EL SENADOR
(Las desventuras políticas de don Angel)
INTRODUCCION
Desde el inicio de las
civilizaciones, los pueblos han tenido la necesidad de colmar sus
altares con dioses en la creencia de que estos derramarían sobre
aquellos una dicha sin par, y si esos dioses no cumplían el fin para
el cual habían sido creados, eran reemplazados por otros.
Pareciera que esta ancestral
costumbre viajo por el túnel de la historia para instalarse en la
sociedad que dio origen en esta trama, a Ángel, al Dr. Ortiz, al
gobernador, al Presidente e incluso a la misma Susana.
Estos se erigieron como
dioses de una sociedad cuyo grado de culturización parece tener un
precario grado de desarrollo…
Personajes, surgidos y
encumbrados por la misma sociedad, amados y odiados a la vez, pero
siempre respetados y admirados… ¿Quién no ha querido parecerse
alguna vez a Ángel?, ¿o a un Presidente que irradia la imagen de lo
que nos gustaría ser y no somos?... ¿o pertenecer al círculo de
una Susana en la creencia que a través de ella podemos ingresar
aunque mas no sea como sirvientes en el Octavo Círculo del Infierno
del Dante que es el Olimpo en el que moran estos dioses modernos.
Países como los de Ángel
han tenido siempre una vocación marcada por los “ismos” creados
a partir de tres elementos, picardía criolla, audacia y suerte,
mezclados en el alambique social.
Algunos de los dioses
surgidos de esa alquimia han perdurado en el recuerdo de la gente,
otros en cambio han sido condenados al olvido… Ángel, ha pesar de
haber muerto pertenece a los primeros… al menos mientras su nombre,
al ser invocado, sea capaz de obrar algún milagro.
¿Quién
es Ángel?
Ángel podría haber sido
Juan, Pedro, Luís o cualquier hijo de un inmigrante de los ciento de
miles que llegaron al país, expulsados de sus patrias en los
primeros años del siglo XX.
Argentina se abrió
generosamente y esa masa migratoria fue llenando la geografía del
país.
La esperanza de volver luego
de “haber hecho la América” no les permitía concebir la idea de
incorporarse a la vida nacional, pero sus hijos… o al menos muchos
de ellos nacidos en esta nueva tierra no sentían tal complejo por lo
que les resultó fácil la integración.
No fue casualidad, al
principio, la simpatía por Hipólito Irigoyen y el partido Radical
que el representaba y luego por Juan Domingo Perón como continuador
del Movimiento Nacional.
El pueblo de Ángel es el
típico pueblo limítrofe entre dos provincias, parido por el
ferrocarril y los obrajes que le servían. Criado a la sombra de
algún emprendimiento fabril de cierta magnitud y de un sector
público que fue cobrando gran importancia como “colector de
voluntades electorales”.
La agudeza del personaje, su
extrema sociabilidad, y la participación gremial en 1945 dentro de
aquella fábrica, fueron las constelaciones que alineadas
correctamente, lo catapultaron a la vida política. Una diputación
provincial le permitió conocer las primeras letras de la política y
con ellas fundó, en su pueblo, un bastión propio de tal magnitud
que lo transformó en el referente político de la región.
Amigo de la “gauchada”,
por cierto acompañada de la intencionalidad política, inescrupuloso
a la hora de defender posiciones propias… en fin, el típico
político que tiene en claro el concepto “que primero esta el
hombre, segundo el movimiento en la medida que este es funcional a
sus intereses y por último… la Patria”.
La razón de ser de Ángel,
sin desconocer las cualidades propias del personaje, se debe más,
sin duda a su entorno social que permitirá con su complicidad y
complacencia la existencia de un Ángel, de un Juan, de un Pedro… o
de un Luís.
Capitulo 1
“La elección”
El ir y venir de los vehículos
no lo había dejado conciliar el sueño aquella noche de octubre…,
de cualquier manera no hubiera podido dormir pensando en la jornada
electoral del día siguiente.
Se levantó temprano ese día
que había amanecido con un sol espléndido. Se asomó a la ventana y
dijo… “Es un día como esos que le gustaban a nuestro líder”,
y mientras desayunaba un té con dos tostadas como era su costumbre,
deslizó un…
“Espero que los muchachos se
hayan movido bien anoche… había mucho para repartir”… y su
esposa le respondió casi con indiferencia…“como siempre,…
ellos conocen el trabajo”.
Esta no era una elección mas…
era su elección, era por lo que había trabajado toda su vida.
El votaría en la Escuela
Fiscal “Nemesio Tapia”, mesa 89. A media mañana llegó al
establecimiento y la larga cola de votantes que desde temprano se
habían congregado, se le ocurrió serpenteante, animada, alegre,
como aquellas colas que pugnaban por entrar en los bailes de carnaval
de su pueblo.
“Denle paso al Senador” –
como un vaticinio – alguien gritó desde la larga fila, ya otro se
sumo al coro con un… “pase don Ángel, vote Usted primero”.
El periodismo local casi se
abalanzo sobre el en el momento que emitía su sufragio en la urna.
La pregunta común… ¿Por
quien votó Ud. don Ángel?, y el con una sonrisa pícara… “ahhh…el
voto es secreto”
Los “punteros” en una
actividad frenética repasaban los padrones e indicaban que se
buscase a tal o cual persona porque aún no había sufragado. Al
mediodía, desde la casa partidaria llegaban las viandas con gaseosas
frescas para los fiscales de mesa del movimiento, que generosamente
compartían con los fiscales de los partidos más chicos olvidados
desde temprano por sus comités ante la segura derrota electoral,
seguridad surgida de la mera observación de las colas de votantes.
Ángel sabía de sobra que el
candidato a presidente por su partido tenía pocas chances de alzarse
con la victoria, pero eso no constituía una preocupación… su
verdadero interés era que la gobernación y la legislatura
provincial quedasen en manos del movimiento… de eso dependía su
suerte.
Las primeras bocas de urna
marcaban una tendencia favorable e irreversible para el candidato a
presidente del partido adversario, pero eso no inquietaba a Ángel
porque la victoria del movimiento al que el representaba se iba
consolidando urna tras urna y al final del escrutinio Ángel se sabía
ya ganador.
Susana, desbordante de
alegría, se veía más radiante que nunca a pesar de la larga
jornada. Su jeans gastado parecía adherido a su piel, y su blanca
remera de lycra denotaba el contorno de sus pechos. Al entrar Ángel
a la casa partidaria, ella corrió a su encuentro y colgándose del
cuello de la esbelta figura del ya seguro Senador gritó… “¡Ganamos
don Ángel… ganamos!”, y el, tomándola por la cintura le dijo…
“Si Susana, ganamos… preparate que nos vamos a la Capital”.
La Legislatura Provincial lo
había consagrado Senador Nacional.
Los aplausos colmaron el
recinto.
Ángel acarició su corbata
rayada de seda y entrecerrando los ojos pensó… “Senador
Nacional,… soy un Senador de la Nación”.
Durante el tiempo que duraron
los aplausos vinieron a su mente miles de recuerdos…
El relato contado cientos de
veces por su padre de cómo había llegado a América desde tierras
lejanas a las que nunca más pudo volver. Su infancia humilde en
aquel pueblo del interior que prometía alguna vez en transformarse
en una ciudad.
Su primera y única maestra,
la que le enseño las primeras letras. Su trabajo en la municipalidad
conseguido por el caudillo conservador. Su empleo en la fábrica a
través de la cual hizo la militancia gremial que le permitió llegar
a ser diputado provincial.
Recordó tambien aquellos años
difíciles en los que fue electo diputado nacional por el movimiento…
el, representando a la gobernación de su provincia durante el
mensaje que ofreciera el líder del movimiento recién vuelto del
exilio. La extraña sensación que sintió cuando entró por primera
vez al Congreso de la Nación y trató personalmente con las figuras
políticas que hasta ayer le parecían seres inalcanzables y de las
que solo conocía sus voces cuando trasmitían sus discursos
políticos que el escuchaba por la vieja radio de lámpara y en los
que prometían un paraíso al que el pueblo jamás accedería.
Ahora el estaría allí,
sentado entre ellos discutiendo los grandes temas nacionales.
El decidiendo sobre la Ley de
Amnistía, el divorcio vincular y cuanto tema que marcaría el pulso
de la Nación por los próximos años… pero fundamentalmente
entrelazando relaciones que le asegurasen una ascendente carrera en
la política.
Una vez apagado el eco
rumoroso de los aplausos Ángel se dirigió a la Cámara pronunciando
un bien memorizado discurso.
Al principio su voz sonó
trémula y sintió como sus manos se transpiraban, su vista nublada
por la emoción no le permitía distinguir los rostros que hasta
apenas un momento atrás le resultaban familiares, pero pronto se
repuso.
- “Compañeros y compañeras
– dijo - he sido distinguido por Uds. en el día de hoy con la
honrosa responsabilidad de representar a mi querida provincia en los
mas altos estrados legislativos de la República”- y continúo –
“el movimiento, al que pertenezco, y yo nos encontramos en el 45.
Muchos de Uds. aún no habían nacido o eran muy jóvenes cuando
nuestro líder llegó en tren a mi pueblo y tuve el honor de
compartir el escenario con él. En aquel acto me abrazó y me dijo…
El destino del movimiento en este pueblo, es a partir de hoy su
responsabilidad… Sepan Uds. que allí quedo sellado mi pacto con la
causa.
Tengan toda la seguridad que
mi voz, como cada vez que me tocó hacerlo, se alzará alta y firme
como el cóndor que busca el cielo, en la defensa de los intereses de
nuestra amada provincia. El sol jamás reflejará la sombra de mis
brazos caídos, he de luchar mas allá del límite de mis fuerzas
para que por fin nuestra Patria, al igual que la invocación de Jesús
a Lázaro, se ponga de píe y camine”.
Y dirigiéndose al gobernador
agregó… “Querido amigo, Ud. y yo nos conocemos de antaño, sé
de su bonhomía, de su constante preocupación y ocupación por
nuestros sufridos paisanos,
Tenga Ud. la total seguridad
que compartiremos siempre la misma trinchera cada vez que la causa
así lo requiera”.
Nuevamente los aplausos
inundaron el salón y Ángel se dijo a si mismo: “Nadie merece esto
mas que yo. Esta campaña me ha costado bastante dinero, y el
gobernador no puso ni un peso”.
Durante el viaje a la Capital,
donde debía jurar como flamante Senador Nacional, imaginaba el
reencuentro con aquellos viejos compañeros, “el turco secretario
general de los trabajadores… Italo… siempre tan formal… tan
bien… y tantos otros que no veía desde el 76… ¿la Sra.?...
¿Cuándo vendrá de España?... ahhh… si estuviese el líder”-
cavilaba.
Pero el líder había muerto…
y la conducción acéfala era hoy prenda de disputa entre aquellos
viejos “amigos” y otros nuevos que se habían sumado.
Mas temprano que tarde el
flamante Senador Nacional descubriría que nada había quedado de
aquellas relaciones urdidas en los tiempos en que la única voz que
se alzaba era la del fundador del movimiento.
El “turco” había dejado
de ser aquel casi ignoto dirigente gremial del 76, Italo ya no le
parecería ni tan formal ni tan bien… y la Sra. no quería nada
más que le devolviesen los bienes que le habían sido confiscados
por la dictadura militar.
Este era el nuevo escenario
que encontraría Ángel al arribar a la Capital… el, que venía
desbordante de alegría por el triunfo del movimiento en su
provincia. Pronto entendería que los ánimos de sus compañeros por
la derrota a nivel nacional, no eran los mejores para discursos
extraídos de viejos libros, y que nadie… ninguno de ellos quería
ser el responsable de aquella su primera derrota electoral en casi 40
años de vida del movimiento.
Capítulo 2
“Aquel horroroso Congreso”
A pesar de haber conocido a
muchos de ellos desde los inicios de la historia del movimiento, su
carácter de dirigente del interior lo relegaba a un plano secundario
en la mesa de las discusiones partidarias.
En definitiva el no era más
que un dirigente del interior de una provincia pobre, el
reconocimiento a su trayectoria se limitaba al departamento y a su
pueblo que era cabecera del mismo. Allí si era valorado, allí era
“don Ángel”, allí había fundado un gentilicio político
imbatible, incluso hasta para el mismo gobernador con el que mantenía
una relación pendular desde que ambos se ambos se iniciaran en la
política.
Su espíritu solidario le
había valido el cariño de su gente y el respeto de sus adversarios
políticos locales, su imagen en el campo era mirada con devoción
por los humildes paisanos que agradecían eternamente la pensión
graciable, el traslado de algún enfermo o el ataúd para enterrar
cristianamente a algún muerto, y en el pueblo sus seguidores tambien
tenían sus motivos para jurarle fidelidad, el puestito público en
la municipalidad, el nombramiento de la hija maestra o en la policía
eran favores comunes que “don Ángel” les hacía.
Pero muy lejos estaba de
proyectar esa figura al ámbito provincial y menos aún en el
nacional, no obstante estaba dispuesto a pagar cualquier precio para
conseguir un espacio bajo el sol partidario.
Se había convocado a un
Congreso Partidario en la capital del país y ese era un buen momento
para comenzar a tejer las alianzas que lo lanzarían definitivamente
al estrellato de la política nacional.
Los resultados electorales
habían sido adversos para el movimiento al cual pertenecía Ángel,
a pesar de que el había sido electo Senador Nacional. Sin embargo la
anunciada autocrítica no aparecía como una posibilidad en el
horizonte de aquel partido cargado de la mística con la que el líder
la había impregnado.
El Congreso del movimiento no
había sido otra cosa más que un acuerdo de cúpulas. Allí estaban
todos los derrotados de la última elección general, los
anquilosados y soberbios políticos de la capital, los sindicalistas
con sus camperas de cuero y sus barras bullangueras y agresivas,
entrenadas para impedir la palabra de alguna voz disconforme.
Todos los mariscales de
aquella derrota tratando de perpetuarse en el poder partidario. Eran
los herederos del líder, que se aprontaban a una lucha cruel por la
herencia de poder que este había dejado al morir.
Ángel se sentía plenamente
identificado con ellos, mas aún, el tambien reclamaría su parte de
la herencia. En su anterior paso por el Congreso Nacional los había
conocido a todos y el creía que eso era suficiente para que lo
reconociesen como un igual… pero no era así. Y con el tiempo lo
descubriría.
Ángel se había pasado tres
noches en vela repasando unos viejos libros de hojas amarillas
escritos por el autor de la Constitución Nacional; había encontrado
como siempre en ellos, citas notables que según su apreciación
causarían la admiración de los asistentes al Congreso… imaginaba
ya los bombos aclamando su palabra… los abrazos de sus pares luego
de su discurso, pero nada de eso ocurrió, ni siquiera se le permitió
el uso de la palabra porque cada vez que intentaba comenzar con su
discurso, una avalancha de gritos e insultos lo interrumpían.
Claro que no fue el único
disconforme con aquel Congreso, al que luego lo calificó como
“horroroso y de pésima imagen”.
Muchos dirigentes del interior
tambien se sentían atropellados por aquellas decisiones a puertas
cerradas, la ausencia de la autocrítica y el estilo patoteril.
Era el momento de hacer algo
si se quería salvar al movimiento, y sobretodo ya vería esa cúpula
ortodoxa – a la que a pesar de aquel Congreso, él seguía
admirando e identificándose con ellos.
Entabló contacto con todos
los disidentes de aquel “horroroso” capítulo de la vida
partidaria y consiguió las firmas suficientes para convocar a uno
nuevo, ahora en su provincia, algo que resultaba totalmente novedoso
púes era la primera vez que el movimiento sesionaba fuera de la
capital, y además tenía ahora un verdadero espíritu federal.
Soñaba Ángel que este nuevo
congreso lo consagraría como presidente del partido y porque no
entusiasmarse entonces con la idea de que él podría ser el próximo
Presidente de la Nación.
Bajo el ardiente sol del
tórrido verano provincial comenzaron las deliberaciones partidarias,
multitudinarias, a puertas abiertas sin barras bullangueras que
impidiesen la palabra de ningún disertante.
Allí si pudo hacer uso de la
palabra y justo es decir que fue aclamado en varios pasajes de su
alocución. Esos aplausos fueron inflamando su discurso, pero el
momento culminante llegó cuando los delegados del distrito más
grande del país empezaron a cantar contra el principal dirigente al
cual deseaban eliminar de la vida partidaria… “Hermenegildo… ha
llegado tu fin… don Ángel es nuestro paladín”… Ángel pidió
silencio, ya sin saco con las mangas arremangadas de su camisa y
aflojando el nudo de su corbata casi como un reflejo, dijo…
“Queridos compañeros… sé de los atropellos de los que son
víctimas, sé del estilo patoteril de Hermenegildo… pero sepan que
desde esta tribuna, solidarizándome con Uds. pido a las autoridades
electas de este congreso la inmediata intervención del distrito de
Hermenegildo… y que sus actos serán juzgados con la mayor
severidad por el tribunal de disciplina partidaria y que yo…
personalmente pediré la expulsión de este oscuro, nefasto y
patético personaje que no hace mas que enlodar la imagen del
movimiento que nos legara nuestro líder”. Los aplausos, saludos y
abrazos parecían haber transportado a Ángel en un viaje imaginario…
estaba ahora en el balcón de la Casa de Gobierno con los brazos
extendidos observando a las masas que aclamaban su nombre… y en la
antesala de su lujoso despacho el gobernador de su provincia
consumiendo horas antes de ser atendido por él.
Las conclusiones finales de
aquel Congreso Extraordinario se anunciaron al final del segundo día
y el documento decía:
… “Eliminar las antiguas
prácticas autocráticas que solo conducen al desmembramiento del
movimiento que nos legara nuestro líder”… mas adelante agregaba:
… “Se resuelve la intervención del movimiento en la mayor
provincia de nuestra patria y se designa como interventor al Senador
Sr. Ángel”…
Para cualquier persona común
ese puesto de Interventor partidario le hubiera producido un
escalofrío similar al de un condenado al que le avisan que en la
madrugada será conducido al patíbulo porque si algo no tenía
Hermenegildo y sus secuaces eran escrúpulos.
Pero no era el caso de Ángel.
El Congreso había resultado
como lo había planeado, y el sabría como usar el cargo que le
habían asignado.
Lo primero era hacerles saber
a las cúpulas ortodoxas del partido que ahora el Movimiento pasaba
por otras manos y que esa había sido su obra.
Ni bien concluyeron las
deliberaciones partidarias, convocó a todos los medios de prensa
nacionales y refiriéndose al nuevo estilo inaugurado, dijo:
“Hemos puesto fin a un
estilo partidocratico en el que unos pocos decidían por todos… fue
por culpa de ese estilo y de sus cultores que hemos perdido las
elecciones pasadas. Tienen que entender de una buena vez y para
siempre estos mariscales de la derrota que los tiempos pasados son
solo eso… tiempos pasados, ahora, respetando nuestra historia, nos
ponemos nuevamente de pie y nos ofrecemos como la única alternativa
válida para nuestra sufrida Patria. Con respecto a la labor que se
me ha encomendado seré un fiel ejecutor de la misma y no soportaré
indisciplinas partidarias ni desviaciones ideológicas… quien no
este de acuerdo será expulsado del partido sin mas trámite”.
La prensa del país se había
concentrado en aquella pequeña villa turística que excepcionalmente
recibía gente por aquella época del año, mas acostumbrada a la
silenciosa alegría de los abuelos que al ensordecedor ruido de las
deliberaciones multitudinarias.
“¿Cree Ud. – le preguntó
el periodista de un medio nacional – que podrá llevar con éxito
su gestión como interventor, considerando que el caudillo político
del distrito ha dicho ya desconocer su autoridad?”.
“Le repito lo que le he
dicho anteriormente a sus colegas, Sr. Periodista – respondió
Ángel – el movimiento que hemos
fundado hoy con estos
compañeros no se detendrá ante matones que se atribuyen vaya a
saber Dios con que títulos y herramientas, el poder hegemónico del
movimiento en el mayor distrito del país. No consentiremos tampoco
desviaciones ideológicas. Le aseguro Sr. Periodista… no defraudaré
a los compañeros que me han asignado tan importante y delicada
tarea.”
De regreso a su pueblo, luego
de aquel Congreso, el recibimiento fue magnifico, sus partidarios,
curiosos y adversarios políticos colmaron dos cuadras frente al
escenario montado en la casa partidaria, luego de entonar la pegadiza
marcha que identificaba al movimiento, el locutor del acto anuncio la
palabra del “Senador Nacional, Interventor del movimiento en el
distrito mas grande del país y futuro Presidente de la Nación”.
Don Ángel extendió ambos
brazos como queriendo abrazar a la multitud que se había agolpado en
las calles y pronunció un encendido discurso de tono admonitorio
dirigido al Presidente de la Nación en el que le advertía que el no
iba a permitir bajo ningún punto de vista la entrega que se estaba
haciendo del país a la banca extranjera y a países expansionistas.
“¡El partido gobernante ha
defraudado al pueblo que lo ha votado… nos prometieron un paraíso
y estamos en el infierno… pero sepa Sr. Presidente que ni el
movimiento ni yo – los aplausos lo obligaron a repetir – Ni yo…
permitiremos que Ud. juegue con el futuro del pueblo!”
El ulular de las sirenas, el
redoblar de los bombos y el ensordecedor “…se siente, se siente…
don Ángel presidente”
seguramente obraron en su
imaginación situándolo como el líder de la oposición.
Luego de aquel emocionante
acto organizó una reunión con las autoridades partidarias de su
pueblo y con aire solemne les dijo acerca de la posibilidad cierta de
la renuncia del Presidente de la Nación y que seguramente, el
estaría en la línea sucesoria directa, evidentemente sus
expresiones causaron una honda impresión entre su inocente auditorio
pues, al día siguiente el sastre del pueblo tenía varios pedidos de
traje con carácter de urgencia porque el día de la asunción
presidencial de don Ángel estaba próximo.
Los días que permaneció el
Senador en su pueblo fueron una verdadera fiesta, la casa partidaria
permanecía abierta día y noche para dar paso a una interminable
masa humana en su afán por saludar y de paso realizar algún pedido
que Ángel pacientemente escuchaba y anotaba en un papel que luego
guardaba en su bolsillo… y con un “quédate tranquila viejita…
ya vamos a ver que podemos hacer” o un “dame tus datos así te
gestiono la pensión”, los curtidos paisanos se despedían sin
antes prometer su voto para “don Ángel Presidente”.
Capítulo 3
“El inter - media –
componedor”
Ángel sabía que sus
declaraciones causarían un impacto
positivo en la nueva corriente
partidaria que se había inaugurado, y el podría ser un referente de
peso en la misma a medida que esta fuese creciendo.
Pero tambien estaba convencido
de que ahora sería mirado con más respeto por quienes no lo habían
considerado en su momento y seguramente querrían llegar a algún
acuerdo con él.
Debía actuar rápido, porque
el conocía mejor que nadie “que el nuevo estilo inaugurado” era
más de lo mismo y pronto se debilitaría hasta extinguirse o sería
copado por jóvenes dirigentes de pasado revolucionario con los
cuales no tenía nada en común.
Llegó a la capital en donde
hizo sus primeras declaraciones públicas diciendo que:
“Su único interés era la
unidad partidaria y el reconocimiento de las autoridades de aquel
distrito” – al cual se le había encomendado la misión de
intervenir y llamar a nuevas elecciones partidarias en un plazo no
mayor a 120 días y agregó que las autoridades partidarias del mayor
distrito del país – “habían sido democráticamente elegidas por
sus bases, y que su función allí, lejos de ser un interventor era
un simple mediador o componedor a efectos de acercar ambas partes”.
Hermenegildo había comenzado
su carrera en un barrio obrero de la Capital, curtido en muchos
conflictos entre la clase obrera y la patronal, era un verdadero
hombre duro y de armas llevar. Su popularidad en el bajo fondo lo
había catapultado al escenario político de su provincia como un
actor principal.
Su tez morena, su cabello
hirsuto, sus ojos oscuros que le daban una mirada penetrante y su
boca, de gruesos labios siempre dispuesta a disparar amenazas
temerarias. Parecía más un matón que un político doctrinario
Tres reuniones privadas con el
máximo referente y discutido dirigente ortodoxo cuya cabeza debía
cortar, fueron suficientes para anunciar públicamente que
“Hermenegildo era una persona común, un excelente padre y esposo y
un gran dirigente” y sobretodo, comprender que había llegado la
hora de alejarse de la nueva posición que recientemente el mismo
hubiese inaugurado. En definitiva los nuevos no le inspiraban
confianza y los viejos eran… viejos conocidos.
Aprovechando la influencia del
caudillo del distrito al que tenía que intervenir, convocó a un
nuevo congreso partidario el que al fin reconocería su trayectoria
galardonándolo con la vice presidencia segunda.
Esto ya era otra cosa…
Senador Nacional y Vicepresidente segundo del movimiento… ahora sí
podría discutir a puertas cerradas porque el ya formaba parte de las
cúpulas… ahora el decidiría quién hablaría y quién sería
acallado por los bombos y silbatinas de las barras bullangueras.
Este era el sitio que le
correspondía, entre los “mariscales” y no entre las bases
discutiendo con jóvenes llenos de ínfulas revolucionarias,
gremialistas desconocidos, y noveles políticos que con la excusa de
la renovación buscaban los primeros asientos del teatro partidario.
Todavía resonaban en su
cabeza las duras palabras de aquel dirigente de la juventud
partidaria cuando le reclamó en medio del congreso su complicidad
con el antiguo régimen militar responsable de 30 mil desaparecidos…
-“Políticos carcamanes como
usted no pueden tener hoy participación en la renovación partidaria
porque han sido colaboradores del proceso militar responsable de los
30 mil compañeros desaparecidos… su lugar, compañero, esta dentro
de la ortodoxia”.
- “Mocoso insolente –
pensó Ángel – decirnos eso a nosotros,… nosotros que hemos
cuidado el movimiento durante los 17 años de exilio de nuestro
líder”. Lo pensó… pero el Congreso no era el lugar para
polemizar con aquellos jóvenes que añoraban la “patria
socialista”.
Cada proyección de Ángel era
festejada en su pueblo con una algarabía sin par pero no tenía
mayor trascendencia ni siquiera en el orden provincial. A veces algún
diario hacía alguna alusión general sobre el desempeño del
Senador. Por su parte, la más íntima allegada, buscaba
frenéticamente el renglón que lo mencionase para recortarlo y
prolijamente ir haciendo con ellos una carpeta; a la vez que Ángel
le enviaba todos los Diarios de Sesiones con una identificación en
las páginas en las que él figuraba.
Cierta vez organizaron un
curso de dirigentes en la sede partidaria de su pueblo, y el mismo
constaba de una primer parte que consistía en la lectura de aquellos
viejos libros del creador de la Constitución – de los que se valía
Ángel para redactar sus discursos – y luego de una prolija lectura
y análisis de aquellas notas que eran recompiladas por su más
estrecha colaboradora de su pueblo.
El curso recibió el pomposo
nombre de “Aprendiendo el arte de la política con don Ángel”, y
hasta hubo algunos “egresados” del mismo que al poco tiempo
consideraron que las enseñanzas allí aprendidas los habilitaban
para crear sus propios gentilicios. Y así fue como le surgieron
algunas ramas no deseadas dentro de su estructura local que sirvieron
solo para que a través de ellas se tejiesen algunas telas de araña
por las que se descolgasen algunos celos pueblerinos.
Susana vivía con su familia
en una humilde casa de barrio que le había sido adjudicada por la
gestión de Ángel y en agradecimiento, el día que se mudaron a su
nuevo hogar, el padre de Susana lo invitó a un almuerzo.
En aquella reunión Ángel
quedó impactado por la fresca y juvenil hermosura de la hija de su
anfitrión y a partir de ese día, siempre encontró alguna excusa
para visitarla hasta que un día le confesó su amor.
Las necesidades económicas de
Susana eran superiores a sus angustias amorosas, y entre el presente
que le ofrecía German – su novio del barrio, chico muy bueno pero
sin futuro – y las posibilidades con un político importante, no lo
dudó… y mucho menos su madre quien se mostró muy agradecida con
“don Ángel” por haberse fijado en “la Susana”.
Cuando la vieron marcharse
rumbo a la Capital no faltaron en el barrio el típico chismorreo de
vecinas envidiosas que con escoba en mano disparaban toda clase de
disparates sobre Susana.
“¿Se enteró vecina?,… la
Susana…esa chirusa… se fue a la Capital como asesora de don
Ángel…”
“¿Asesora?... ¿asesora de
que?... sino tiene ni el jardín infante hecho… para eso la hubiese
llevado a la mía que hizo un curso de computación”- respondía
doña Eulalia mientras que con furia barría la calle.
“Y si – terció una
tercera que estaba acomodando una mesita para tomar unos mates en la
vereda – como para que no la lleve… don Ángel esta enamorado de
ella… yo los vi muchas veces cuando el de noche la venía a
buscar.”
En tanto Susana iba
despidiéndose para siempre de aquel mundo chato y pueblerino e
ilusionándose con la nueva vida que la aguardaba en la Capital.
Capítulo 4
“Llevo esta noche en mis
oídos…”
El Dr. Ortiz, era un hombre
más bien bajo, de tez cobriza característica de los hombres de
tierra adentro, de hablar pausado y afecto a las frases ampulosas.
Sus inicios en el movimiento
databan de la misma época en la que había ingresado Ángel, pero su
carrera dentro del partido no había sido la misma, los orígenes
familiares y la formación universitaria habían hecho la diferencia.
Existía entre ellos una
amistad fundada en algunas colaboraciones políticas propias de la
vecindad y algunas relaciones comunes tales como la de la viuda
Alicia La Coste de Fortes y su yerno, el que, por un pedido de ella,
y a pesar de no pertenecer a la provincia del Dr. Ortiz fue nominado
Senador Nacional por la misma. El operativo había resultado ser muy
simple, fijó su domicilio en un pueblo fronterizo en el que Ángel
tenía mucha influencia, un jefe de Registro Civil dispuesto a
confundir por 2 años la fecha del trámite y el Dr. Coria ya estaba
habilitado para ser electo Senador… el resto corrió por cuenta del
Dr. Ortiz.
Cierta vez un periodista le
preguntó a Coria acerca de Loro Huasi, el pueblo en el que se
suponía provenía su candidatura, y este le respondió…“muy
lindo… muy lindo y pujante”. (En la actualidad Loro Huasi tiene
300 habitantes, un Registro Civil y el boliche de los Gomez).
El nuevo período legislativo
había comenzado, luego de 7 años de inactividad parlamentaria; el
Congreso cobró vida y el bloque del movimiento nominó al Dr. Ortiz
como presidente y a Ángel como tesorero del mismo.
Las dependencias que le habían
sido asignadas constaban de una antesala de recepción en la que se
destacaba un mullido sillón de cuero y una mesita ratona, esta se
continuaba con una oficina con tres escritorios que eran ocupados por
sus secretarias y asesores separada a su vez, por una elegante puerta
del despacho de Ángel. Este era amplio y tenía una ventana desde la
que se podía ver la plaza. La decoración era austera y se
destacaban dos fotos, una del líder del movimiento montado sobre un
pintoresco caballo, y otra de su esposa pronunciando un discurso
desde el balcón de la Casa de Gobierno, ambas fotos estaban
rubricadas, y Ángel se jactaba diciendo que eran obsequios que
personalmente le había hecho en ocasión que lo visitara cuando este
estuvo exiliado.
Sobre el escritorio de roble
descansaban un tintero y una estilográfica bañada en oro, algunas
carpetas conteniendo expedientes y dos banderitas, una de su patria y
otra de la patria de sus padres y un pequeño busto del líder con
una gorra militar. Y sobre una repisa, los libros del creador de la
Constitución Nacional a los que Ángel recurría cada vez que le
tocaba preparar un discurso.
En el recinto deliberativo, el
octavo escaño le correspondía a Ángel.
Los siete años de
interrupción constitucional se habían caracterizado en lo económico
por una política monetaria que puso en serio riesgo el aparato
productivo nacional. Sin embargo el vasto plan de obra pública
desarrollado por aquel gobierno surgido de un golpe militar, había
beneficiado a la fábrica en la que Ángel comenzó su carrera.
Ángel había aprovechado su
función gremial, en sus tiempos de empleado en la fábrica, para
trabar una amistad con el dueño de la misma y su esposa, amistad que
perduró y de la que ambos se beneficiarían.
En lo político, aquellos años
no fueron buenos para el movimiento el que sufrió cuantiosas bajas
de afiliados que “desaparecieron.”
Cuando se recuperó la
democracia, se respiraba en la sociedad un marcado aire antimilitar.
Sin embargo la vieja
dirigencia ortodoxa se sentía más segura con los militares que con
aquellas bandas de “zurdos” que proponían la “Patria
Socialista” y en cuanto a los desaparecidos durante el Proceso
Militar, eran esos “jóvenes imberbes” que el líder había
corrido de la Plaza.
Sin embargo no era aconsejable
todavía tomar partido porque por un lado existía ese sentimiento de
repulsa popular contra el antiguo régimen, pero por otro lado la
democracia recientemente obtenida se presentaba muy frágil y
condicionada por las FF. AA.
De cualquier manera había
cosas más urgentes a las cuales abocarse.
El movimiento no lograba
recuperarse de la reciente derrota electoral. Las divisiones internas
eran bien aprovechadas por el partido gobernante el que les enviaba
señales a todos los dirigentes del movimiento para aumentar el
desconcierto y la desconfianza interna.
La única respuesta a aquel
gobierno que gozaba con la simpatía de la mayoría de la sociedad
era dificultarle los márgenes de maniobra y esta era la tarea
política que la oposición se había asignado y Ángel como senador
opositor debía ser uno de los ejecutores de esa tarea.
Y se puso manos a la obra sin
descuidar por supuesto, el fino tejido que venía realizando para
seguir ascendiendo en la estructura partidaria.
Recostado en el mullido sillón
de su despacho, se aflojó el nudo de la corbata y prendió un
cigarrillo… las volutas de humo ascendían lentamente y conformaban
extrañas figuras en la penumbra de aquella habitación… Ángel las
observaba y se le ocurrían personas… primero una, luego otra y
otra más hasta transformarse en multitudes que colmaban una inmensa
avenida. El humo iba ejerciendo un efecto hipnótico sobre su mente.
Soñaba despierto.
“He llegado hasta aquí, los
últimos 800 metros del ascenso son los más difíciles, los que
presentan mayor grado de dificultad… pero allí en la cima me
espera la presidencia del movimiento y con seguridad la de la
Nación”.
Entrecerró los ojos y se vio
aclamado por un Congreso partidario multitudinario… allí estaban
todos, ortodoxos, renovadores, ultraderecha… la izquierda
revolucionaria… todos vitoreando su nombre y pidiéndole que
aceptase la candidatura para la Presidencia de la Nación para la
elección de 1989.
Luego su imaginación lo
transportaba a un acto de cierre de campaña… el escenario
iluminado “a giorno” y detrás una pantalla gigante que
proyectaba su imagen con los brazos extendidos.
Ángel cerraba la lista de
oradores, y cuando llegó el momento para su discurso una multitud…
300 mil o 400 mil personas que se asemejaba a una masa informe en la
que las formas humanas eran imposibles de distinguir. Sus sentidos
parecían nublarse ante aquel espectáculo, el ruido era
ensordecedor… banderas y pancartas se agitaban siguiendo el ritmo
de una marcha partidaria.
…“Llevo esta noche en mis
oídos la música más maravillosa que es la música de la voz de mi
pueblo”…
Y una muchedumbre en la que
resultaba imposible distinguir una forma humana, inconmensurable,
magnífica de la que surgía como una sola voz potente, estridente,
como queriendo que su canto fuese escuchado en toda la orbe… “Se
siente,… se siente… Ángel Presidente”.
Capítulo 5
“Momento de decepción”
La actividad parlamentaria era
febril y los temas que se trataban en el recinto eran motivo de
discusiones callejeras… el partido gobernante obligaba
permanentemente a la oposición a fijar posiciones y esta era una
situación complicada ya que el movimiento representaba un amplio
espectro del pensamiento, pero el Dr. Ortiz, avezado político y
presidente del bloque de Senadores del movimiento controlaba las
expresiones y dichos de sus compañeros de bancada para evitar
contradicciones que debilitasen al movimiento y esta situación
molestaba a Ángel porque en su pueblo nadie se había atrevido nunca
a indicarle que hacer o que decir, salvo aquel periodista local que
terminó brindando un año nuevo en el calabozo por “desacato”.
“Y ahora este Ortiz me viene
a decir a mi que puedo decir y que no” – y agregó con desden –
“que se vaya a cagar, yo voy a decir lo que se me cante”.
La deuda externa era una
herencia que había crecido hasta transformarse en un agobio no solo
para el país sino para otros países del continente. El Poder
Ejecutivo Nacional había fracasado en su intento de liderar un “club
de deudores” y se disponía a ingresar dentro de un plan de dudosos
resultados.
La complejidad de la cuestión
económica era solo entendida por economistas, pero Ángel no perdía
oportunidad de pararse frente a algún micrófono para opinar sobre
el tema… y así era como un día declaraba que…
“el país debía cumplir
con los compromisos asumidos porque de no ser así no tendremos
acceso al crédito internacional y no podremos importar ni una
aspirina”, y al día siguiente decía “no debemos pagar esta
deuda usuraria… los países poderosos del mundo temblarán con
nuestra decisión”.
A raíz del tema de la deuda
externa, el bloque de legisladores del movimiento llamó a una
conferencia de prensa, y Ángel, se creía lo suficientemente
esclarecido como para ser el interlocutor obligado del periodismo que
se había dado cita para conocer la posición del movimiento sobre
aquel tema.
Había cambiado su corbata de
seda por un moño rojo que contrastaba con su impecable traje blanco
y zapatos al tono.
Se imaginaba ya sentado en el
medio de la mesa flanqueado por un par de primeras figuras
partidarias y siendo el emisor del mensaje y el único receptor de
las preguntas de la prensa.
Y aunque le había costado,
había aprendido luego de repetir toda una noche, a pronunciar tres o
cuatro palabras en inglés que demostrarían que no solo era un
experto en temas económicos sino que además tenía un fluido manejo
de aquel idioma.
Pero grande fue su decepción
cuando quedó relegado a un extremo de la mesa y no tuvo la mínima
atención de parte de los periodistas presentes, salió entonces del
recinto mascullando por lo bajo en contra el Dr. Ortiz quien
capitalizó todas las cámaras, micrófonos y flashes.
Ángel no pudo disimular su
estado de ánimo en ese momento, su tez cobriza se confundió con el
color de su moño y antes de que terminase la conferencia de prensa
se fue dando un portazo y mascullando…“No me importa un carajo
que este sea el doctor… entramos juntos al partido y el líder
nunca nos dijo: vos que sos doctor tenés mas derecho que este que
tiene segundo grado”. Fue ese el momento en que tuvo la intima
percepción que el título o la demostración de fuerza eran
cuestiones importante en el movimiento, y eso ya lo había notado en
los dos últimos congresos partidarios. Pero enseguida se recompuso y
pensó para sus adentros… “Hermenegildo no tiene ni segundo grado
y es máximo dirigente del movimiento en la provincia más grande del
país” y agregó a sus pensamientos…
“ese es como yo,… ya van a
ver estos doctores cajetillas”.
Con motivo del festejo de
cumpleaños de la hija de Alicia La Coste viuda de Fortes, se ofreció
una fiesta en la lujosa mansión que ocupaba con su marido el Senador
Coria.
La nómina de invitados reunía
los personajes más selectos del mundo de la política y la
farándula, y por supuesto, allí estaba Ángel,… “Angelito”
como le gustaba llamarlo la viuda. El champagne importado y el caviar
negro traído del Mediterráneo, era ofrecido por los mozos en el
fastuoso parque de la mansión, una orquesta en la que se destacaban
los violines amenizaban las informales charlas.
“Seguro la conoces Angelito,
es Raquel, modelo top de las pasarelas de Europa”, le decía Alicia
a Ángel mientras le presentaba a Raquel.
“Ven, ven… te voy a
presentar al Embajador de Kenia… es un divino… además su
presidente es un gran cliente de nuestra fábrica”, y así la madre
de la anfitriona recorrió todo el parque del brazo de Ángel.
A los promediando la fiesta el
yerno de la viuda de Fortes pidió la palabra y se dirigió al
público agradeciendo la presencia de todos allí y “sobretodo la
de Angelito, un entrañable amigo de la familia y defensor de los
nobles intereses de la industria nacional. Industria que siempre, tal
era el caso de la fábrica hoy propiedad de Alicia, había bregado
por el engrandecimiento de la Patria dejando de lado mezquinas
apetencias… y aunque muchas veces como hoy le toquen los tiempos
difíciles y la incomprensión de un gobierno”. Y concluyó
proponiendo un brindis en honor a la homenajeada y por supuesto otro
para el “Senador Nacional… Sr. Ángel”, Ángel levantó su copa
y pensó que “Dr. Ángel” no hubiera sonado mal.
Aquel discurso del Senador
Coria llevaba implícito un pedido y Ángel, aunque no sabía de que
se trataba aún tomo la palabra y se refirió de esta forma:
“Cierto es que soy un
entrañable amigo de esta familia, y siento esa fábrica como mía…
por lo que tenga Alicia, usted la plena, absoluta y total seguridad
que esta banca que hoy ostento esta a vuestra entera disposición”.
Claro que el pedido que le
hiciera luego la viuda a través de su yerno, excedía y en mucho la
posibilidad de aquella banca.
Capítulo 6
“Adiós a la renovación”
-“¿Adonde lo llevo
Senador?”- preguntó el chofer.
-“Dejate de joder con eso de
senador, decime don Ángel… llevame al departamento”.
- “¿A cual don Ángel?, ¿al
suyo el de la torre Good Life o al de Susana?”
La torre Good Life era un
imponente edificio recientemente inaugurado en la zona de las
embajadas. Ángel había adquirido allí un departamento de 110
metros cuadrados en el décimo quinto piso. Desde el amplio balcón
que daba a la avenida, podía ver el río que de noche se le ocurría
como un inmenso cielo tachonado de ciento de pequeñas estrellas que
no eran más que la iluminación de las embarcaciones que lo
surcaban.
Y casi en forma inaudible le
dijo que lo llevase al suyo.
El auto se detuvo frente a la
amplia cochera y el chofer accionando el control remoto hizo que se
abriese y luego acompaño a Ángel hasta la puerta del piso que
ocupaba en la lujosa torre para cerciorarse de que el Senador entrase
sin problemas a su departamento.
Se recostó sobre el mullido
sillón, se sirvió un whisky on the rock mientras que con un dedo
hacía girar los dos cubos de hielo se preguntó porque esto le
estaba costando tanto. Recordó sus inicios. “Si hasta me rogaron
para que sea diputado provincial”.
“Y cuando fui diputado
nacional… cada vez que volvía el pueblo entero iba a mi encuentro…
que doctor ni que doctor, recuerdo cuando me preguntaron porque hacía
esperar a los jueces en la puerta de mi casa… ¿porque?, porque por
esa calle pasaba todo el mundo y al verlos plantados ahí,
esperándome, el pueblo sabía quien mandaba.”
“… Luís, pobre estúpido
– evocó – se creía que desde ese pasquín me haría algún daño
denunciando lo del banco…
… poco me costó hacerlo
brindar con agua en un calabozo ese año nuevo…”
Y con estas cavilaciones se
quedó dormido hasta que sonó el teléfono.
Era la secretaria privada de
Hermenegildo comunicándole que su jefe lo invitaba esa noche a cenar
en un lujoso comedor en la zona del río.
A las 21 hs. llegó Ángel al
encuentro, un maître lo guió hasta la mesa reservada y casi
inmediatamente llegó Hermenegildo con dos hermosas mujeres y
flanqueado por tres hombres vestidos de traje pero con aspecto rudo
que ocuparon la mesa contigua.
Ángel no pudo contener su
habitual curiosidad y luego de algunos rodeos le preguntó por
aquellos hombres, porque siendo el Senador tenía la custodia
ocasional solamente de su chofer.
“Sabés Ángel… yo soy muy
importante en la política, además tengo ciertos negocios en los
cuales es mejor andar acompañado.”
Tiene razón – pensó Ángel
– yo tambien debería tener un par de guardaespaldas.
La cena transcurrió entre
conversaciones banales, champagne importado y ciertas miradas
cómplices que cruzaron Ángel y una de las señoritas.
Al final de la noche
Hermenegildo le pidió a Ángel que mantuviesen una reunión en
privado, a lo que el senador aceptó fijando la fecha para la semana
próxima.
A la mañana siguiente se
despertó temprano como lo había hecho siempre, llamó a su chofer y
pidió que lo llevase al Congreso. Tenía reunión de bloque.
Uno a uno fueron llegando los
legisladores y ocuparon todas las sillas alrededor de la amplia mesa
del despacho del senador de la provincia vecina a la de Ángel. En
realidad no hubo discusión, sino más bien un monólogo por parte
del Dr. Ortiz, el que expuso la necesidad de ofrecer el mayor grado
de dificultad parlamentaria a aquel gobierno que esta “haciendo el
gran negocio con nuestras peleas internas”. Y prosiguió… “en
cuanto a vos Ángel, no te olvides que sos el interventor del partido
en el distrito mas importante del país…” agregando con mayor
énfasis… “¡Interventor… ni mediador ni componedor…
interventor!”
Ángel se acomodó su moño,
carraspeó y contestó con un tono grave y discursivo…
“El movimiento requiere de
la unidad de todos los sectores, eso es lo que quería nuestro líder…
ese es el único camino posible a la victoria de cara a las
elecciones legislativas del próximo año… parece Senador que
usted, al igual que ese insignificante gobernador de ridículas
patillas y ese joven doctorcito de marcado acento cordobés no tienen
claros los conceptos de nuestro líder…” y como si esto fuese
poco le espetó… “¿de que nuevo estilo me hablan? Si siguen
decidiendo a puertas cerradas… ¿elecciones internas?... bueno,
Hermenegildo fue votado por unanimidad y en cambio el vicepresidente
primero electo del congreso que hicimos en febrero, perdió las
internas de su provincia con un desconocido”.
Y diciendo esto se fue dando
un portazo.
El Dr. Ortiz, dio por
terminada la reunión y se abocó a estudiar el tema de la cuestión
limítrofe aún no dirimida con un país vecino. El debate con el
canciller sería dentro de poco y no sería una tarea fácil.
Mientras tanto Ángel les
pidió a sus secretarias que lo comunicasen con Hermenegildo.
Adelantaría la fecha de la reunión.
- “Hermenegildo”- con tono
casi paternal – “tu estilo de hacer política es un tanto molesto
para algunos compañeros, es por eso que se decidió la intervención
de tu distrito, personalmente creo que es una medida injusta, pero
debes tratar de atemperar tus modos”.
Hermenegildo se acomodó en el
sillón, se desabrochó el saco y casi como en un descuido dejó ver
la voluminosa culata de una pistola que asomaba por la sobaquera,
frunció su ceño e intentó una sonrisa con sus gruesos labios…
pero el tono de su voz denotaba su verdadero estado de ánimo , y
dijo… “¿Qué cambie mi estilo?, ¿Qué le diga a mis
muchachos que guarden los fierros?, ¿acá en el distrito mas grande
del país?...
Y aunque quiso completar su
frase con un… ¿pero que te pensás viejo de mierda?, ¡Acá hay
que quemar cajones de muertos en los actos, pero con viejos como vos
metidos adentro!... “sinmigo” no hay partido en el distrito”,
se abstuvo de hacerlo, aunque
Ángel percibió el rictus de aquel rostro e intuyó lo que “su
amigo” calló.
Hermenegildo lo necesitaba ya
que era su único apoyo en el Senado Nacional, y por su parte Ángel
no podía darse el lujo de perder ese único aliado que había hecho
dentro de los “pesos pesados” del partido. Luego de aquel tenso
momento, el caudillo del distrito más importante del país se serenó
y con un tono más suave ensayo una explicación que trataba de
justificar aquellos modos…
“Don Ángel”… le dijo…
“este gobierno esta copado por los comunistas… un grupo de amigos
bien informados me ha contado que el presidente va a renunciar…
tenemos que estar preparados para cuando llegue ese momento, la
semana que viene viajaremos a Paraguay a visitar un amigo… me
gustaría que nos acompañe”.
Ángel aceptó sin reparos la
invitación y por su mente pasó una imagen. Se veía ya sentado en
el sillón presidencial y un pueblo que vitoreaba su nombre.
Capítulo 7
“Recuperando las Islas”
Habían pasado ya dos años
desde aquel enfrentamiento bélico con una potencia extranjera y las
relaciones diplomáticas se encontraban interrumpidas desde entonces.
Una comisión bicameral fue
invitada por sus pares de aquel país, para que en un diálogo
oficioso, (ya que los parlamentarios no representan a los gobiernos
sino a los pueblos) se conocieran las posturas actuales de ambos
países sobre el conflicto armado mantenido años atrás.
El encuentro se realizaría en
un país del Viejo Continente.
La conformación de la
comitiva le fue encomendada al yerno de la viuda de Fortes, el
senador Coria. Por expreso pedido de la Sra. Alicia, Ángel fue
incluido en la delegación parlamentaria.
La invitación no era casual y
serviría para que ambos senadores charlasen acerca de ciertas
inquietudes empresariales de la viuda, ahora dueña de la fábrica.
Antes de partir, el Senador
visitó su pueblo y aprovechó la oportunidad para referirse sobre el
tema a una radio local…
“Importante misión me ha
sido asignada, tengo la plena seguridad que lograré convencer a la
Ministra de esa potencia de que nuestros reclamos por la soberanía
son legítimos y de seguro ella lo entenderá así. Puede Ud. Sr.
Periodista afirmar a su audiencia que a mi regreso traeré en mis
manos la devolución de lo que injustamente nos fue arrebatado.”
El vuelo arribó a la hora
prevista, un grupo de parlamentarios anfitriones esperaba a los
viajeros, luego de los saludos formales se instalaron en el lujoso
hotel Les Continents.
La reunión se le ocurrió
amena a Ángel, hasta con algunos momentos humorísticos pues todos
reían, y el, sin saber el motivo tambien lo hacía, aunque
permaneció en silencio durante todo el desarrollo del encuentro.
Al finalizar la misma y luego
de las despedidas Ángel les preguntó a sus compañeros sobre el
diálogo mantenido, pues el no pronunciaba ni una palabra de ese tan
raro idioma.
Esa noche tuvo un sueño, y a
la mañana siguiente cuando despertó se dijo a si mismo… “es
posible Ángel, eso es posible”…
Hubo dos reuniones más con
aquellos parlamentarios, pero el senador, excusándose por una
dolencia que lo aquejaba, faltó a ambas y aprovechó el tiempo para
visitar algunas tiendas exclusivas y realizar algunas compras. Finos
perfumes y lujuriosa lencería, pagados con los gastos reservados,
entre otras cosas, constituían el equipaje de regreso, el que por
supuesto, por tratarse de valijas diplomáticas sortearían los
controles aduaneros.
Imaginaba ya Ángel a Susana
con aquellas prendas íntimas y el perfume sobre su piel.
En el vuelo de regreso, el Dr.
Coria le expresó el perjuicio económico que le estaba causando a la
Sra. Alicia la negativa del gobernador a “facilitar” el
desarrollo de la fábrica, que por tal motivo tendrían que migrar a
la provincia vecina que ofrecía un trato más benévolo o en su
defecto… mover los límites provinciales más al este. Ángel
escuchó con atención y rápidamente pasaron por su cabeza tres
ideas… la primera sería convencer al gobernador de su provincia,
algo difícil pues lo conocía de sobra y sabía que no daría marcha
atrás en su decisión con respecto a la situación impositiva. La
segunda opción era la de los límites… podría ser, en definitiva
esos límites nunca habían sido muy claros. Y la tercera se
relacionaba con el sueño que había tenido la noche anterior… “yo
podría ser el gobernador de mi provincia”… y dijo en vos alta…
“¿Por qué no?”. “De cualquier manera – se dijo a sí mismo
– por ahora es mejor que mantenga esto en silencio”.
Al regresar se sintió algo
afiebrado y con una sensación de escozor debajo de la cintura…
“otra vez la culebrilla, voy a volver al pueblo este fin de semana
para visitar a la curandera”.
Aprovechando el regreso al
pueblo, en donde fue recibido con algarabía como era ya costumbre
pues traía numerosos subsidios y pensiones que repartía
generosamente entre los suyos, concertó una cita con el gobernador.
El próximo año habría
elecciones legislativas, quizás al gobernador no le disgustaría la
idea de una diputacía, la gobernación quedaría a buen recaudo en
manos de Ángel, se solucionaría el problema de la fábrica sin
necesidad de mover los límites… “Si voy a hablar con el
gobernador”.
A la mañana siguiente,
sintiéndose mejor por el tratamiento que le diera la curandera, se
levantó temprano como todas las mañanas, se puso el traje gris que
había comprado en su viaje al viejo continente, un moño negro y
zapatos tambien de color negro, leyó el diario mientras desayunaba y
una noticia lo alegró… el gobernador no descartaba la idea de
lanzarse como candidato a diputado nacional… y pensó… “¿Después
de el quien si no yo para gobernador?”. Entonces llamó a su amigo,
el Senador, Dr. Coria de y le dijo que le trasmitiese a la Sra.
Alicia que el “problemita” estaba en vías de franca solución…
pero antes era preciso fijar un monto para financiar la campaña del
gobernador.
Luego habló por teléfono con
la máxima autoridad provincial alentando la intención política que
había leído en el diario… y luego escuchó la voz grave del
gobernador diciendo:… “Ángel… vos sabés lo que yo siento por
mi provincia, creo que ha llegado la hora de que mi voz se escuche en
los mas altos recintos legislativos, porque creo tener la suficiente
autoridad moral para que los justos reclamos encuentren eco en esos
oídos insensibles que marginan desde antaño a nuestra provincia sin
siquiera considerar los servicios que los hijos de esta tierra le
brindaron a la patria naciente… bla…bla…bla”
El Senador tragó saliva y
estuvo a punto de contestarle pero si lo hacía seguramente aventaría
toda posibilidad de sucederlo en la gobernación y solo se limitó a
decirle… “Sr. Gobernador, Ud. sabe mas que nadie que cuenta con
un amigo para lo que necesite… y no se preocupe por mi
departamento, yo solventaré en el los gastos que demande la campaña
y trabajaremos a destajo para que Ud. arribe a esa meta que se ha
propuesto no para lucimiento propio sino para el bienestar de nuestra
amada provincia”.
Dicho esto, el gobernador lo
invitó a la Casa de Gobierno antes de que volviese a la Capital.
Antes de emprender el retorno
recordó a los guardaespaldas de Hermenegildo y se propuso llevar los
suyos.
Busco entre sus seguidores
locales a los dos mas corpulentos, Moncho y Veya, les hizo
confeccionar unos trajes con el sastre del pueblo y les compró gafas
oscuras, y los llevo con el a la capital.
Capítulo 8
“La reestructuración
partidaria”
El partido gobernante iba
perdiendo el entusiasmo inicial que había despertado en el pueblo,
pero esto no era capitalizado por el movimiento que seguía inmerso
en una lucha intestina por el poder partidario que parecía no tener
fin.
La fecha fijada para las
próximas elecciones legislativas se aproximaba y con ella la
oportunidad de retomar la senda del triunfo en las urnas. Al menos
así lo veía el Senador Ortiz, el que a pesar de no haber salido
bien librado de aquel debate televisivo con el Canciller, mantenía
su olfato adiestrado en mas de 40 años de transitar por la política.
La reunión tenía carácter
de ultra secreta y se realizó en un campo que poseía el líder
sindical ortodoxo.
Primero llegó el Dr. Ortiz y
casi inmediatamente lo hizo Hermenegildo acompañado como siempre por
tres hombres vestidos de trajes negros y oscuros anteojos.
El Dr. Ortiz en su rebuscado
lenguaje hizo un análisis político de la situación, y agregó…
“Es posible que ganemos la gobernación de la provincia mas grande
del país, pero ese no es nuestro hombre… el nuestro surgirá de
una provincia pobre.”
Hermenegildo se levantó de su
asiento y vio por el amplio ventanal como un peón vareaba un hermoso
potrillo y dirigiéndose al dueño de casa le preguntó… “¿Cuándo
debuta este?, a lo que el turco contestó… “en el próximo
clásico de potrillos, este es hijo de Stand By.”
Ese diálogo entre
Hermenegildo y el anfitrión pusieron de mal humor al Senador Ortiz,
quien perdiendo su habitual compostura casi les gritó…
“¡Pelotudos, sino reaccionan, Uds. le van a varear los caballos al
próximo Presidente que se viene y que será de nuestro partido!”
Esas palabras tuvieron un
efecto casi inmediato sobre los interlocutores quienes rápidamente
captaron el mensaje y se comprometieron, aunque sin antes realizar
algunas peticiones, a apoyar al Dr. Ortiz en este nuevo intento de
reagrupar las filas partidarias.
Ya despidiéndose… el turco
le dijo casi al oído a Hermenegildo… “tengo la sensación que
pronto voy a comprar la mejor sangre importada para arrasar el Gran
Premio Nacional”.
De regreso a la Capital, el
Senador se enteró por boca de un mozo que casualmente había servido
el café en aquella reunión.
“Lo felicito Senador… a
Ud. lo han propuesto en la nueva reestructuración partidaria como
Secretario de Asuntos de las Provincias del Sur”.
Al principio Ángel no dio
crédito y le pareció una broma de mal gusto por parte de aquel
mozo, pero luego de meditar un instante se dijo… “He estado
ausente diez dias… tengo que informarme que ha ocurrido aquí en
ese tiempo”.
Le pidió a una de sus
secretarias que lo contactase con Hermenegildo… pero fue inútil,
había viajado a visitar a un amigo que pedía asilo político en
Paraguay. Solicitó luego que lo comunicasen con urgencia con el Dr.
Ortiz.
Ángel, ganado por la
impaciencia caminaba alrededor de su despacho hasta que su secretaria
le avisó que el Dr. Ortiz estaba al teléfono.
Sin siquiera saludarlo casi le
gritó… “¿¡Que reuniones andas haciendo!?”… ¿Qué es eso
de la Secretaria de Asuntos de las Provincias del Sur?...
Y el Senador Ortiz le contestó
pausadamente… “En el proyecto que se viene su participación es
menos que secundaria… o lo toma o lo deja”… y le colgó el tubo
sin mas explicaciones.
Así pasó una semana de llena
de incertidumbre. Ángel no podía concentrarse, tejía una y mil
hipótesis… se preguntaba “¿reestructuración partidaria?”,
“¿secretario de asuntos de las provincias del sur?”,
“¿Hermenegildo, Ortiz y el turco juntos?”… y repetía en voz
alta… “estos se traen algo… estos se traen algo”, y Susana ya
desvelada por el insomnio de Ángel apoyaba la cabeza de este sobre
sus pechos desnudos y trataba de consolarlo como a un niño asustado
y así abrazados tiernamente los sorprendió las primeras luces del
alba que se fueron filtrando a través de las persianas apenas
entornadas.
El ring agudo del teléfono lo
sobresaltó… “Es para vos Ángel… tu sobrino quiere hablar con
vos”… “pasame el teléfono Susana”…“Si… quedáte
tranquilo Cachi… el crédito ya sale… y el otro que sacamos…
si, ese el los 900 mil pesos… por ese no te preocupes… el banco
se liquida y la deuda desaparece”.
“Estas muy tenso amor…
¿Por qué no tomamos una ducha”- le sugirió ella. Y mientras que
el agua tibia recorría ambos cuerpos, Susana con su dulce voz y su
tonada provinciana en vías de extinción, le susurraba al oído…
¿te acordás de Germán?… ese compañero mío de la escuela…esta
acá en la Capital y necesita un trabajo…”y antes de que pudiera
proseguir, Ángel le respondió… “decile que me vea mañana, lo
voy a hacer entrar como ordenanza en el Senado”.
Recién promediando la semana
pudo entrevistarse con el Dr. Ortiz, pero no obtuvo demasiada
información, solo que si había existido un par de reuniones con la
intención de reagrupar al movimiento en vísperas de la próxima
contienda electoral.
Al regresar Hermenegildo pudo
enterarse realmente de todo lo sucedido.
“Hola, Ángel”… la voz
era la de su amigo que había regresado de su viaje… “tenemos que
vernos, ¿Qué tal esta noche en ese comedor exclusivo que te gusta
tanto?
“Esta bien… a las 9 nos
vemos allí”- contestó, tratando de que el tono de su voz no lo
traicionase.
Esta vez dudó entre la
corbata rayada de seda que había o el moño negro con lunares
blancos, y este le pareció más adecuado para esa ocasión.
Como de costumbre, Ángel
llegó con puntualidad, el maître que ya era un viejo conocido lo
guió hasta la mesa y le trajo un martini.
Luego del segundo martini
llegó Hermenegildo pero ahora acompañado por dos señoritas
enfundadas en unos pantalones de cuero y unas finas remeras adheridas
a sus cuerpos, y por detrás de ellos, tres robustos hombres con
anteojos oscuros que se sentaron una mesa mas allá.
Al promediar la cena Ángel le
preguntó por su viaje y Hermenegildo le dijo que había ido a
llevarle algún dinero a un amigo que estaba pasando por una mala
situación y explayándose mas le dijo confidencialmente que se
trataba de un ex diputado acusado de un crimen que había pedido
asilo en aquel país porque se sentía un perseguido político, y
agregó… “Yo tengo códigos y a mis amigos no los dejo solos.
Ángel… agregó como si fuese un comentario casual…estamos
reunificando el partido, y vos no vas a quedar afuera… yo a mis
amigos, como te decía, nunca los dejo solos” y luego de proponer
un brindis, dijo: “estas chicas han venido a divertirse y no ha
hablar de política, llevémoslas a bailar”. Y así lo encontró la
madrugada a Ángel, moño en el bolsillo, camisa arremangada y con
una mujer colgada de su cuello, y como si todo eso fuese poco… por
primera vez acaparaba todos los flashes de la prensa.
Situación incómoda era en la
que se encontraba Ángel. Se venía una discusión parlamentaria muy
delicada… nada mas ni nada menos que la Ley del Divorcio.
Al respecto el Senador tenía
una muy bien fundamentada posición contra la sanción de dicha ley,
es mas, había elevado una nota a la Cancillería pidiendo que se lo
invitase al Papa a disertar en el Congreso con motivo de su próximo
viaje al país, pero ¿Cómo explicar lo de la foto con la modelo
colgada de su cuello?
Poco a poco iría entendiendo
las palabras de Hermenegildo.
Mientras tanto el gobernador,
con los fondos cedidos por la Sra. Alicia Lacosta de Fortes, iba
financiando su campaña para ser electo diputado nacional, aunque le
recordó a Ángel que esos fondos no eran para financiar la campaña
en su departamento, que “como siempre, eso corre por su cuenta
compañero”.
Ángel sabía que la
gobernación tenía un precio, y así como la senaduría le había
costado el valor de cinco camiones nuevos, bien podía poner otros
cinco para que el dedo del gobernador lo señalase a el para
sucederlo.
Capítulo 9
“A mis amigos no los dejo
solos”
“Quedate tranquilo Angelito,
los muchachos se van a encargar de que esas fotos ni se revelen… te
dije que a mis amigos no los dejo solos”, pero agregó con vos mas
baja… “tenés otro problema mas serio, ya vamos a ver como se
soluciona”, y dicho esto cortó.
La reunión del bloque giró
en torno a la posición del movimiento con respecto a la ley que
debía tratarse y al final de la misma un grupo de legisladores pidió
un informe económico… y para sorpresa de Ángel faltaban 2
millones de pesos. Todas las miradas convergieron sobre el. El era el
tesorero, el debía dar las explicaciones sobre el destino de
aquellos fondos. Un largo silencio fue interrumpido por el Dr. Ortiz…
“¿Y Senador, que nos puede decir al respecto?”… Ángel sintió
como el rubor ganaba su rostro, sus manos transpiraban y la boca le
sabía amarga y pastosa… ¿Qué podía explicar si el mismo ni
sabía de la existencia de aquel dinero?... ¿reconocer eso en
público?, ¡jamás!, eso era un suicidio por falta de conocimiento y
responsabilidad. ¿Pero que decir?... y solo se le ocurrió una
salida que al menos le permitiría ganar algo de tiempo… “lo
investigaremos”- dijo – pero era conciente que la separación del
bloque era inminente, y la expulsión del partido era el paso
siguiente.
Esto sería el fin de su
carrera política, llamó a Susana para concertar una cita esa noche
pero solo escuchó en la voz metálica del contestador un escueto
mensaje que le decía… “Por razones familiares, estaré ausente
hasta el lunes”, Ángel dudo un instante pero enseguida se dijo a
si mismo que era posible que no lo recordase y que ella se lo hubiera
dicho antes… y pensó en voz alta… “Pobre Susana… con todos
los líos que tengo últimamente le estoy prestando poca atención”.
Decidió entonces que lo mejor sería pasar la noche en su piso de la
torre Good Life. Llamó a su chofer y le indicó que lo condujera
hasta allí. El tránsito congestionado los demoró, pero a Ángel le
pareció un siglo… tenía la sensación de que a pesar de los
oscuros cristales del vehículo, la gente lo reconocía y que todos
le preguntaban por aquel dinero, no podía concentrarse para
encontrar una explicación a aquel faltante y se preguntaba una y
otra vez… “¿de que 2 millones hablan?... yo nunca maneje ese
dinero, ni sabía de su existencia…” Luego de varios desvíos por
el tumultuoso tránsito y avenidas cortadas por manifestaciones, pudo
por fin llegar a su piso de la torre Good Life y una vez allí se
sirvió un trago y se asomó al balcón de donde dominaba el río, y
nuevamente tuvo esa sensación… desde las embarcaciones le
gritaban… “devolvé los 2 millones” y no pudiendo soportar mas
esa visión cerró las persianas y se derrumbó sobre la cama.
Sollozando por una mezcla de
odio e impotencia trató de pensar… pero le fue imposible, y se
durmió y los viejos fantasmas pueblerinos invadieron su sueño.
De pronto se vio en su pueblo
sirviéndole una bebida gaseosa a un camionero que cargaba
combustible en su estación de servicio, y luego a otro, y a otro, y
así una larga fila de camiones esperando para cargar combustible
mientras se refrescaban con la bebida que el generosamente les
ofrecía, mientras que la competencia no podía despachar ni un litro
de nafta y terminaban vendiéndole a el sus estaciones por un precio
vil.
Luego se vio acompañando a un
amigo que había sido citado por el Interventor de la provincia que
quería ofrecerle el máximo cargo municipal, y como el con una
excusa lo dejaba sentado en una confitería mientras gestionaba el
puesto para sí.
Los primeros rayos del sol
matutino lo despertaron, pero como nunca estaba desconcertado.
“¿2 millones?, yo nunca
supe de esa plata” decía una y otra vez.
Y se le ocurrió acudir a
Hermenegildo.
Le contó lo ocurrido y entre
llantos y juramentos le aseguró que el no sabía nada sobre ese
asunto.
“Ángel… yo me he reunido
con el Dr. Ortiz y con un importante gremialista, nosotros somos los
verdaderos ortodoxos… las reuniones que hemos tenido han sido duras
y cada uno de nosotros puso su precio, el mío fue 2 millones de
pesos”- y luego de un silencio, Ángel dijo… “Y el que lo pagó
fue el hijo de puta de Ortiz,… el se quedó con los fondos y me
cargó a mi el muerto…”
“Así fue” dijo
Hermenegildo, y agregó… “tenemos unos negocios con ese amigo que
visitamos en Paraguay y necesitábamos esa plata”.
“Pero podemos frenar tu
expulsión del partido, y además te ofrecemos ser Secretario de
Asuntos Interprovinciales en las provincias del sur en la nueva
estructura partidaria”… “ahhh… además la familia del
fotógrafo ya esta cobrando un seguro… mis muchachos se encargaron
de todo”, “¿te dije o no te dije que a mis amigos no los dejo
solos?”
Sus locos sueños de presidir
el movimiento y a través de este llegar a ser ungido con la banda y
el bastón presidencial se habían hecho añicos. Las cosas empezaban
a cobrar sentido, el no era más que un mediocre dirigente del
interior profundo, nunca podría domar ese potro indómito que era el
partido que les legara el líder ya muerto… los trucos que había
aprendido en su pueblo eran propios de un aprendiz de mago al lado de
los que realizaban aquellos prestidigitadores profesionales de la
política con los que le tocaba competir en la Capital. Pero si tenía
un poco de suerte, quizás le aguardaría un mejor futuro político
en su provincia. Después de todo allá siempre la buena fortuna le
hacía un guiño… no había perdido una elección en su pueblo en
mas de 40 años, era respetado por todos… e incluso el gobernador
lo necesitaba cada vez que quería entrar a su departamento… “Sí
– se dijo Ángel a si mismo – allá, salvo el gobernador, no hay
nadie por encima mío, y con él puedo llegar a un arreglo.”
“Sr. Senador – lo
interrumpió su secretaria – acá hay una Sra. con dos chicos,
dicen que son de su pueblo y que quieren conocer la Capital”.
“Ahhh, cierto – contestó
Ángel – dale una tarjeta mía y decile que donde la presente podrá
entrar con los gastos a cuenta del bloque, y tambien pedile a mi
chofer que con un auto del Senado los pasee por donde le pidan y por
el tiempo que quieran”. Y luego de esto siguió pensando en la
estrategia del “operativo retorno” como lo bautizó en honor de
un operativo similar que devolvió al líder de su exilio.
“2500 pensiones, remozar el
proyecto del famoso dique, algunos subsidios y algún otro proyecto
serán suficiente por ahora para el operativo” – se decía Ángel
a si mismo – “tambien tengo que hablar con algunos amigos
allegados al gobernador para que influyan sobre el. A esos les voy a
prometer integrarlo a mi futuro gabinete cuando sea gobernador”.
Capítulo 10
“borombombon…Ángel
gobernador”
Mientras tanto las cosas no le
resultaban fáciles al gobierno.
Sus planes económicos
fracasaban uno tras otro, la paciencia del pueblo parecía llegar al
límite, la oposición se iba o reagrupando y mostraba ya signos
vitales… pero lo más grave estaba por llegar. Un serio
planteamiento militar le arrancó al gobierno la promesa de una ley
de difícil sanción.
Los operadores del presidente
se abocaron a la complicada tarea de convencer, no solo a los
parlamentarios oficialistas sino tambien a los de la oposición para
que la ley saliese.
En su despacho Ángel escuchó
atentamente al enviado del Presidente de la Nación que le explicaba
la gravedad de la situación… que esto, de no solucionarse llevaría
al quiebre institucional… que volverían los oscuros años de
tiranía y un montón de predicciones apocalípticas.
Recostándose sobre el sillón
y acomodándose el moño, Ángel dijo… “si esto es sumamente
grave… pero… ¿no tienen quórum propio para sacar la ley?”.
El enviado del presidente bajó
la cabeza y dijo… “dice el presidente que su voto es decisivo”.
“Claro, claro – respondió
Ángel – cuenten con mi voto, es más yo voy a hacer campaña a
favor de la ley… pero imagínese,… ¿Cuánto cuesta el segundo en
televisión?... digamos… voy a necesitar unos 4 millones de pesos…
la continuidad institucional vale mas, dígale al Presidente que
levantaré mi mano a favor de la ley”.
La ansiada ley fue sancionada
y Ángel ya pensaba como invertir los 4 millones de pesos…
gigantografías en toda su provincia con la leyenda “ÁNGEL
GOBERNADOR”… una propaganda televisiva mostrándolo recorriendo
su provincia rancho por rancho tomando un mate con sus sufridos
moradores, acariciando alguna anciana y besando a un niño sucio y
mocoso… prometiendo que todo eso cambiaría cuando el fuese elegido
gobernador. Imaginaba ya la apoteótica caravana que saldría de su
pueblo con rumbo a la Capital provincial para aclamarlo. Cientos,
miles de vehículos embanderados y adornados con afiches mostrando su
rostro sonriente, y en cada pueblo, cada paraje entre su pueblo y la
ciudad capital se irían agregando mas y mas vehículos a la
caravana, no solo autos, camiones y colectivos, sino tambien gente en
moto, en sulki y hasta paisanos a caballos, y casi sin darse cuenta,
instintivamente, como un reflejo, empezó a canturrear…
“borombombon… borombombon…Ángel… gobernador.”
En esas divagaciones estaba
cuando su secretaria lo interrumpió diciéndole que tenía un
llamado del gobernador de su provincia.
Ángel estaba seguro sobre el
motivo del llamado… ya escuchaba la voz grave del primer mandatario
provincial…
“Ángel… te llamo para
comunicarte que he decidido que vos seas mi sucesor en la
gobernación. Este pedido, al cual no puedes negarte, te lo hago
especialmente porque se de tu capacidad y lealtad para con tu
provincia… estoy seguro que serás un excelente gobernador y que
incluso opacaras mi recuerdo en el cariño de todos nuestros
comprovincianos…”
Pero no fue exactamente eso lo
que le dijo el gobernador.
“Ángel… los aportes de la
viuda para mi campaña a Diputado Nacional son insuficientes…
necesito imprimir mis gigantografias para repartir en toda la
provincia, y supongo – agregó – que llenarás tu pueblo con
ellas. Necesito, aparte del aporte que harás vos en tu departamento,
en el cual descarto mi éxito, te decía, necesito 4 millones de
pesos más”. Y agregó lacónicamente – “cuento con eso”.
Ángel tragó saliva y pensó
un insulto a modo de contestación, pero el gobernador no le había
dicho que el no sería el elegido para sucederlo, solo le pidió una
ayuda para dejarle el terreno expedito y contesto con los reflejos
propios de un político que sabe como esconder sus estados de ánimos
a la espera de una mejor oportunidad.
“Como no Sr. Gobernador,
cuente con esa ayuda”.
Tratando de buscar consuelo
Ángel se dijo a si mismo… “habrá nuevas leyes para votar”.
Ángel se sentía cansado. El
trajín partidario y legislativo era ya demasiado para sus nervios y
decidió hacer un viaje a
Europa para justificar una
visita a la “Sra. viuda del líder”, un paseo obligado por el
Vaticano y luego el Medio Oriente para tener una “apreciación
sobre el terreno” del conflicto Palestino – Israelí, y culminar
en China… “quizás podría traer inversores chinos a mi pueblo”
– se ilusionaba. “A Susana le va gustar conocer estos lugares”.
Fueron unas felices vacaciones
para la pareja.
Al retornar no perdió la
oportunidad de llamar a una conferencia de prensa para anunciar los
éxitos de su misión… pero una vez en su pueblo sus declaraciones
a un medio local fueron realmente de un carácter grandioso…
“Como le decía fuera de
aire Sr. Periodista, estuve reunido por mas de dos horas con la
“Sra.” y ella me pidió que aceptase la candidatura a Gobernador
Provincial.”
Y prosiguió – “Tuve la
oportunidad de reunirme con el líder palestino primero y el israelí
después. Se comprometieron conmigo a buscar una salida pacífica al
conflicto”… y el periodista con cara de admiración y orgullo le
dijo… “Usted debería nominarse para el premio Nóbel de la Paz”…
y Ángel sonriendo le respondió… “es posible… es posible.”Y
nuevamente la imaginación de Ángel lo situó esta vez en Oslo…
“He sido honrado con un premio ecuménico y debo confesar que el
pecho henchido de orgullo no refleja mi real satisfacción que es la
de ver hoy dos pueblos que hasta ayer separados por un odio
ancestral, pueden a partir de mi gestión, no solo convivir en paz
sino tambien planear juntos un futuro.”
Y cerrando la entrevista dio
la primicia que en breve “desembarcarían en el pueblo
importantísimos empresarios chinos que deseaban invertir en la
provincia”.
Disimulando el vacío que sus
compañeros de bloque le hacían y alejado de la lucha partidaria por
una herencia que parecía haber encontrado a su único heredero en
aquel “pequeño dirigente de ridículas patillas”, Ángel se
abocó a construir un espacio de poder, pequeño pero espacio al fin.
Esgrimiendo dotes
intelectuales aprendidas de aquellos viejos libros de hojas
amarillentas a los que siempre recurría, llegó a tener una
importante injerencia en la Biblioteca del Congreso de la Nación y
desde allí realizó innumerables nombramientos cuyos beneficiarios
eran familiares y amigos.
Susana, en aquellas noches en
que la pasión daba lugar a los pedidos, con su voz suave le
susurraba al oído mientras que apoyaba su muslo desnudo entre las
piernas, tambien desnudas de Ángel… “¿podrías hacerlo entrar a
Julio en la biblio?”, y una vez pedía por Julio, otra por Alberto
y así una interminable lista. Y Ángel siempre le contestaba lo
mismo…
“decile que me vean así los
acomodo en algún puesto en la biblioteca”.
Capítulo 11
“El fin de don Ángel”
El diario de la provincia
decía en grandes titulares “SENADOR NACIONAL ENTREGARÍA PARTE DEL
TERRITORIO A PROVINCIA LIMÍTROFE”
“Según trascendidos el
Senador Nacional Ángel… estaría negociando la entrega de parte
del territorio provincial para favorecer la situación impositiva de
importante fábrica…”
“¡Mentiras…son todas
mentiras!”… “¡Eso no es cierto!”- exclamó Ángel a viva voz
mientras golpeaba con su puño la mesa de la confitería de la cual
era habitué desde que había arribado a la Capital – y agregó –
“¡esos son chismes del hijo de puta de Ortiz!”
Inmediatamente marcó desde su
celular el número privado del gobernador de su provincia para que
explicarle sobre aquella infamia de la que el no tenía nada que ver.
“Sr. Gobernador… mi
querido amigo, no creerá Usted esas mentiras infames que han
publicado los diarios, esa es obra del Senador Ortiz que quiere
perjudicarme porque sabe que su proyecto expansionista, su loca idea
de quedarse con parte de nuestro territorio provincial, se estrellará
contra la defensa férrea que ejercitaré cuando yo sea gobernador de
la provincia.”
La respuesta del gobernador
fue inmediata, sin rodeos…la voz del gobernador le sonó mas grave
que de costumbre…
“Ángel… yo no puedo poner
mi provincia en manos de quien no confío…Ángel”…agregó el
gobernador… “agradezco la gestión de los fondos que has
conseguido sin los cuales no podría haber llevado adelante mi
campaña, como así tambien te agradezco el valioso aporte en tu
departamento, pero mi decisión esta tomada…El Ingeniero Chávez
será mi sucesor, el será el próximo gobernador ”… y sin
siquiera despedirse, el primer mandatario provincial cortó la
comunicación telefónica.
Ángel, sintió como si sus
piernas abruptamente hubieran sido cercenadas y su cuerpo cayó
pesadamente sobre el mullido sillón de su despacho, su vista,
nublada, percibía los cuadros del líder y de su esposa como figuras
fantasmagóricas que desde la pared parecían burlarse de su trágico
momento.
Pero como siempre que algún
problema lo agobiaba, Ángel buscó el auxilio de Susana y pasó la
noche en el departamento de ella tratando de pensar en una estrategia
para no perder todo.
“Ella es el único ser en la
tierra que me comprende” pensaba mientras contemplaba su silueta
desnuda a través de la mampara del vidrio difuso de la ducha.
“Ella siempre estuvo a mi
lado entregándome su juventud… ¿y que me pide a cambio?, nada…
para ella nada, lo que me pide siempre es para otros, pequeños
favores, algún puesto para algún amigo, gestionar la jubilación de
sus abuelos y de sus padres… ella es el puente entre la gente y
yo.”
Y de pronto se le ocurrió…
“Buena prensa… eso necesito… buena prensa”.
Efectivamente eso era lo que
necesitaba… prensa favorable, y en el bloque al cual pertenecía no
podría nunca acceder siquiera a una nota… y entonces se le ocurrió
la solución. Mandó a buscar con su chofer sus viejos libros y se
pasó la noche redactando su renuncia al bloque que presidía el Dr.
Ortiz, y otra dirigida al Presidente de la Cámara de Senadores
comunicándole su resolución y su decisión de formar un bloque
unipersonal del que él sería Presidente.
Ya vería Ortiz.
“Al
Sr. Presidente de la H.C.S.
Dr. Carlos Burgos
………………………………………………………,
motiva mi decisión de separarme del Bloque al cual pertenezco,
serias e insuperables diferencias ideológicas, por considerar que el
Bloque que preside el Dr. Ortiz ha incurrido en desviaciones
ideológicas de tal magnitud que me hacen poner en duda si realmente
representa el ideario que nos legara nuestro conductor. Pongo en
vuestro conocimiento mi voluntad de crear un bloque unipersonal que
llevará el nombre de nuestro líder y confío que a partir del mismo
nuestro movimiento recuperará su esencia…”
Las elecciones provinciales
para elegir nuevo gobernador y diputados nacionales se habían
realizado con normalidad.
El voto popular había
otorgado el triunfo al Ingeniero Chávez quien era ya el nuevo
gobernador provincial, y el antiguo gobernador era ahora Diputado
Nacional… para Ángel, aquella decisión del gobernador de haber
optado por Chávez y no por el, había sido un duro golpe a sus
aspiraciones, pero sabiendo que su reelección como Senador Nacional
no dependía directamente de el, sino de su buena relación con el
caudillo provincial, instruyó a sus seguidores que votasen por
Chávez, después de todo no había otras estrellas en el firmamento
político en la provincia, entonces lógico era pensar que Ángel
abrigase muchas esperanzas para la reelección de su mandato como
Senador Nacional.
Algunas promesas de
colaboración desde su banca al Ingeniero Chávez, y algunas nuevas
pensiones graciables serían suficiente argumento para una futura
reelección, y si la suerte no le resultaba adversa… un sorteo que
lo beneficiase por otros 6 años… “Senador Nacional hasta 1995…
suena bien” pensó Ángel – y mientras que acariciaba el moño
que adornaba su camisa, se dijo a si mismo… “solo es cuestión de
tiempo para que entiendan que soy el candidato”…
El movimiento poco a poco fue
reorganizándose y todas las corrientes del mismo fueron confluyendo
detrás de “aquel gobernador de ridículas patillas”. Detrás de
él, los ortodoxos con el Senador Ortiz como referente de esa
fracción, el “doctorcito con tonada cordobesa” representando a
la renovación, en fin… todos trataban ahora de congraciarse con el
nuevo conductor, y en la provincia de Ángel varios luchaban codo a
codo para ocupar un espacio en el escenario junto al candidato a
presidente del movimiento.
Ángel, alejado ya de las
internas partidarias había encontrado un poco de calma y disfrutaba
de su nuevo bloque, su única ambición era ahora la reelección por
un nuevo período como Senador Nacional.
Era ya conocido en el
Congreso y todo el personal lo saludaba cordialmente… “¿Cómo le
va don Ángel?... ya le traigo el té con leche y dos tostadas como
siempre Sr. Senador…” todos tenían siempre una palabra para con
él… y el para con ellos… “ehh chango… pareces comprovinciano
como trabajas” – haciendo alusión a alguno poco afecto al
trabajo – o un… “Rosita…quisiera tenerte en mi florero”
dirigiéndose a alguna empleada.
A veces algún reportero de
una pequeña publicación le pedía una declaración y el
solemnemente le comunicaba que pronto se sancionaría su proyecto de
ley sobre la construcción de un dique que solucionaría el problema
de agua de una amplia zona, o que había descubierto un micrófono
oculto pegado con una goma de mascar debajo de su escritorio y que
por ese motivo se filtraba la información secreta de su despacho
legislativo.
Desde su nuevo bloque podía
decidir que decir y que hacer, pues, como se dijo era un bloque
unipersonal. Y cada vez que volvía a su pueblo llevaba consigo
jubilaciones, pensiones, subsidios y promesas de obras producto de
“numerosos proyectos que el había presentado y estaban próximos a
ser aprobados”. Y así transcurrieron los años que le faltaban
para cumplir su mandato, siempre con la certeza de que sería
reelecto como Senador Nacional por su provincia.
Los operadores de esta nueva
conducción se movieron rápidamente para influir sobre a quienes se
debían elegir para conformar las nuevas huestes legislativas.
Y a la provincia de Ángel
llegó el hijo del Dr. Ortiz, a fines de indicarles a los diputados
provinciales quien sería el próximo Senador Nacional, y estos
conforme a las instrucciones nominaron a Pepe Ponce.
Había llegado el fin para
Ángel.
La noticia lo derrumbó.
Sus sueños de ser Presidente
del movimiento, Presidente de la Nación, Gobernador de su provincia,
y por último ser reelecto por un nuevo período como Senador
Nacional se fueron esfumando como volutas de humo en el denso y
complicado Olimpo de los Dioses de la Política, en el que tiene poco
valor la palabra empeñada y en el que la estabilidad depende de las
arteras maniobras que se ponen en juego, en beneficio personal.
Ya no habría más micrófonos,
ni cámaras, ni valijas diplomáticas… ni siquiera Susana, la que
seguramente ahora serviría de puente entre la gente y algún nuevo
Dios.
Cuentan los empleados del
Congreso Nacional que todas las mañanas muy temprano, don Ángel
llega impecablemente vestido con su traje claro y su moño, con
carpetas bajo el brazo conteniendo los más disparatados proyectos y
sus libros del autor de la Constitución Nacional, pero su escaño
ahora lo ocupa otro.
Oscar
Niño
Frias,
noviembre del 2009
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