuperables diferencias ideológicas, por considerar que el Bloque que preside el Dr. Ortiz ha incurrido en desviaciones ideológicas de tal magnitud que me hacen poner en duda si realmente representa el ideario que nos legara nuestro conductor. Pongo en vuestro conocimiento mi voluntad de crear un bloque unipersonal que llevará el nombre de nuestro líder y confío que a partir del mismo nuestro movimiento recuperará su esencia…”

Las elecciones provinciales para elegir nuevo gobernador y diputados nacionales se habían realizado con normalidad.
El voto popular había otorgado el triunfo al Ingeniero Chávez quien era ya el nuevo gobernador provincial, y el antiguo gobernador era ahora Diputado Nacional… para Ángel, aquella decisión del gobernador de haber optado por Chávez y no por el, había sido un duro golpe a sus aspiraciones, pero sabiendo que su reelección como Senador Nacional no dependía directamente de el, sino de su buena relación con el caudillo provincial, instruyó a sus seguidores que votasen por Chávez, después de todo no había otras estrellas en el firmamento político en la provincia, entonces lógico era pensar que Ángel abrigase muchas esperanzas para la reelección de su mandato como Senador Nacional.
Algunas promesas de colaboración desde su banca al Ingeniero Chávez, y algunas nuevas pensiones graciables serían suficiente argumento para una futura reelección, y si la suerte no le resultaba adversa… un sorteo que lo beneficiase por otros 6 años… “Senador Nacional hasta 1995… suena bien” pensó Ángel – y mientras que acariciaba el moño que adornaba su camisa, se dijo a si mismo… “solo es cuestión de tiempo para que entiendan que soy el candidato”…

El movimiento poco a poco fue reorganizándose y todas las corrientes del mismo fueron confluyendo detrás de “aquel gobernador de ridículas patillas”. Detrás de él, los ortodoxos con el Senador Ortiz como referente de esa fracción, el “doctorcito con tonada cordobesa” representando a la renovación, en fin… todos trataban ahora de congraciarse con el nuevo conductor, y en la provincia de Ángel varios luchaban codo a codo para ocupar un espacio en el escenario junto al candidato a presidente del movimiento.
Ángel, alejado ya de las internas partidarias había encontrado un poco de calma y disfrutaba de su nuevo bloque, su única ambición era ahora la reelección por un nuevo período como Senador Nacional.
Era ya conocido en el Congreso y todo el personal lo saludaba cordialmente… “¿Cómo le va don Ángel?... ya le traigo el té con leche y dos tostadas como siempre Sr. Senador…” todos tenían siempre una palabra para con él… y el para con ellos… “ehh chango… pareces comprovinciano como trabajas” – haciendo alusión a alguno poco afecto al trabajo – o un… “Rosita…quisiera tenerte en mi florero” dirigiéndose a alguna empleada.
A veces algún reportero de una pequeña publicación le pedía una declaración y el solemnemente le comunicaba que pronto se sancionaría su proyecto de ley sobre la construcción de un dique que solucionaría el problema de agua de una amplia zona, o que había descubierto un micrófono oculto pegado con una goma de mascar debajo de su escritorio y que por ese motivo se filtraba la información secreta de su despacho legislativo.
Desde su nuevo bloque podía decidir que decir y que hacer, pues, como se dijo era un bloque unipersonal. Y cada vez que volvía a su pueblo llevaba consigo jubilaciones, pensiones, subsidios y promesas de obras producto de “numerosos proyectos que el había presentado y estaban próximos a ser aprobados”. Y así transcurrieron los años que le faltaban para cumplir su mandato, siempre con la certeza de que sería reelecto como Senador Nacional por su provincia.

Los operadores de esta nueva conducción se movieron rápidamente para influir sobre a quienes se debían elegir para conformar las nuevas huestes legislativas.
Y a la provincia de Ángel llegó el hijo del Dr. Ortiz, a fines de indicarles a los diputados provinciales quien sería el próximo Senador Nacional, y estos conforme a las instrucciones nominaron a Pepe Ponce.
Había llegado el fin para Ángel.
La noticia lo derrumbó.
Sus sueños de ser Presidente del movimiento, Presidente de la Nación, Gobernador de su provincia, y por último ser reelecto por un nuevo período como Senador Nacional se fueron esfumando como volutas de humo en el denso y complicado Olimpo de los Dioses de la Política, en el que tiene poco valor la palabra empeñada y en el que la estabilidad depende de las arteras maniobras que se ponen en juego, en beneficio personal.
Ya no habría más micrófonos, ni cámaras, ni valijas diplomáticas… ni siquiera Susana, la que seguramente ahora serviría de puente entre la gente y algún nuevo Dios.

Cuentan los empleados del Congreso Nacional que todas las mañanas muy temprano, don Ángel llega impecablemente vestido con su traje claro y su moño, con carpetas bajo el brazo conteniendo los más disparatados proyectos y sus libros del autor de la Constitución Nacional, pero su escaño ahora lo ocupa otro.


Oscar Niño
Frias, noviembre del 2009






































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